De la selva al Cielo, el éxodo no ha terminado!

Breve reseña de la historia del ser humano en su senda evolutiva, desde Moisés hasta hoy, y del siguiente paso que estamos a punto de dar.

Para liberarnos del rigor del instinto y salir del estado de lucha y competencia permanente debemos llegar a un acuerdo, de lo contrario no podremos construir una realidad distinta a la que surge del estado de beligerancia continua. Para salir de ese estado de ataque y de defensa, el cual no nos deja tiempo para enfocarnos en otra cosa que no sea, precisamente, defendernos del otro y aprovechar la oportunidad cuando se presente para atacarlo, debemos llegar a un acuerdo con el otro, debemos construir consenso como cimiento de una nueva realidad.

Civilizar significa sacar a un pueblo o persona del estado salvaje, educar. Pero, para construir la civilización, para civilizar, es necesario antes el consenso de las personas para ajustarse a lo que la acción de civilizar significa, esto es,  los tratados, leyes, costumbres, prohibiciones, ideas que propenden al logro del estado de civilización… Solo así el ser humano puede ser educado y podrá pasar de ser un animal salvaje regido únicamente por el instinto a ser un ser “civil”, regido por la ley y las buenas costumbres.

Comprendamos primero qué significa o qué es el estado salvaje, sin juicio de valor sino como una descripción lo más objetiva que podamos hacerla. “Salvaje” es todo lo que es y tal cual es por naturaleza, sin la intervención deliberada del ser humano en su intento de civilizarse. Salvaje es el animal que vive en su medio natural sin relación con nada extraño al medio, es salvaje todo aquel que se rige por su instinto.

Entonces, salir del estado salvaje significa salir del estado en el que rige el instinto. Esto es, salir del estado de supervivencia, de competencia, lucha y rivalidad con los demás, de vanidad, de orgullo por la conquista y de vergüenza por la derrota. El instinto obra en nosotros de manera inconsciente, es decir,  no tomamos nosotros la decisión sino que surge de un programa de funcionamiento que nos rige. Entonces, el instinto considerado como el inconsciente humano debe dejar lugar al Humano Consciente, el cual estará regido ya no por la condición animal primitiva. Esto es posible solo cuando el Verbo encarna en el animal humano, y el Verbo es Vida, el hombre, entonces, comprende que Es y surge el estado de consciencia que llamamos Yo  Soy. Partimos, entonces, de ser un componente inconsciente de un cuerpo vivo (especie humana) a convertirnos en un componente consciente que creará nuevos cuerpos vivos, nuevos estados, nuevos universos.

Pero, ¿fue el hombre el que decidió salirse del estado salvaje y construir un nuevo orden basado en un paradigma distinto al que el instinto propone? El proceso de transformación del estado salvaje hacia el estado basado en un nuevo paradigma, llamado Civilización, implica un proceso similar al que experimentó el pueblo judío en tiempos de Moisés cuando fue expulsado de Egipto y guiado a través del desierto hacia la Tierra Santa, hacia un nuevo estado de ser.  No fue decisión del pueblo judío salir del “confort” de la esclavitud, como sigue siendo para el hombre de hoy “salirse de lo conocido y acostumbrado”. Las palabras de Moisés no lograron persuadir a aquellas personas, por ello debieron ser expulsados y conducidos bajo el rigor de la espada hasta que al fin quedaron solo aquellos que habían alcanzado la transformación y estaban en condiciones de constituir el nuevo estado y de habitar en la Nueva Era que allí comenzaba.

Hoy, unos tres mil quinientos años después, hemos abandonado el estado salvaje original pero, no hemos dejado de comportarnos aún como salvajes.

El inicio de este camino hacia la civilización comenzó con los Mandamientos que fueron dados a Moisés para que éste los implementara en el pueblo judío de entonces. La Ley que regiría la constitución del nuevo estado de ser del pueblo judío estaría basada en estos diez Mandamientos, los cuales, como sabemos, están referidos a la relación del hombre con Dios y a la relación del hombre con el hombre. Los primeros fueron dados en sentido positivo dado que se trata de acciones que el hombre no realizaba… “Amarás a Dios por sobre todas las cosas”… pero los cinco Mandamientos referidos a la relación del hombre con el hombre fueron dados en sentido negativo, de prohibición, pues eran prácticas comunes hasta entonces y eran esas prácticas las que determinaban el estado salvaje pleno del hombre: “No matarás (más)”, “No robarás (más)”, etc.

A diferencia de entonces, hoy contamos con las leyes, y con vasta experiencia como para avanzar en este proceso de civilización. Sin embargo, y dado que aún hoy sigue vigente el estado salvaje en el hombre, la voluntad del individuo no está alineada con la ley y con el orden sino que sistemáticamente busca eludirlo para hacer prevalecer su ambición. Es el individuo el obstáculo para que la transformación continúe su proceso evolutivo y por ello, desde el Cristo y hasta hoy se ha trabajado en la individualidad lo cual dio origen como consecuencia “negativa” a la exageración del ego humano pero nada es casual ni fue esto un error, todo sirve al mismo propósito así como la oscuridad sirve a la Luz.

En el mundo salvaje, regido por el instinto de supervivencia, el sujeto encuentra como limitación de su ambición la capacidad de su poder, así es que el animal más fuerte vencerá sobre el más débil siendo la fuerza la que determina la suerte de cada uno. En el mundo actual, el hombre continúa regido por el instinto salvaje y la limitación que encuentra ya no es la fuerza de hecho sino su capacidad de eludir el poder del Estado, de la civilización, para conseguir lo que ambiciona. El hombre, aún hoy no actúa alineado con la verdad, con la justicia, no le interesan estos valores, no reconoce la Moral, sino que evita el castigo, actúa conforme a su ambición tratando de no perder lo que tiene, de no ir preso en el intento de conseguir lo que busca y de no morir por supuesto.

Entonces, la diferencia entre el mundo de hoy (me refiero al mundo desde Cristo y hasta hoy, los últimos 2000 años), y el mundo en tiempos de Moisés, es que en aquel entonces no había consenso para construir un nuevo estado de ser y no había Ley. Luego de Moisés surgió la Ley y el consenso en torno a ella, pero el hombre seguía siendo un salvaje domesticado que debía ser conducido bajo el rigor del castigo y su relación con Dios (con la Divinidad) era de obediencia basada en el temor al castigo, al infierno eterno.

A partir del Cristo, el cual da comienzo a una nueva etapa en este proceso de civilización / evolución, el foco se pone en el hombre, en el individuo  para que el individuo precisamente realice en sí mismo la parte del proceso evolutivo que solo él puede hacer y que no surge de imposición externa alguna. Es necesaria la adhesión voluntaria del sujeto para que el proceso surta el efecto deseado, de lo contrario actuaríamos como hipócritas y no seríamos sino solo una simulación superficial de lo que debemos ser, y por ende, no alcanzaríamos el estado de Ser que buscamos. Del mismo modo que ocurre con un animal que es quitado de la selva, luego es domesticado y se ajusta así al orden que impone el hombre para su convivencia pero, ese animal cuando “da la patita” a cambio del bizcocho no está saludando a su dueño sino realizando un ritual, del cual no comprende su significado, para conseguir el alimento que necesita.

La era del Cristo, entonces, vino a abrir los corazones para que al entrar la Gracia, podamos transformarnos, podamos liberarnos del “estado salvaje primitivo” que rige nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestra voluntad. El Cristo, Jesús, decía por entonces “renuncia a la vida y hallarás la Vida”… es decir, renuncia a la vida salvaje, deja de vivir regido por el instinto y entonces, hallarás la verdadera Vida, la que no muere, la que no está sujeta a condición alguna de carne, de muerte, de hambre…

Dos mil años aproximadamente hace que estamos en esta etapa, pero ya ha terminado! Estamos iniciando ahora la siguiente etapa en este proceso de civilización / evolución. A continuación de la Era del Cristo, comienza La Era de los Hijos de Dios, es decir, del individuo en consciencia plena. Y dado que el individuo ha abierto su corazón y ha despertado a la Vida, no necesita más de estructuras que lo rijan ni de castigos que lo persuadan para Ser lo que debe Ser y es por esencia Divina.

Esta es la Era que esta por iniciar, estamos ahora en un espacio que es llamado “el No Tiempo” pues la cuenta de la Era anterior ha terminado y la cuenta de la Nueva Era no se ha iniciado aún. Estamos ante una especie de purgatorio similar al que vivieron los judíos durante su trayecto por el desierto guiados por Moisés hacia la Tierra en la que construyeron el nuevo Estado. Y, como entonces, la Ley que regirá la vida en ese nuevo estado es revelada, pero esta vez lo es en cada uno, a través del Espíritu  Santo, del Espíritu de la Verdad. Y cada uno es su Templo, cada uno es su Moisés, su Jesús, y cada uno es Manifestación Perfecta y Plena de la Voluntad de Dios expresada en la singularidad que cada uno es. Cada uno es la Ley en sí mismo!

¿Qué es lo que podemos y debemos hacer en este momento para el bien individual y colectivo? Debemos observarnos para distinguir en nosotros la manera en la que el instinto aún nos rige y determina nuestra voluntad. Debemos renunciar a la vida basada y gobernada por el Yo Ego para dar lugar al Yo Soy. Miremos cada una de nuestras relaciones, qué las sostienen, qué buscamos a través de esos vínculos, cuál es la ambición que nos impulsa a comenzar cada día, a qué idea, propósito o razón servimos con lo que hacemos cada día… Debemos sanar lo que haya que sanar, soltar lo que es necesario soltar para elevar la vibración… debemos abrir el corazón y Ser sin más miedos a que nos quiten pues nadie puede quitarnos lo que somos, sin más ambiciones por conquistar pues no somos dueños de nada pero tenemos todo lo que necesitamos a nuestra disposición… comprendamos que la vida es perfecta, es todo como debe ser, solo que aún no comprendemos la Ley que rige el por que´de cada cosa… aún hoy no comprendemos por qué nos pasan algunas de las cosas que nos pasan y, entonces, cómo podemos saber qué es lo bueno y qué es lo malo para nosotros… vivimos como extraños en nosotros mismos, sin conocernos sin escucharnos sin comprometernos con nuestra Verdad… es esa la principal fractura que nos mantiene esclavos de nuestro propio error…

Que el Amor se manifieste AHORA!

Yo Soy!

 

Saludos

Nicolás NIglia

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