Querer no es amar…

Cuando queremos, el que quiere es el “yo ego”, es el sujeto humano y solo es capaz de querer si acaso ha superado todos los condicionamientos que la idea de lo que el otro debe ser y hacer impone para liberar ese sentimiento. Querer es afectarse al otro y cuando nos afectamos a algo, se produce una conexión de necesaria bi direccionalidad donde además de afectarnos a aquel/lla somos, a su vez, afectados por el otro.

Como he explicado en otras publicaciones, la identidad que desarrollamos durante los primeros 30 años de vida, la cual es el “yo ego”, es decir, el “yo ser humano terrenal” hombre o mujer, alto o bajo, gordo o flaco, seguro o inseguro, etc. Esta identidad está basada fundamentalmente en “la necesidad”, lo cual nos impulsa a la búsqueda de lo que necesitamos para completarnos. Esa búsqueda entraña conflicto y la vida se transforma en un caos. Este estado de necesidad crónica nos convierte en una especie de mercantilistas por lo cual de todo lo que hacemos esperamos una retribución, una respuesta.

El Yo Ego quiere, es esa la demostración de afecto, pero, fiel a su condición, espera siempre una retribución entonces su afecto hacia el otro está siempre en relación al afecto del otro hacia éste. Es por esta razón que el Yo Ego es condicional en su afecto. Y es por esta misma razón que querer y amar no son la misma cosa. Por ello, podemos querer pero no amar y, usualmente, lo que observamos en las relaciones, y no solo me refiero a las relaciones de pareja sino a las relaciones entre padres/hijos, hermanos, amigos, etc. No es amor sino solamente afecto, lo que llamamos “querer”.

Esta identificación con el ser humano que somos, asumiéndonos como solo eso, como solamente el hombre o mujer y como el resultado de nuestro pasado reciente, no sabe amar sino solo querer. Pues el mecanismo humano está signado por la necesidad como ún látigo con el que la naturaleza empuja a la vida animal a mantenerse co vida. Para amar debemos elevarnos por sobre esta condición animal, debemos romper el monopolio del ego, abrir una grieta que permita ver un poquito más allá “de nuestro ombligo”.

Solo así, cuando podemos romper ese imperio del ego, entonces podremos aspirar al amor. Y, ¿cuál es la cualidad diferencial del amor en comparación al querer? El querer exige retribución, mide sistemáticamente, negocia. Está basado y sostenido en el Yo Ego, por ende sujeto al condicionamiento de la necesidad, de sexo, necesidad de satisfacción de todas las necesidades del sujeto. La mujer necesita que el hombre le de seguridad, respaldo, protección, provisión, prosperidad, etc. El hombre necesita que la mujer mantenga el nido ordenado, calido, necesita la sensibilidad que no tiene, la caricia que el mundo le niega en la lucha diaria por conseguir lo necesario para vivir… en fin, esto hoy se ha alterado por supuesto dado que mujeres han salido a conseguir lo que necesitan y hombres se quedan en la casa cuidando niños… pero básicamente en la programación del genero esto funciona asi y por ello, cuando la mujer sale y el hombre se queda, se producen “ruidos” en la relación que solo pueden ser atenuados cuando hay amor.

Porque el amor surge de una visión trascendental de la vida, considerando a esta vida como solo un momento de una Vida que la trasciende, y no como un todo único y absoluto. Quienes creen que son solo el hombre o la mujer en el que están encarnados y que esta vida es todo, esos viven en un estado de identificación absoluta con el Yo Ego y por ello les es muy difícil amar sino imposible. Romper este velo, hacer una grieta en él para poder ver mas allá aunque sea espiar como a través del ojo de una cerradura, es indispensable para conectar con el amor.

El amor, entonces, surge de un estado de comprensión que hace de esta vida y del que somos, una parte del que somos y de lo que es en realidad por ello, la necesidad inmediata y lo que esta vida suscita no es determinante. El amor no busca retribución, resonamos con el otro y eso es todo, sentimos una profunda conexión, natural, sin esfuerzo, sin medida, sin condicionamiento alguno. Esa resonancia no se contuve deliberadamente sino que surge natural de nosotros, de nuestra frecuencia vibratoria. Por esta razón, “el amor no se busca sino que se encuentra” es atraído y somos atraídos al otro, al complemento, con el que resonamos en armonía.

Cuando amamos no esperamos resultados, sencillamente resonamos en armonía con el otro y nos complementamos con el/ella. El Universo está unido a través de un lazo invisible que es, precisamente, esta resonancia armónica que mantiene adheridas las partes que conforman el TODO. Nosotros resonamos con todo aquello que integra nuestra vida y con lo que nos integramos mientras vivimos. Para resonar en la realidad de esta dimensión, debimos encarnarnos en el ser humano que somos, y es esa la “puerta de entrada” a esta realidad experimental. En esta instancia somos ego, es la identidad natural de este mundo pero, no somos solo eso desde el momento en que nos pensamos como algo más allá.

La cualidad revela el propósito y el propósito determina la naturaleza del Ser. Si somos capaces de comprender más allá de lo que este mundo es, pues ello revela el propósito de ir más allá de lo que este mundo es y esa cualidad, precisamente determina nuestra naturaleza “extraterrestre”, es decir, de seres con origen y destino más allá del ser humano en el que estamos actualmente.

Las relaciones humanas están regidas por la cualidad humana, todo aquello que pertenece a este mundo, y que son las maneras en las que el vínculo con esta vida y con este mundo se manifiestan, están regidas por el mecanismo humano pues, es éste natural de esta realidad. Sin embargo, como estamos destinados a trascender estas cualidades y a elevarnos por sobre ellas “a caminar sobre el agua de las emociones humanas”, es que debemos pasar de querer a amar. Pues el querer es la manera de afectarnos al mundo desde la naturaleza humana propia de este mundo y el amar es la manera de vincularnos con el Universo desde la naturaleza extrahumana.

Este paso de querer a amar es sumamente doloroso, claro está, pues se trata de una muerte y resurrección pero sin dejar el cuerpo. Debe “morir” la identificación absoluta con el yo ego y dar lugar al Yo Superior, a la identificación con el Ser Estelar, extrahumano, el Yo Cristico como se ha llamado. Es doloroso porque mientras estamos “dentro del cuerpo humano” sujetos a los sentidos del cuerpo, solo vemos y comprendemos aquello que el mecanismo animal humano nos permite ver y comprender y por ello, es necesaria la Fe, es decir, aceptar aquello que no podemos percibir de manera concreta a través del mecanismo humano y sus sentidos con la misma convicción y certeza como percibimos las cosas de este mundo.

Toda relación afectada por el ego, es decir, donde queres y no amas, donde te quieren pero no te aman, será sacudida por un terremoto de energía que está siendo irradiada precisamente para que se produzcan grietas en el velo que te mantiene atrapado en ella y puedas ver y sentir desde otra perspectiva más trascendental. Todo en este mundo está siendo exhortado al amor dado que el amor es la resonancia con el Universo, si queremos regresar a la Fuente debemos resonar en armonía con ella….

Saludos
Nicolás Niglia

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2 pensamientos en “Querer no es amar…

  1. Analia Yoga

    Wowwwwww Nicolás Benditas `palabras …. despiertan en mí mariposas multicolores … será qué mi descongelamiento se ha puesto en marcha ? Graciassssssss por cada palabra sincera expuestas aquí , me re suenan

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