Observarse para comprenderse y liberarse del mundo y sus trampas…

Es necesario salirse del juego un momento y mirarnos jugando sin la pasión ni la tensión que el juego nos provoca. Es que en cada movimiento nos jugamos a ganar o a perder y eso es, precisamente, lo que nos tensiona: perder! El miedo a perder y a perdernos en el juego nos condiciona a GANAR! y surge así la adversidad. Entonces, el otro asume la identidad del adversario, el otro se convierte en un obstáculo y temiendo que nos quite y nos gane observamos su jugada y reaccionamos a sus movimientos perdiéndonos en el juego, actuando como un simple mecanismo de estímulo-respuestaCuando caemos en esto ya estamos perdidos en el juego y perdimos la única posibilidad de ganar.

El ser humano está sujeto al tiempo, el tiempo es cuestión de vida o muerte, de hecho, todo cuerpo tiene una fecha de vencimiento y, por otro lado, estamos regidos por un sistema de funcionamiento que llamamos instinto el que nos empuja a la supervivencia. Siguiendo este estímulo, rechazamos todo lo que nos quite vida, lo necesario para sostenernos con vida. Y dado que para la vida es necesario tener un lugar en la manada (en el mundo), alimentos, agua, sexo, poder… lucharemos en defensa de la vida por estas cosas. Cuando el mundo nos obliga a luchar por la vida, generando escaces deliberadamente para mantenernos atrapados en el juego, entonces, estamos en un mundo que nos pierde y es este mundo una especie de laberinto del cual debemos liberarnos. No se trata de ganar el juego sino de salirnos de él.

Toda la fuerza del instinto se pone en juego y el otro, el adversario, provocará en nosotros una tensión de vida o muerte en cada movimiento, jugándonos así la vida en cada partida. Mientras el mecanismo animal humano nos determine e influya nuestras decisiones, entonces estaremos atrapados en el juego (en el mundo) y, la única manera de salvarnos no es ganando el juego sino liberándonos del impulso de supervivencia que nos mantiene aferrados a la adversidad. Debemos comprender el estado de necesidad permanente que nos tiene atrapados en la dependencia, ¿de dónde surgen estas necesidades? Atenuarlas, reducirlas a su mínima expresión es una de las decisiones y actitudes que nos llevarán a la libertad, en vez de luchar por satisfacerlas debemos enfocarnos en apagarlas.

Algunos seres que descubrieron “la trampa” del mundo, intentaron liberarse del poder que el mundo ejerce sobre nosotros a través de la sobre estimulación de las necesidades, pero lo hicieron cayendo en el extremo opuesto. Ayunos, celibato, auto flagelación, es decir, intentaron domar a la bestia, al mecanismo humano comportándose como bestias, a través de la represión… el mecanismo sexual ejerce sobre nosotros una intensidad feroz, nubla la razón y apaga la consciencia y sabiendo esto, el mundo sobre estimula este mecanismo constantemente para mantenernos, precisamente, con la razón nublada y sin consciencia. Entonces, la solución es el equilibrio, la comprensión de cómo actuamos ante cada estímulo y decidir a consciencia ante qué estímulos nos expondremos, pero, obligarnos a un celibato no es la solución del tema, es como “guardar la mugre debajo de la alfombra”… del mismo modo que en el caso del impulso sexual, ocurre con el impulso de supervivencia en general el cual es estimulado sistemáticamente para mantenernos en estado salvaje, de competencia, acecho, adversidad… con la razón nublada y sin lugar para la consciencia.

Observémonos, comprendámonos en lo cotidiano, “jugando el juego” de este mundo, salgamos del lugar en el que estamos, como jugadores, y coloquémonos en la posición del observador… describamos con la mayor objetividad posible nuestra realidad, ¿qué nos mantiene sujetos a ella? ¿cuáles son las ideas rectoras sobre las cuales se sostienen nuestros pensamientos y juicios? ¿a dónde nos lleva lo que estamos haciendo, por qué hacemos lo que hacemos, qué esperamos conseguir a dónde queremos llegar? ¿vivimos para sobrevivir?

Observémonos con ojos sinceros, con honestidad, sin juicio, sin condicionamiento, describámonos con el pragmatismo de un científico y con la compasión de un Apóstol, estamos en el cuerpo pero NO somos el cuerpo, estamos sujetos a un mecanismo pero NO somos el mecanismo, estamos condicionados por el tiempo pero NO es el tiempo nuestra realidad… comprendamos cómo nos afecta y aferra este mundo y su juego, y cuidémonos de las tentaciones que el mundo siembra cada día para que  tropecemos en ellas y quedemos atrapados…

Ejercitemos a diario la “toma de consciencia” la visión abstracta sobre nosotros mismos, veámonos actuar, pensar, hacer… escuchémonos hablar…

Saludos

Nicolas Niglia

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