Cuando la vida duele!

¿Por qué las cosas deben llegar a un extremo, por qué debe dolernos para que comprendamos? ¿nosotros determinamos que así sea?… pero que la vida duela no implica que esté mal, o bien, es así y, tal vez, así debe ser en algunos casos, ¿acaso el Creador comete errores?… No, no somos un error, claro que no! ni es un error que la vida duela…

Pero, ¿por qué, a veces, “la vida duele”? Por ejemplo: le he preguntado a mi hijo de 9 años por qué desobedece y lleva la situación al punto de enojarme y obligarme a “hacer algo para ponerlo en orden”. Le he jugado una pulseada y le he mostrado la diferencia de fuerza, hemos corrido una carrera de velocidad y le he ganado, hemos jugado ajedrez, batalla naval y otros juegos más y en todo le he ganado entonces le he vuelto a preguntar: “¿por qué me desobedeces y me obligas a “castigarte” si sabes que no tenes escapatoria, que “no podes ganarme?”, su respuesta fue muy clara y no menos sorprendente: “no sé papá

Nosotros, los seres humanos, los Hijos de Dios, nos comportamos como un niño aún, a pesar de que Dios nos “ha ganado en todo” pues lo que hemos asesinado EL lo ha resucitado, lo que hemos corrompido EL lo Glorifica, lo que contaminamos EL lo vivifica… sin embargo, insistimos en negamos a obedecer y así llevamos las cosas a su extremo más doloroso. Y tal cual el niño, quien piensa  que cerrando los ojos evita que suceda aquello a lo que le teme, nosotros siguiendo el mismo patrón, asumimos que no creyendo en Dios y negando todas sus señales (“cerrando los ojos”) evitaremos las consecuencias de la desobediencia.

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Siguiendo con el ejemplo de mis hijos, ellos no se portan todos así, algunos son más grandes y menos desobedientes. Cuando tenemos un programa de entretenimiento para todos como por ejemplo salir al cine, ir a la heladería, en fin, ellos se portan de manera más amable y están más dispuestos a obedecer, pero no siempre es así! a veces, los más pequeños sobre todo y aún en esos momentos en los que “no les conviene enojar a papá” se comportan de manera caprichosa. Entonces me obligan a tomar una decisión poniéndome en la siguiente disyuntiva: si cancelo la salida estoy siendo injusto con los que se portaron bien pero, si no la cancelo estoy permitiendo y avalando la desobediencia del otro, quien tal vez se aprovecha de mi condescendencia con los justos… ¿qué hacer entonces?

Está claro que el más pequeño y por eso desobediente necesita apoyo. Por otro lado, los hijos que sirven a sus hermanos no solo le sirven a ellos sino que colaboran con la tarea de su Padre, se hacen Co creadores, “co-padres”. Entonces, el Padre les dice a sus hijos obedientes, a los mayores, ayuden a su hermano menor, no se revelen a mi juicio aunque momentáneamente los “perjudique” y deban vivir la condena tal como el desobediente pero sepan que ustedes no están condenados sino prestando servicio a sus hermanos, a mis Hijos y a mi! La salida a la heladería se cancela, el desobediente no triunfa en su afán, el obediente se pierde el entretenimiento pero gana la confianza de su padre y, creanme, un Padre, por un hijo obediente, puede dar mucho más que una “salida a la heladería”….

¿Por qué el desobediente se comporta así sabiendo que no “va a ganar”? ¿por qué el mentiroso miente sabiendo que tarde o temprano será descubierto? Porque es condición de la naturaleza humana, por que así somos, porque si mi perro me hiciera caso en todo y entendiera español no sería un perro, si mi canario comiera su alpiste sin desparramarlo por toda la casa no sería un canario y sobre todo, la vida duele cuando crecemos, cuando estamos siendo estimulados al cambio que  confronta los patrones actuales exhortándonos a dejarlos a un lado y asimilar otros nuevos. Si no hay dolor no hay crecimiento, el crecimiento duele porque suscita transformación.

La realidad es llevada a un extremo, a veces doloroso, para que el patrón de comportamiento que debemos abandonar sea vencido, para que el ego cansado de insistir en lo mismo y sin fuerzas para continuar en el mismo patrón, entonces se rinda! y soltemos! y nos abramos al cambio. Mi hijo, desobedece hasta que comienza a “dolerle” su desobediencia, hasta que “ya no es negocio”seguir en el capricho. Mi hijo no sabe aún qué es lo mejor para él  y por eso debe ser  guiado por sus padres, hasta que madure y sea su propio Guía. Con el hombre en general está pasando esto mismo, nuestra terquedad y lo aferrado que estamos a los patrones de comportamiento de siempre, están demandando realidades extremas y dolorosas que son estímulo y razón para que soltemos los viejos paradigmas de una vez, para que dejemos de comportarnos como niños que deben ser llevados y comencemos a asumir la responsabilidad sobre nosotros mismos y nuestros actos.

Amigos/as, para quienes viven estas realidades extremas y son los “hermanos mayores”, los “obedientes” los que han asumido esta experiencia como un servicio a sus hermanos desobedientes y a su Padre, a ustedes les digo que es preciso recordar esto para que encuentren sentido en su vida y sus circunstancias pues, posiblemente sientan hoy que no es justo lo que les toca vivir, que no deberían estar donde están. Sepan que ustedes eligieron este servicio, “ustedes aceptaron no ir a la heladería para así colaborar con su Padre en la educación de los hijos desobedientes” están Co creando con Dios, están siendo Co-Padres de sus hermanos dormidos aun en la ignorancia.

Los saludos desde mi corazón!
Nicolas Niglia

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Un pensamiento en “Cuando la vida duele!

  1. Moi Negrín 웃

    Hola Nicolas, me a gustado mucho lo que has escrito ya que yo lo pensé en algún momento, hay dos factores claves, el primero es el cariño y consentimiento, al aceptar las conductas o peor responderlas con la misma moneda, cuando son pequeños les mostramos le enseñamos como actuar en esos momentos, el segundo factor es el eco energético del lugar, un deseo de sufrir por ejemplo o costumbre, como seres espirituales captamos y nos dejamos manipular con facilidad a estas energías que pueden estar desde nuestra mente, en el cuarto o en existencias pasadas…. supongo que hay mas factores…

    Un dia decidí cambiar de actitud con mi hija y sin llamarle la atención en una actitud pacifica la excluía junto a mi, por ejemplo si estamos en la mesa y ella se paraba en la silla (para llamar la atención) la siento en el sillón que esta junto a la mesa… lo entendió y fue santo remedio ella me buscaba y no me encontraba 🙂

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