Los milagros, la Divinidad en Accion

Como un niño que quiere hacer todo él y no deja que otros hagan, cuando nosotros actuamos así y queremos tener razón en todo y queremos ser nosotros los que decidimos acerca de todo, entonces nos comportamos como ese niño caprichoso. La Vida, el Orden Natural de las Cosas, respetando el libre albedrío, el cual es condición necesaria para que aprendamos a ser, nos deja “solos” en nuestra decisión pues es esto lo que queremos ¿no es así? hacernos carde de todo como si supiéramos de qué se trata todo esto y qué hacer en cada caso…

Luego, cuando las cosas no resultan como esperábamos, nos enojamos con Dios o bien dejamos de creer en él pues, decimos cosas como: “si existiera Dios estas cosas no me pasarían” o bien, caemos en un estado de culpa y pensamos: “Dios me está castigando, no soy bueno ante sus ojos”… Son éstas afirmaciones resultado del mismo comportamiento que nos llevó, precisamente, a esas situaciones negativas. Siguiendo el mismo patrón que nos condujo a la “soledad”, a una vida en ausencia de Dios, separados del Orden Natural,  y por lo cual sentimos que “todo depende de nosotros, de nuestro esfuerzo, siguiendo este mismo patrón de “separación” llegamos a esas conclusiones que he mencionado y que nos perpetúan en el error.

Hace poco escuché en la radio una afirmación que sintetizó muy bien esto que digo, este conductor de radio dijo algo así como que “el problema del ignorante es que cree que todo lo que no conoce y de lo que no sabe, para él eso es mentira o no existe y así se condena a morir en la ignorancia, no aprende jamás”. Y es tal cual, si tratamos de conseguir la solución a través del mismo mecanismo por el cual surgen los problemas, jamás encontraremos solución sino que estaremos todo el tiempo transformando el problema en la medida que nuestro esfuerzo siga empeñado en el mismo paradigma de vida.

Se trata de humildad! de aceptar y reconocer que no sabemos todo lo que necesitamos saber, que estamos circunstancialmente limitados en nuestra capacidad perceptiva y por ende, nuestro juicio acerca de lo que nos pasa es también limitado y por ello insuficiente y naturalmente injusto.

Los milagros son la obra del Cielo en la Tierra, son la intervención Divina en la vida cotidiana. Los milagros irrumpen el Orden de una realidad pues implican una alteración de ese orden. Pero, ¿por qué los milagros son tan extraños y extraordinarios en nuestra vida? Jesús decía “para comprender a Dios pensémoslo como a un Padre” Siguiendo este criterio, pienso, así como yo trato de intervenir lo menos posible en la vida de mis hijos pequeños a fin de permitirles que vivan su experiencia y aprendan y se conozcan a sí mismos en cada circunstancia, así también debe actuar Dios con nosotros y los milagros, su participación activa en nuestra vida, estará limitada a lo estrictamente necesario, es decir, cuando mi hijo pequeño está a punto de lastimarse entonces intervengo pero no antes pues si no lo dejo que intente caminar cuando no sabe hacerlo, por miedo a que se caiga por ejemplo, entonces jamás aprenderá, pero siempre estoy cerca por si me necesita…

Solo cuando los hijos crecen y maduran, su relación con el Padre se hace cada vez más activa pues el Padre puede participar de su vida, de la vida de sus Hijos sin que ello implique interferirlos en su desarrollo. Por supuesto que siempre hay una interferencia indirecta para nuestro bien, pero esa, dado que es imperceptible por nosotros, no existe… es como si no estuviera.

milagros

Volviendo al tema del por qué de lo extraordinario de los milagros, además del nivel de madurez del hijo, ¿qué otro factor nos aleja de la relación con Dios, con la Divinidad en nosotros!? Volviendo al inicio de este trabajo, mientras nos comportemos como ese niño que todo quiere hacerlo él y no deja que nadie haga nada, mientras actuemos así no dejaremos lugar para la acción de la Divinidad. Pero, ¿qué es “la Divinidad”? Es nuestra consciencia Yo Soy, también llamado el Yo Superior. Es éste el primer contacto y la primera relación con la Divinidad, con Dios. Luego, están los Seres de Luz, nuestra familia estelar, Maestros, Guías… Pero, ninguno de ellos, incluido nuestro Yo Superior, actuará si acaso no dejamos lugar para que ello ocurra.

Cuando tus hijos están en la escuela, vos no estás con ellos, no estás en el aula diciéndole lo que deben responder pero, si te llaman del colegio porque tu hijo tiene algún problema vas inmediatamente y tenes el poder y el derecho para retirarlo cuando lo creas conveniente. Del mismo modo actúa la Divinidad (tu Yo Superior y los Seres de Luz).  Entonces, dado esto, la única manera de que los milagros ocurran en tu vida es que les des lugar y oportunidad de ser. Para ello es necesario no solo “dejar de hacer” y “soltarse”, sino que antes de ello y para poder lograrlo, necesitamos tener plena confianza. Un ejercicio que suele realizarse en el trabajo en equipo, en las parejas y para medir el nivel de confianza que uno tiene en el otro, consiste en que te dejes caer de espaldas sin mirar atrás confiando en que el otro, tu pareja, quien está parado detrás tuyo, te sostendrá y no te dejará caer. El mismo nivel de confianza debemos tener con “el Cielo” y debemos soltarnos, “dejarnos caer” en toda circunstancia en la que no tenemos la respuesta clara y contundente.

Lo importante que debemos recordar y comprender de todo esto es que Dios, que el Orden Natural de las Cosas, obra como un Padre, que la Divinidad está en nosotros! que un aspecto del que somos es Divinidad Pura y es desde allí desde donde surgen los milagros en nuestra vida pero, debemos dejar actuar nuestra Divinidad, debemos permitir la expresión de nuestros aspectos Divinos. Los milagros ocurren solo cuando permitimos que ocurran, los milagros son la acción de la Divinidad en la vida cotidiana, cuanto más elevados en consciencia estemos, más habitual será esta participación y por ende, los milagros serán cosa de todos los días…

Saludos, Nicolás Niglia

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