Equilibrio Alfa Omega

Inconsciente (instinto) – subconsciente (creencias, aprendizaje)-consciente (noción y comprensión del YO y del TODO)

Quienes copian los hábitos característicos del estado de consciencia simulando ser algo que no son, actúan como el “perro que da la patita“, parece que te estuviera saludando pero en realidad no tiene idea de lo que está haciendo sino que sabe que a cambio recibirá un bizcocho un reconocimiento.

El estado de consciencia, el nacimiento del Ser Espiritual Yo Soy, el Cristo, nos permite transmutar el Omega en nosotros, es el despertar del Alfa en nosotros, de lo contrario estaremos atrapados en la condición mecánica animal humana (Omega) y aunque nos comportemos como otra cosa no lograremos salirnos de allí. Por eso es importante deshacernos de todas las creencias que nos hacen parecer ser una cosa que no somos y debemos por fin actuar a consciencia, de manera autentica para lo cual debe existir una completa aceptación de lo que somos e introspección para descubrirnos en la esencia de nosotros mismos.

Vivimos entre dos fuerzas que convergen en nosotros. Ambas naturalezas componen lo que somos y lo que este mundo es. Somos un elemento constitutivo y natural de este mundo. Estas dos fuerzas son las que llamamos Alfa y Omega, una representa la Plena Consciencia que rige todo lo que Es y la otra la plena inconsciencia, lo que sería la contracara. Omega es ausencia plena de Alfa y Alfa es consciencia absoluta.

 

equilibrio 3D

 

En nosotros convergen ambas fueras y determinan nuestra realidad pero, ¿cómo podemos identificar su origen, cómo podemos distinguirlas en lo cotidiano de nuestra vida?

Todos los seres humanos estamos sujetos a un sistema de funcionamiento del cual surgen los comportamientos que nos caracterizan, este mecanismo automático de estímulo – reacción (pues prescinde de nuestra participación deliberada) es lo que llamamos: instinto. El instinto es común a todos los individuos y es la expresión pura de la fuerza Omega en nosotros. El instinto es inconsciencia pues actúa de manera autónoma e independiente de nuestra voluntad. Entonces, podemos decir que la fuerza Omega, la cual representa la ausencia de consciencia, la contracara del Alfa, es el estado de inconsciencia, la “oscuridad” en nosotros y es, precisamente, lo que nos densifica y nos mantiene en esta realidad dimensional.

Por otro lado está el Alfa. El Alfa es la presencia de consciencia es decir, es la noción activa que tenemos de nosotros mismos y de las circunstancias, de lo que nos pasa y del por qué nos pasa lo que nos pasa, es la comprensión del funcionamiento de la realidad, es el discernimiento de las leyes que componen y determinan cada realidad tal como es. El Alfa es conocimiento, es consciencia presente y activa. El Alfa no surge del mecanismo animal humano, del instinto, sino que procede de la condición Espiritual humana, del que somos antes y después de la encarnación en el sujeto humano.

Ambas naturalezas y estados convergen en cada individuo y componen la dualidad, el “dilema existencial”, pues en cada circunstancia de la vida que requiere una decisión será una u otra naturaleza la que asumirá el poder y decidirá qué camino tomar “llevando así harina para su costal”. De acuerdo a qué naturaleza del que somos rige las decisiones que tomamos a diario, entonces así será nuestra realidad cotidiana, más próxima al Omega o al Alfa de acuerdo a qué fuerza de ambas es la que tiene el poder de influir en nuestra vida.

Un ejemplo sencillo para comprender esta convivencia sería el siguiente: el hambre surge del mecanismo animal humano, es un impulso inconsciente, es decir, se activa más allá de nuestra voluntad de alimentarnos o no. Lo que hacemos a partir del hambre es lo que determina la realidad de lo que somos, es lo que nos condena a una realidad tendiente al Omega (involución) o al Alfa (Evolución), dependiendo esto de cuán conscientes seamos en la decisión que tomamos a partir del impulso del hambre.

Si, por ejemplo, cuando sentimos hambre tomamos cualquier cosa de cualquier lugar que esté más cerca sin importar si es nuestro o si nos hace bien y lo único que nos importa es “apagar” la sensación molesta y dolorosa que es el hambre, entonces, estamos actuando desde la inconsciencia pero, si por ejemplo decidimos en base a un orden de convivencia que no irrumpa los derechos y la paz de los demás, que no afecte a otras vidas y elegimos a consciencia qué comer, qué es lo mas apropiado para alimentar el cuerpo, qué alimentos son los que menos desequilibrio causan en el medio ambiente, etc. Allí estamos actuando a consciencia y así transmutamos el Omega que se manifiesta a través del hambre en el Alfa que se concreta a través de una decisión surgida de un estado de consciencia. La Luz siempre transforma la oscuridad pero para ello debemos encenderla!

El estado de consciencia activo nos permite entonces transmutar la naturaleza Omega en nosotros, la oscuridad, en Alfa y así, el impulso surgido del inconsciente lo transformamos en una acción consciente. Este es el aprendizaje principal que nos provee esta realidad como seres humanos y este mundo de 3D. Aprender a transmutar Omega en Alfa. Pero para ello debemos “encender” el Alfa en nosotros, debemos conectarnos a la naturaleza Divina de lo contrario estaremos “atrapados en el Omega” y sujetos a los impulsos automáticos del instinto.

Existe una posición intermedia entre el Inconsciente (Omega) y el Consciente (Alfa), esta es el Subconsciente. Este estado es, tal vez, el generador de la mayor parte de los conflictos humanos. Como he dicho, el estado inconsciente surge del sistema de funcionamiento humano animal que es común a todos y que llamamos “instinto” y el estado consciente es la noción de nosotros mismos y la comprensión de las leyes que determinan la realidad tal cual es, por ejemplo la ley de causa y efecto. El estado subconsciente es el “gris”, surge del aprendizaje y de la estimulación externa, y se compone de todos los programas de funcionamiento aprendidos o inculcados en nosotros que se agregan al mecanismo automático de funcionamiento tal cual el inconsciente.

Entonces, una persona puede por ejemplo tener hábitos y costumbres de alimentación como las de una persona consciente (tal cual el ejemplo anterior) pero en realidad no está actuando a consciencia sino que está siguiendo un patrón de comportamiento automático aprendido y programado en su subconsciente. Esto no es conciencia y por ende no transmuta nada, el hecho de comportarnos como si estuviéramos “Despiertos” no nos da el poder del Alfa.

El estado de consciencia activa nos provee la facultad de transmutar el Omega en nosotros, tanto el que surge del instinto como el que proviene de creencias negativas, traumas que hemos almacenado en el subconsciente a raíz de nuestra experiencia y de lo aprendido, pero esto surte efecto solo si estamos en conexión con la naturaleza Divina, con nuestro Ser Espiritual.

Cuando adoptamos hábitos y costumbres propias del estado de consciencia pero lo hacemos sin consciencia es decir por costumbre, por emulación, por dogma, no sirven para nada! Cuando tu perro te da la patita porque así le has enseñado, no te está saludando! Está llevando a cabo un habito que asocia con el bizcocho que le darás a continuación de ese gesto. Las personas que adoptan costumbres que son características del estado de consciencia pero lo hacen de manera automática (inconsciente), actúan como el perro que da la patita, parece que estuviera despierto pero en realidad no tiene idea lo que está haciendo.

Saludos
Nicolás Niglia

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