Instinto de Supervivencia, el origen del mal…

Vivimos regidos por lo que llamamos “instinto“. Este mecanismo basado en un programa de funcionamiento automático, actúa en forma de impulsos que son consecuencia del estímulo que los sensores del cuerpo (ojos, oídos, etc.) envían al cerebro. El propósito fundamental del instinto, es el de mantenernos con vida. Para vivir necesitamos de una serie de recursos que convertimos en el “combustible” que nos mantiene en funcionamiento. Necesitamos respirar, digerir y una de otras funciones más que son resueltas por el cuerpo y sus mecanismo sin que nosotros debamos intervenir en ellas a consciencia pero, existen otras tareas de supervivencia de las cuales sí debemos ocuparnos. Estas son por ejemplo la de conseguir alimento, agua, un lugar seguro y reparado del clima donde dormir y una mujer u hombre con el cual reproducirnos.

Vos dirás: “pero la reproducción, el celo sexual, no es un tema de supervivencia, de vida o muerte” En realidad sí lo es porque la especie humana se forma de los individuos así como tu cuerpo se forma de las células. El cuerpo necesita que las células se reproduzcan, unas nacen y reemplazan a las que mueren y así el cuerpo sigue vivo. La especie humana funciona como un cuerpo y nosotros como sus células. Entonces, el celo sexual es clasificado como una necesidad de supervivencia y la intensidad de su impulso es similar en poder a la del hambre por ejemplo.

Es una tarea difícil y sumamente desgastante la de contradecir estos impulsos básicos, porque cuentan con la fuerza de toda la naturaleza humana y por ello su intensidad es determinante de nuestros pensamientos y conductas. Reprimir estos impulsos no hace sino condenarnos a una lucha interior que nos mantendrá ocupados en este conflicto sin darnos tiempo y lugar para otra cosa, entonces, ¿qué sentido tiene oponerse o reprimir este impulso? Se trata de conseguir equilibrio, de darle al cuerpo lo que el cuerpo necesita y al Espíritu lo suyo, “A Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar“.

Comprendiendo cómo funciona el mecanismo animal del instinto y el poder de los impulsos de supervivencia a través de los cuales se manifiesta la fuerza de la naturaleza, el hombre utiliza a determinados animales para que realicen distintas tareas haciendo uso de la intensidad de sus impulsos (hambre, sed, sueño, celo sexual) en favor de la ambición del hombre que los aprovecha. Cuando le enseñamos al perro a que asocie “dar la patita” como una manera de conseguir el alimento, estamos re programando su instinto de manera tal que el perro asocie hambre con darnos la patita entones la intensidad del impulso “hambre” estará colocada en la acción de dar la patita y toda la fuerza vital de la naturaleza animal del perro será vertida en esa acción.

El hombre ha utilizado animales con determinada sensibilidad y habilidades particulares a los que ha adiestrado (reprogramado en su instinto) con el fin de servirse de esas capacidades. Así es que se usan delfines en las fuerzas armadas, perros por su olfato, caballos, etc. Pero no solamente se hace esto sobre los animales, también se hace sobre los seres humanos.

La necesidad de alimento, de agua, de un lugar reparado y seguro para dormir, de sexo y toda otra necesidad agregada se sirve del poder del instinto y toda la fuerza de la naturaleza humana se pone en acción cada vez que la vida es amenazada. Este poder natural que se manifiesta a través de los impulsos es usado por, por ejemplo, las agencias de publicidad para impulsarte al consumo o a la adhesión hacia determinada marca o persona o idea. Es utilizada por el mundo para servirse de los seres humanos así como nos servimos nosotros del poder y de la gracia de ciertos animales.

La estimulación permanente del impulso sexual es una de las maneras de mantenernos a raya, así como el adiestrador que le da el pescado al delfín luego de que éste realiza su hazaña, o el bizcocho al perro cuando da la patita. El sexo se ha convertido en una especie de premio que recibimos cuando “hacemos bien nuestra tarea”. Alguno puede pensar que en la relación sexual entre un hombre y una mujer solo intervienen estos dos y sus decisiones son libres e independientes… pero esto no es así!

La pregunta que me hago es: ¿qué es lo que determina que una mujer guste de vincularse con un hombre, es solo un tema de “química”, de piel? O será que existen otros factores que la mujer mira en el hombre y el hombre en una mujer, por supuesto, lo que determina si es conveniente para ella relacionarse con él. Y estos factores, estereotipos, de dónde surgen cómo se instalan en el subconsciente de la mujer?.

Voy a poner un ejemplo muy sencillo: supongamos que yo fabrico guantes rojos de seda, bufandas rojas de seda y sombreros rojos de seda y mi intención, como la de todo empresario, es la de ganar el máximo beneficio posible, instalar mis productos como “necesarios” para la vida y para la supervivencia y de esa manera la fuerza del instinto trabaja a mi favor. Me sirvo entonces de las agencias de publicidad, de los medios de comunicación y contrato una serie de referentes sociales, deportistas, artistas, filósofos, etc. El mensaje que envío a las “hembras “y a “los machos” de la manada es “si no queres ser un perdedor, marginado y moribundo debes tener guantes, bufanda y sobrero rojo de seda, pero no cualquier sino el que yo produzco”… La mujer que usa los guantes, bufanda y sombrero rojo verá con sospecha y temor al hombre que no los use, lo percibirá como un marginal, como un perdedor y preferirá otro que sí los use.

De esta manera, deliberadamente, interferimos el comportamiento instintivo animal humano aprovechando la intensidad del impulso de supervivencia para el beneficio de quienes comprenden cómo funcionamos.

Por otro lado, quienes han advertido esto y han intentado proteger al hombre común, lo hicieron desde una idea represiva del instinto, como decir, “no comas entonces nadie te convencerá de nada ofreciéndote comida o, no tengas sexo y de esa manera no necesitarás guantes, bufanda y sombrero rojo para que seas aceptado” pero esto no ha funcionado.

Lo que debemos hacer, no es reprimir el impulso animal, somos animales mientras estemos bajo el régimen de la carne… sino que debemos domesticar la bestia que llevamos dentro, del mismo modo que domesticamos animales que conviven con nosotros en armonía. Para que una vez educado el animal que somos, entonces tengamos tiempo y lugar para realizar las cosas del Espíritu.

Cuando estamos atrapados en las pasiones de la carne, en temas de supervivencia, en la competencia laboral, en la ambición de tener más, en el celo sexual, etc no nos queda tiempo, lugar ni consciencia para nada más y estamos “muertos en vida” porque no seremos más que un animal, complejo, inteligente, pero animal al fin.

La permanente estimulación sexual, a través de los medios y de la cada vez más permisiva costumbre social está diseñada y dirigida a mantenerte en un estado salvaje permanente, primitivo, del mismo modo, la falta de trabajo, la insuficiencia de dinero, las crisis económicas y políticas todo ello apunta a mantenernos en el estado animal, en la densidad, en la tensión del EGO exasperado.

Si las pasiones de la carne te pierden, busca cuanto antes el equilibrio, conocete, comprendete, soltá esa amarra! los celos, la inseguridad, el dolor de no sentirte aceptado y por lo cual te esmeras en ser reconocido, querido.. todo ello te atrapa en el juego del “amo y la mascota”. Buscá un refugio donde tus pasiones no te alboroten, medita, mudate de ciudad si acaso tu lugar te mantiene en la fiebre del ego… pero no te rindas, no renuncies a Ser vos! y vos sos mucho más que el cuerpo humano y sus impulsos… si tu pareja te desequilibra no por lo que el otro hace o no hace sino porque vos te perdes en la pasión del sexo, porque te nublas y perdes discernimiento, porque no pensas sino en sus infidelidades, en si te quiere o no te quiere, en fin… toma un respiro de todo lo que te mantiene en la tensión del ego y luego que esa fiebre cese, buscate en tu interior, porque sos vos el único que puede ayudarte.

Saludos
Nicolas Niglia

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