Cuando juzgamos nuestra vida en comparación a la del otro…

 

A veces, cuando miramos jugar a los niños pensamos “qué bien lo pasan” y quisiéramos vivir como ellos, volver a ese estado de plena despreocupación, de tener todo lo que necesitamos en cada momento, de contar con padres que se encargan de cuidarnos, de darnos lo necesario mientras nosotros nos ocupamos de ser lo que somos.

Y cuando vemos a esos adultos que “lo pasan bien” que vacacionan en lugares increíbles, que tienen todo el dinero que necesitan y mucho más, que están acompañados siempre de gente que se “ríe de todos sus chictes”, que viven entusiasmados como un niño jugando con cuanto juguete se les ocurre tener y la vida obra en ellos así como los padres con los niños, proveyéndoles de todo lo que desean y no solo de lo que necesitan, entonces nos pasa lo mismo que cuando vemos jugar a esos niños y queremos ser como ellos, nos preguntamos: ¿por qué a nosotros no? del mismo modo que cuando nos pasa algo malo y nos preguntamos “¿por qué a mí?”.

¿Es injusto? ¿estamos haciendo algo mal? ¿por qué otros viven una “vida perfecta” y nosotros no?

Cuando nos pasa esto con los niños, cuando los vemos jugar despreocupados y felices y pensamos lo bueno que eso es y qué lindo sería regresar a ese estado, comprendemos que “ya hemos sido niños” y que nos es prácticamente imposible regresar a ese estado entonces nos consolamos pensando que que hemos sido niños y que esos niños, como nosotros, en el futuro estarán donde estamos ahora tal vez mirando a otros niños jugar así como nosotros los vemos a ellos hoy. Pero, cuando vemos a los adultos, la cosa cambia, queremos lo que el otro tiene, queremos una vida como la de aquel que vemos en la tele o en el cine, o la suerte de ese amigo que vive “una vida perfecta” y entonces, ahí nos comportamos nosotros como niños queriendo el chupetín rojo que tiene el otro y despreciando lo que nos ha tocado a nosotros. Una actitud de inconsciencia tal como la de los hermanos del mayor quien al cumplir la edad suficiente recibió de sus padres un auto como regalo, entonces sus hermanos menores, quienes aún no habían alcanzado la edad, sintieron celos y rabia por la diferenciación que sus padres habían hecho con su hermano mayor… 

Esos niños y esos adultos que viven “como niños” están experimentando su momento en el proceso evolutivo, y nosotros también. Así como el niño está viviendo en coherencia con lo que debe ser la vida de un niño, de acuerdo a su momento cronológico en la vida de un ser humano, y dado que el niño no cuenta con la capacidad de auto proveerse y de hacerse cargo de sí mismo, entonces debe depender de otros para sobrevivir y vivir la vida y de esos otros recibe lo necesario para vivir. Así también los adultos esos que viven como niños en el sentido que degustan de todos los placeres de la vida, ellos están viviendo su momento en el proceso de evolución o de crecimiento Espiritual, son almas jóvenes, “niños” de acuerdo a su nivel de consciencia, están viviendo los primeros pasos en esta experiencia como seres humanos la cual demanda muchas vidas, muchas encarnaciones para que uno esté entonces en condiciones de auto proveerse y de auto comprenderse más allá del ser humano que es. Estos adulto son niños en cuanto a su identidad Espiritual por lo que son dependientes de lo que reciben de otros e incapaces aún de hacerse cargo de sí mismos.

Un ejemplo similar al que he dado es aquel en el que uno está “encerrado” estudiando mientras algunos amigos están en la plaza jugando a la pelota y uno los mira con cierta envidia y entonces nos enojamos con nuestra realidad y deseamos tener la vida de ellos pero, un día en el futuro vemos que esa mirada de “envidia” y ese estado de enojo hacia la realidad la tienen esos que antes jugaban a la pelota mientras nosotros estudiábamos y nosotros ahora gozamos la cosecha de aquella siembra.

En lo personal, algo similar me sucedía cuando en un momento de mi vida en el que estaba muy comprometido con la empresa en la que trabajaba, tenía gente a cargo, competidores inescrupulosos aliados al gobierno que nos ponían todas las trabas para hacernos quebrar sin importar que mucha gente quedara en la calle, etc… en esos días cada vez que salía de mi casa veía a los albañiles que trabajaban en una obra justo en frente y los envidiaba… “que vida sencilla la de esos tipos, no tienen idea lo rico que son” decía cada mañana…

Cada uno atraviesa los retos que le corresponde en resonancia con su momento evolutivo, todo sirve al fin del crecimiento y nada es malo o bueno. Lo que cada uno vive está en directa relación con lo que cada uno necesita experimentar para crecer. No hay mejores ni peores, compararnos con otros es un error, una pérdida de tiempo y un mal uso de las energías.

Mientras miramos por la ventana y deseamos lo que el otro tiene nos ausentamos de lo nuestro, desatendemos lo nuestro y nos hacemos insuficientes pues la vida demanda el 100% de compromiso y entrega. No se nos pide “sacrificio y dolor” sino compromiso incondicional, lo cual no es lo mismo. Sacrificio y dolor se pedía al esclavo pero el esclavo no estaba comprometido con su identidad de tal, la rechazaba, no la quería, la vida no nos quiere esclavizados, no nos necesita sometidos sino más bien comprometidos y consagrados, voluntaria e intencionalmente dedicados a la tarea de lo contrario no seremos plenos jamás.

Por esta razón, debemos dejar de mirar por la ventana y envidiar la vida de los otros, debemos dejar de empeñarnos en parecernos a aquel quien según nuestro juicio vive mejor… ocupémonos de lo que nos corresponde y de lo que es coherente con el momento de nuestro proceso evolutivo. Y esto es, precisamente, todo lo que nos pasa y viene a “nuestra orilla”, todo lo que la ola trae a nuestra orilla viene del Cielo.. si escapamos de lo que nos toca vivir seremos fugitivos y viviremos en incumplimiento, escondidos en las sombras…

Dejemos de vivir como esclavos, soltemos las cadenas que nos apegan a esas ideas de tener o ser de determinada manera porque allí está la “felicidad”, dejemos de buscar felicidad!, no hemos venido a ser felices!, no es ese el propósito aunque podemos vivir en alegría mientras aprendemos de las experiencias que nos tocan vivir y que necesitamos vivir para graduarnos.

No todo depende de nosotros, conformamos un cuerpo que nos excede, por ello, todos esos intentos y rituales por “manifestar nuestra voluntad” que poco tiene de voluntad pues si no no necesitaríamos rituales, porque no es nuestra voluntad sino nuestro deseo lo que queremos manifestar e imponer así como el que envidia al que percibe que la pasa mejor que uno y se encapricha en ser igual a ese y en tener sus mismas cosas….

Si nos toca vivir sin dinero para comprender lo que la falta de dinero nos demuestra de nosotros, abramos los ojo a la realidad y “veamos” en vez de tratar de escapar como el prisionero… la única manera de salir de una condena es cumpliéndola y consiguiendo así la absolución…

Considera esta vida como una especie de cárcel (no en un sentido peyorativo como si fuera un castigo) y como tal, solo trascenderemos esta etapa cuando cumplamos la condena… si nos escapamos no lograremos sino vivir como un fugitivo en las sombras y siempre tendremos pendiente la condena incompleta (Karma). Entonces, aceptemos lo que la ola trae, agradezcamos a aquello que se lleva, vivamos con la mirada puesta en nosotros, en lo que nos toca vivir, en la experiencia… sin acusarnos, sin culparnos por ser menos o por ser mas que otros… por lo que tenemos y por lo que no tenemos, cada uno debe hacer lo que debe hacer con lo que recibe, cada cosa en su lugar y un lugar para cada cosa…

Saludos
Nicolás Niglia

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