El Miedo

Una de las principales cualidades que caracteriza a la vida en este mundo es el miedo. Todos tenemos miedo, los peces, los pájaros, las presas y los depredadores, todos los seres vivos del reino animal tienen miedo. Existe un dicho que reza “mal de muchos consuelo de tontos” pero, ¿es el miedo un mal? ¿puede ser malo algo que forma parte de nuestra naturaleza? Para comprender qué es el miedo y cómo se convierte en algo negativo que nos bloquea en la expresión de nuestro propósito, es preciso comprender la esencia del miedo y sus razones.

En algunos casos, la manera de comprender la presencia de un determinado aspecto es analizándolo desde su ausencia primero. Esto es, ¿cómo sería la vida sin miedo? Posiblemente, una vida sin miedo sería una vida corta pues, sin miedo a la muerte nada nos haría pensar dos veces antes de tomar esas decisiones arriesgadas. Sin miedo a lo que los otros piensan de nosotros y a su juicio, no tendría mucho sentido ser auténticos pues si nos da lo mismo lo que el mundo diga o haga terminaremos por perder toda vinculación con el mundo convirtiéndonos en parias y disgregando al mundo. Necesitamos al otro por naturaleza humana, somos un animal social lo que implica que gran parte de nuestras necesidades son resueltas gracias a los otros y por esta razón necesitamos la vinculación con el grupo.

El miedo existe porque es un elemento indispensable para sostener el hilo conductor con la vida, con los demás y con uno mismo pero en su justa tensión e intensidad pues, así como la ausencia de miedo es un problema, el exceso de miedo producirá también un resultado negativo. Cuando el miedo excede su justa tensión entonces nos paraliza y nos separa del mundo. Por miedo no nos comprometemos y el “hilo conector” con el mundo y con la realidad se ve debilitado. Por un miedo exagerado a lo que otros digan y piensen de nosotros asumiremos actitudes y comportamientos disociados de nuestra esencia y perderemos compromiso con nosotros mismos al hacerlo. Cuando perdemos compromiso con nosotros mismos nos ausentamos de nuestra realidad, sencillamente no somos.

Debemos encontrar la justa  medida de miedo que sirva al equilibrio. El miedo justo para considerar las decisiones antes de tomarlas y el que nos permite tomar decisiones sin paralizarnos por el miedo al error, por ejemplo.

¿Cómo compensar el miedo?

El miedo está programado en nuestro mecanismo humano, como en el de todos los animales. Es decir, viene dado por condición natural. Los estímulos externos (estados crónicos de inseguridad, crisis económico-políticas, catástrofes) y la estructura interna de pensamientos (creencias, costumbres, memoria de traumas…) determinan la intensidad del miedo con el que viviremos.

El mundo actual parece estar diseñado deliberadamente para que vivamos sumidos en un estado de miedo exagerado, y, por ello, caemos en desequilibrio emocional y nuestro juicio y las decisiones consecuentes se vean influenciadas por este estado de miedo exagerado. Sobre lo que hacen quienes ostentan el poder sobre el mundo poco podemos realiza, por ello, es más práctico concentrarnos en lo que sí podemos hacer para compensar el miedo y regresarlo así a su justa  medida.

En este sentido, en cuanto a lo que podemos hacer para equilibrar el miedo, uno de los ámbitos más importantes es, precisamente la estructura de pensamientos, desde donde juzgamos lo que nos pasa, a nosotros mismos y al mundo. Desde ese lugar donde determinamos que una circunstancia es una tragedia o una oportunidad, desde donde decidimos que algo es malo o bueno, allí es donde debemos poner el foco. Está claro que si vas caminando por la selva, por ejemplo, y de pronto te rodean varios leones hambrientos y sientes pánico, por más foco que pongas en tu juicio y en la percepción de la realidad, el hecho concreto está a la vista y la amenaza es cierta pero, no todos los estímulos que producen el miedo exagerado son reales sino que surgen de una percepción alterada y desajustada con la realidad.

Como un ser consciente que somos, a diferencia de los demás animales, podemos atenuar el impacto del mecanismo automático animal (instinto). Mientras el mundo a nuestro alrededor está empecinado en mantenernos en un estado de miedo exagerado basado en la amenaza recurrente y constante de la economía, del clima, del terrorismo, etc. nosotros podemos compensar ese desequilibrio.

Un amigo realizaba saltos en paracaídas, tenía su empleo de lunes a viernes y los fines de semana se iba a la ciudad de Lobos, Provincia de Buenos Aires, donde realizaba uno o dos o más saltos. Juntos realizamos el curso de piloto comercial de aviones, en uno de esos vuelos de entrenamiento durante el curso conversamos acerca del salto en paracaídas, estábamos volando a una altura optima para el salto y él hizo ese comentario lo cual me impulsó a mirar hacia abajo. Le dije, “solamente saltaría si fuera estrictamente necesario, no entiendo cómo lo haces por deporte! ¿no te da miedo?”, y él me respondió: “sí, claro que te da miedo, pero la satisfacción del salto y la caída libre es mucho más intenso que el miedo”.

caida libre

Sin darnos cuenta, ni él, mi amigo, ni yo, estábamos comprendiendo cómo neutralizar el miedo, cómo evitar que el miedo impida la vida, que te impida Ser. El miedo compensa y se equilibra con una sensación de igual o mayor intensidad. Es decir, el miedo a saltar de un avión y caer al vacío compensa con la satisfacción que esa experiencia produce. Pero, si acaso no existiera esa satisfacción, ¿alguien saltaría de todos modos o el miedo, en ese caso, tendría tal intensidad que se lo impediría?

En la vida de cada uno, el miedo se sale de balance cuando no existe del otro lado una fuerza con igual o mayor intensidad que lo compense. La satisfacción compensa el miedo pero, el amor lo reduce a nada! Cuando amamos no tenemos miedo a prácticamente nada, entramos en un estado de flotabilidad tal que nos hacer casi inmortales, invulnerables a todo y a todos y con una capacidad de perdón extraordinaria pues, lo que  nos impide perdonar es, precisamente el miedo.

Cuando vivimos una vida vacía de amor, no encontramos satisfacción en nada y nos da miedo hasta “saltar de la cama cada mañana” que despertamos. El miedo, entonces, asume una  intensidad exagerada y nos interfiere la percepción de la realidad  e impulsa malas decisiones. Cuando vivimos en amor, la vida es satisfacción pura, queremos estar despiertos más que dormidos, queremos salir al ruedo cotidiano más que vivir encerrados y escondidos.

El miedo está y no se irá a ninguna parte, como están el hambre, el sueño, el dolor, el celo sexual pues estas son características de la condición animal humana y estarán vigentes y activas mientras estemos encarnados en un cuerpo humano y sometidos a su naturaleza animal. Pero, cuando amamos, cuando nos comprometemos con nosotros mismos, con nuestra vocación, con la amistad, con la Vida! Entonces encontramos satisfacción y es allí donde el miedo se compensa y cumple su rol original sin interferirnos.

Atacar el miedo es darle al miedo más poder del que tiene por naturaleza. No te ocupes del miedo, ocupate de aquello que satisface tu corazón. El mejor remedio para las “sensaciones negativas” es buscar el estímulo de experiencias positivas de vida!  Comprometete contigo mismos, con tu esencia, con tu vocación, has solo aquello que te eleva, que te da plenitud. Comprometete con tus amigos, sé incondicional con la Vida! El miedo condiciona, el amor es incondicional! Vivamos en amor entonces y seremos plenos y no habrán condicionamientos que nos impidan Ser!

Una persona que está por someterse a una intervención quirúrgica, por ejemplo, siente miedo  y es natural que así sea. Luchar  contra el miedo es como oponerse al hambre. Cuando sentimos hambre debemos alimentarnos y no hacer ayuno para “vencer el hambre” eso es darle al hambre un poder exagerado cuando con solo alimentarnos estaría resuelto el tema y podríamos ocuparnos de lo verdaderamente importante.

Existen situaciones en la vida que estimulan un miedo intenso, como cuando nos enfrentamos a circunstancias de vida o muerte. Pero, aún en estos casos, es siempre el amor, la satisfacción que la vida nos provee lo que pone en balance el miedo. Como mi amigo el paracaidista, él sabe que puede morir en un salto o quedar con alguna incapacidad permanente, pero la satisfacción que experimenta al saltar, según su percepción, hace que valga la pena el riesgo. La vida es como el salto en paracaídas para mi amigo, corremos el riesgo de morir o de sufrir un accidente en cada salto, en cada día, pero cuando estamos comprometidos incondicionalmente con la vida y, por supuesto, con nosotros mismos, entonces, la muerte es un costo que estamos dispuestos a pagar pues, así lo hemos asumido antes de encarnar y de “saltar a la vida” en el cuerpo en el que hemos nacido.

Cuando el miedo te frene, cuando el miedo te impida Ser… no te enfoques en el miedo sino en la ausencia de Vida, en la falta de compromiso con vos mismos, en la falta de AMOR! Quien ama es UNO con el TODO, quien ama es todo lo que ama y todo lo que uno ama está en uno.  Amar a otro es extender las fronteras del YO y fundirse en la geografía del otro. Cuando sientas miedo, AMA!

Aceptemos el miedo y honrémoslo pues es necesario y cuando está en balance cumple un fin positivo y cuando no, no es el miedo el problema sino la falta de amor.

Saludos
Nicolás Niglia

Anuncios

2 pensamientos en “El Miedo

  1. Silvia

    Perfectamente desarrollado, interesante texto! Cierto, cuando estás en Amor te sientes capaz de casi todo. “Aceptemos el miedo y honrémoslo…”, que hermoso… Gracias!

    Me gusta

    Responder

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s