El Divorcio, ¿soluciona o agrava el problema?

El divorcio no solo no pone fin al vínculo entre los que se divorcian sino que solamente cambia el estado de relación pero el vínculo se mantiene solo que sostenido en otras  intenciones e intereses. Nos casamos para construir y nos divorciamos para destruir lo construido y a nosotros en ello, una parte de nosotros muere. Cuando las personas se divorcian sienten que pueden arremeter contra el otro siendo respaldados por la ley y por la costumbre, es decir, tienen “luz verde” para lanzarse contra el otro sin culpa y sin el reproche de nadie pero, si eso mismo que hacen una vez divorciados lo hicieran antes del divorcio, estando aún en convivencia, entonces esas mismas actitudes y acciones serían consideradas delito en algunos casos y traición en otros y encontrarían la reprobación de la familia, de amigos, de la sociedad. El divorcio le concede a las personas el “derecho para vengarse y tomar revancha sobre el otro, para destruirse legitima y legalmente”.

Cuando era niño, recuerdo que una de las razones que  posiblemente  justificaban la mala conducta de otros niños era el hecho de “ser hijos de padres separados”. Por aquel entonces se consideraba esto como una dificultad en el desarrollo. Hoy, sin embargo, el hecho de ser hijos de padres separados/divorciados no solo no es considerado un problema sino que es lo usual y se ha convertido en lo inusual un matrimonio de primeras nupcias que lleve más de 15 años y no tengan en vista la separación…

Pero, cuál es el problema del divorcio, por qué antes era considerado un “mal” para los niños y hoy no solo no es considerado un mal sino que se lo considera la mejor opción, “mucho mejor ser hijo de padres divorciados que vivir en medio de un conflicto permanente” suele decirse justificando esta nueva institución civil.

El sentido común es el sensor que nos permite llegar al primer nivel de conclusión en cualquier tema que estemos analizando, vamos a comenzar por analizar este asunto a través de este sentido sencillo. Si estamos divorciados y tenemos hijos de esa relación, observemos nuestro  caso si no busquemos uno cercano.

Te pregunto entonces, ¿has dejado de ver, de contactar a tu ex? ¿te has liberado de la necesidad de convenir, de coordinar días, fechas para ver a tus hijos o para que ellos lo pasen con su padre? es decir, ¿el divorcio te ha liberado de esa persona y de ese vínculo negativo o solamente te ha dado distancia y espacio? pero, ¿te ha dado distancia y espacio realmente? ¿qué has resuelto con el divorcio y qué nuevos problemas has generado? ambos temas, lo que has resuelto y lo negativo que has generado, ¿no son acaso más de lo mismo, eso por lo que precisamente se han divorciado, eso que generó intolerancia, odio, enojo? entonces, ¿qué has resuelto con el divorcio?

Aunque suene difícil de aceptar, el divorcio no solo  no nos libera de los asuntos que nos molestan del otro, de aquello que nos hace insoportable la convivencia y, tampoco nos liberan del otro, sino que además intensifica esos mismos problemas, divorciarse para resolver el problema que es un matrimonio es como tratar de apagar un incendio con nafta…

Mientras vivís en el matrimonio, aún cuando cada uno de los cónyuges tira la soga para su lado pero sin que se haya roto todavía, aún alguno puede aflojar y acercar las partes para una reconciliación. La reconciliación de las partas no significa regresar a la convivencia armónica entre ambos pues, puede ser que ya no tengan el estímulo que tenían y por el cual había una razón para seguir conviviendo pero, es necesario conciliar las partes pues, una vez que la soga se corte (con el divorcio por ejemplo) es el fin del dialogo y el inicio de la guerra.

Cuando los abogados entran en escena, ya no se trata de dos cónyuges tratando de resolver una situación que ambos han generado y degenerado sino que esto es como contratar cada uno a un asesino para que elimine al otro y nos libere de su acechanza… Las personas, cuando se divorcian sienten que pueden arremeter contra el otro siendo respaldados por la ley y por la costumbre, es decir, tienen “luz verde” para lanzarse contra el otro pero, si eso mismo que hacen una vez divorciados lo hicieran antes del divorcio, estando aún en convivencia, entonces esas mismas actitudes y acciones serían consideradas delito en algunos casos y encontrarían la reprobación de la familia, amigos, de la sociedad. El divorcio, le concede a las personas el “derecho para vengarse y tomar revancha sobre el otro”.

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El divorcio no lleva a nada bueno para nadie, ni para los cónyuges, ni para sus hijos. Esa relación que inicio en el amor (si acaso inició en el amor) y que luego por las distintas circunstancias contrapuestas con las expectativas de cada uno de lo que debía ser y no fue, derivó entonces en costumbre y  luego devino en un pacto de convivencia implícito dado que por el bien de los hijos cada uno de los cónyuges, sin expresarlo, asumía “la carga” de continuar con la convivencia para evitar hacerle daño a los hijos, explotando en discusiones violentas y descargando la frustración y el enojo en cada ocasión que lo estimule. Luego de esta degeneración del vínculo viene el divorcio que, como he dicho, no resuelve nada sino que implica la declaración de la guerra formalmente. El divorcio separa la sociedad conyugal en dos, es decir, escinde al sujeto “matrimonio” en dos para que pueda darse la lucha pues uno solo contra uno mismo no puede demandarse, nadie puede demandarse a sí mismo. Mientras está en vigencia la sociedad conyugal todo es de todos y la decisión sobre el patrimonio y el ejercicio del poder en ese estado matrimonial depende del consenso o negociación entre las partes.  Cuando nos divorciamos lo que hacemos es separar ese estado de unión para conseguir lo que mientras estábamos casados no conseguíamos. Es decir, el divorcio es siempre una lucha de poder llevada al extremo de “la guerra”.

Cuando llegas al punto de querer divorciarte, es decir, de querer salir de esa relación ya no importa si te has casado enamorada o no, lo que importa es lo que te ha llevado a ese lugar. Por supuesto que cuando no hay hijos en el medio todo parece más sencillo y más rápido de resolver pero eso no lo convierte en una solución. Una relación sin hijos de la que nos hemos liberado a través del divorcio puede quedar en nosotros como el trauma de un robo, una vez que paso, pasó! pero el trauma queda! no hemos resuelto el problema sino que lo hemos guardado o escondido en lo profundo del subconsciente para que nos permita “seguir adelante”.

Ahora bien, si consideramos que las cosas más significativas de esta vida no son producto del azar ni de la casualidad, que esas personas que forman parte de nuestra existencia y sobre todo aquellas con las que tenemos hijos, siendo ésta la creación o una de las creaciones más significativas que el ser humano puede realizar en vida, ¿crees que al divorciarte de esa persona y pasar de un estado de convivencia conflictivo a un estado de guerra declarado estas cumpliendo el propósito por el cual antes de la encarnación acordaste con ese ser encontrarte en vida y traer a este mundo otras vidas? Claro que no! estás eludiendo la tarea que vos mismo te has propuesto realizar para tu bien y para el bien de todos los implicados en ella.

Vos dirás “¿quiere decir que debo callar y soportar una relación hasta la muerte?” claro que no! nadie dice que debas callar sino que debes buscar siempre e incansablemente el camino de la conciliación porque eso has venido a buscar y por lo cual esa persona se te acercó, para darte la oportunidad de componer en vos un tema. Sí, el karma tiene que ver con esto, dado que una encarnación no alcanza para que la experiencia como ser humano surta todo su efecto, existen vínculos que continúan de encarnación en encarnación hasta tanto cumplan su propósito. Estos vínculos van mutando de cónyuges a hijos en otra vida, a padres a socios de negocios, a hermanos, a enemigos, etc.

Un ejemplo ilustrativo de esta continuidad kármica de encarnación en encarnación que menciono y cómo el divorcio actúa en esta ley es el siguiente: esas personas que se separan a través del divorcio y se declaran la guerra, en siguientes encarnaciones experimentaran lo mismo que han creado pero en un estado de identidad natural de esa circunstancia es decir, si no han resuelto su odio, en siguientes encarnaciones no serán nuevamente matrimonio sino posiblemente socios de negocios y uno traicionará al otro y tendrán una vez más la oportunidad de saldar el vínculo desde el amor, comprendiendo, perdonando. Y, entonces, solo allí, cuando somos capaces de renunciar a la “soga” y la soltamos, entonces se libera la tensión, desaparece la lucha pues, si uno renuncia al caramelo, el otro lo obtendrá y ambos se habrán liberado del conflicto y, caramelos sobran… y sobre todo, crees que si tomas la actitud de “soltar” la soga por el bien de los dos, crees acaso que el Cielo, que la Vida, que Dios te dejará “sin caramelos”… harto serás de recompensas cuando haces lo correcto pues, todo trabajo recibe su remuneración y el trabajo “del santo” recibe la remuneración del Cielo…

Anteriormente he escrito acerca de “Satán, el adversario”, de “La Ascensión”, y este tema del divorcio enmarca perfectamente en esos otros pues suscita una serie de amarras a este mundo, odio, enojo, rencor, culpa, miedo… todas ellas son sogas que nos mantienen atados a esta realidad 3D. Tenemos que desafectarnos de ellas, tenemos que “soltarlas”. Lo que pasó, lo que creemos que pasó y lo que juzgamos que fue, todo eso “ya fue”, ya es pasado! si permitimos que el juicio de lo que fue y el trauma de lo que nos tocó vivir y, sobre todo, lo que perdimos en ello, si dejamos que eso siga vivo estaremos atrapados, afectados aún por aquel incidente y no iremos a ninguna parte sino que cosecharemos más de lo mismo…

Lo que el otro hace, es su asunto, vos no debes condicionar tu decisiones a lo que el otro hace. No estás compitiendo con él/ella, vos sos tal vez “el consciente” el “despierto” y por ello tenes mayor obligación en soltar la soga. Recordá que el mayor debe servir siempre al menor, este es el Orden correcto! Entonces, no esperes a que el otro haga su movida, vos hace tu juego a consciencia sabiendo que lo que estás haciendo no es para que tu ex te aplauda o te apruebe, sino que estas actuando bajo la mirada del Cielo!

El otro tiene sus razones para ser como es, sus miedos, su enojo, su inmadurez, su inconsciencia, su avaricia, su ego! nada de eso es exclusivo de aquel, por ello no podes culparlo por ello pues estarías culpando a toda la condición humana la cual te incluye… debes perdonarlo pues así te perdonas a vos mismos todas esas “imperfecciones” que son tan propias del otro como de vos como de cada ser humano. Recordá esto! cuando perdonas al otro te estas perdonando a vos, estas obligando “al cielo” a que dispense el perdón sobre vos pues quien perdona la mentira al otro es digno de recibir el perdón por su mentira. “Trata a los hombres como quiere que los hombres te traten” dijo el Cristo!, “Ama al otro como a tí mismo!”…. y serás digno del Amor de los demás!

No es necesario que llames a tu ex y le pidas perdón o le digas que lo/la perdonás! este proceso del perdón debes hacerlo en vos y solo en vos. A partir de que perdones y te perdones podrás, entonces sí, liberarte del error tanto de los errores que cometieron durante el matrimonio como el error de divorciarse enojados y sumidos en el rencor y el hambre de revancha. Tu actitud será otra y el otro lo percibirá pero, lo que el otro hace no es tu problema ni está en tu gobierno! vos debes mover tus fichas de acuerdo a tu consciencia y no a la inconsciencia del otro pues de ese modo, si jugas condicionado por la inconsciencia del otro, entonces ambos juegan el “juego de la inconsciencia y ahí el más inconsciente es el que gana!” pero la realidad es que en ese juego todos pierden!

Mantenete en tu eje, en el estado de neutralidad ante todos, ante la vida.. .cuando alguien te afecta y te corre de ese estado, con ese alguien tenes un tema que resolver, y todo tema por resolver se resuelve siempre y únicamente desde la comprensión de sus razones, desde la compasión y desde la consciencia, es decir, desde el amor!.

Saludos

Nicolás Niglia

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