¿De qué lado estás jugando, para qué equipo pateas?

Dos fuerzas convergen en nosotros y de este encuentro surge la cualidad dual humana. Una es la fuerza que proviene de la naturaleza animal humana, del instinto, fuerza a la que relacionamos con el Omega. Esta fuerza alimenta los apetitos del ser humano propiamente dicho, es decir, como ser terrenal animal carnal. La otra fuerza que converge en nosotros y la cual nos aporta la Luz que ilumina la plena oscuridad del Omega en nosotros, es el Alfa.

El Omega ejerce una fuerza de atracción hacia su núcleo, en el transcurso de la vida en la piel del ser humano en el que hemos encarnado, nos veremos tentados por esta fuerza de atracción. La carne es la manifestación del Omega por lo que todo lo que surge natural del instinto nos acerca más al Omega, nos hace más animales…

Debemos comprender que esto que llamamos Tercera Dimensión es un nivel de realidad que involucra al ser humano pero también a otros animales, mejor dicho, la 3D involucra toda la vida animal siendo el ser humano el nivel máximo posible dentro de esta realidad dimensional. Por esta razón, cuando digo que cada vez que cedemos a la tentación que ejerce la fuerza del Omega en nosotros esto nos acerca más a su núcleo quiero decir que saca a relucir la parte más animal y primitiva de lo que somos.

Las cualidades características de la vida animal son el hambre como fuerza impulsora y el celo sexual, el hambre porque sin alimento el individuo muere y el celo sexual porque sin reproducción la especie muere y, no habrá individuo sin especie y no hay especie sin individuo por ello, son estos dos impulsos los que nos motivan pero, antes de ellos y como en un nivel de desagregación anterior, existe otro gran motivador que es el miedo, el miedo a morir.

Cuanto más aferrados estamos a los miedos, cuánto más nos influyen las necesidades de “alimento” (dinero) y el celo sexual, más hacia el Omega nos acercamos y más animales nos hacemos convirtiendo, a su vez, esta realidad en una selva en vez de una civilización basada en nuevos valores más que los propios de la supervivencia que son característicos de la vida animal salvaje plena.

Pero existe en nosotros la otra fuerza, “el otro lado”, el cual nos abastece de la energía Vital necesaria para no sucumbir ante la atracción del Omega. Esa otra fuerza, que llamamos Alfa, se revela en nosotros a través de lo que llamamos “consciencia”. Nos da la comprensión de lo que somos y de la realidad en la que vivimos y de la Realidad de lo que Es. De esta forma y comprendiendo lo transitorio y circunstancial de esta vida y de la condición de ser humano en la que estamos, pierde poder en nosotros la fuerza de atracción del Omega y podemos ir liberándonos de ella y alejándonos por fin del estado animal salvaje (de la 3D)

Un juego de identidades

Como he escrito en posteos anteriores, existen tres estado de realidad que determinan al sujeto ser humano: el estado inconsciente, el subconsciente y el consciente. El Omega ejerce su poder a través del inconsciente, del instinto que es el sistema de funcionamiento automático estimulo-reacción; el estado de consciencia subconsciente actúa como el inconsciente en cuanto a que toma la forma de un mecanismo automático de estímulo-reacción pero no tiene origen en el instinto de la especie humana (que es común a todos) sino en la experiencia individual del sujeto, en lo aprendido  y experimentado, entonces, ante determinado estímulo urgirá automática la reacción aprendida; y, el estado consciente es el Yo conectado al Ahora, el que comprende el aquí y ahora y se conecta con la realidad concreta.

El que somos es una síntesis de estos tres estados, son estas tres fuerzas las que operan en el día a día de nuestra vida, momentos que actuamos desde el inconsciente, luego desde el subconsciente y a veces desde el consciente. Todo ello produce una identidad de sujeto o al menos dos identidades. Una identidad que es la primera que se forma es la del sujeto Ego, que es la identidad que desarrollamos al asimilarnos con el mecanismo humano, con el cuerpo y sus modos, la identidad del Yo Ego es el yo ser humano pleno, el que asume como real solo lo que es percibido a través de los sentidos del cuerpo y que tiene una reacción asociada en el sistema operativo humano. Pero, existe otra identidad que es la que surge del Yo Consciente, del que reconoce que esta vida es solo una etapa en la vida total del Yo Permanente, es el que comprende que el Yo Ego es una identidad transitoria y circunstancial y por ello, es la parte de nosotros que muere, es el Yo Mortal.

Estas dos identidades juegan en el día a día, el Yo Ego, es el que teme a la muerte y es el que se deja inducir por el temor, es en el que la necesidad actúa como motivador y excusa para ser y hacer lo que es y lo que hace de su vida. El Yo Consciente es el que toma el “camino más difícil” el que comprende el temor de dónde viene pero no le da poder, no responde al temor, camina erguido sin mirar a los costados como quien va por una calle oscura sin perder tiempo en distracciones.

Es importante, es LO importante, reconocer en nosotros cómo influye en las decisiones de cada día el Yo Ego que somos, cómo nos conduce cada vez más hacia el Omega, y cómo actúa el Yo Consciente, el que nos “salva” de esta selva y de la vida basada en la supervivencia, regida por un estado de necesidad crónica.

Cada día, en cada decisión y ante cada persona con la que nos relacionamos debemos reconocer en nosotros, quién es el que habla cuando hablo, quién es el que decide cuando decido, quién es el que piensa, el que sugiero, el que teme y el que goza… entonces, sabrás de qué lado estamos pateando y para qué equipo estamos haciendo “los goles”…

¿De qué lado juega el otro?

Debemos distinguir en los otros, con los que nos relacionamos a diario, con nuestra pareja, con todos sin importar el vínculo, de qué lado juegan, cuando ellos nos hablan desde qué identidad nos hablan. Es más importante que los argumentos que el otro esgrime para hacer lo que hace, reconocer desde dónde nos habla, desde dónde nos juzga. Entonces sabremos si está regido por la necesidad y viene a “quitarnos nuestra alimento” en su afán de sobrevivir o bien si estamos ante el Yo Consciente de esa persona y está inspirada en valores que no negocian con el miedo, con la necesidad y con la vida salvaje…

Si el otro actúa desde su Yo Ego, lo cual es lo más usual, no debemos enojarnos o atacarlos como a un enemigo sino que debemos mantenernos a salvo de su ego tanto como del nuestro. Pero debemos comprender que la naturaleza humana, el inconsciente, obra en él como en mí, por ello, debo ser con el otro tan cuidadoso y tolerante  como lo soy conmigo mismo. Una persona que está sumida en la necesidad extrema, un adicto o bien alguien que se ha quedado sin trabajo y necesita dinero, se acercará a nosotros para conseguir nuestra empatía, luego y si eso no funciona tratará de persuadirnos de algún modo y por último tratará de arrebatarnos lo que le interesa pero, esa persona actúa desde el “lado oscuro” el mismo que está permanentemente al acecho en todos nosotros y cuando la circunstancia le es favorable se lanza sobre nosotros clavando las garras del miedo, de la ira…

Lo que un persona hace o dice en ese estado no es importante, no sirve entrar en diálogos o disputas verbales porque no conducirán a ningún sitio positivo, cuando el otro esta actuando desde su Yo Ego actúa desde el lado oscuro y no hay razones que lo persuadan ni le interesan verdades, está actuando como el depredador hambriento. Lo único que podemos hacer por nosotros y por el otro, es primero no darle excusas a su lado oscuro, “no devolver la cachetada, el insulto, el agravio”, con eso habremos logrado al menos frenar el impulso pero no hemos resuelto nada. Si podemos ayudarlo en lo que necesita para sacarlo de ese estado de desesperación, por ejemplo dándole alimentos, algo de dinero, un trabajo o una tarea remunerada, etc. hagámoslo pero al instante de hacerlo comencemos a ayudarlo en donde necesita la ayuda que es en su identificación no con el ego sino con el Yo Consciente, para que él solo sea luego su “salvador y Maestro”.

Saludos,

Nicolás Niglia

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