Nadie es profeta en su tierra…

Cuando vemos con lo ojos de la costumbre, de la memoria y del pre juicio, no vemos lo que es sino lo que parece ser. Y nos perdemos la esencia, lo verdadero. Alguien dijo alguna vez que el problema del ignorante es que solo cree en lo que sabe y por ello, jamás aprende pues lo que desconoce lo cree imposible o irreal. Si solo creemos en lo que sabemos y  aceptamos lo que creemos, entonces no aprendemos y somos ciegos para lo esencial.

Hace algunos año atrás, mi mujer me invitó a una obra de teatro muy particular, todo se desarrollaba a oscuras, tal cual si fuéramos ciegos de hecho se llamaba Teatro Ciego, o algo así. Una voz femenina cantaba con una armonía conmovedora, me trasladaba a escenarios y lugares como si su canto fuese un tren que nos transportaba hacia esos sitios con solo dejarnos llevar. Mientras todo esto ocurría, nos servían la cena, en plena oscuridad! Quien nos atendía en nuestra mesa era una mujer quien, a mi juicio de entonces debía tener algún visor nocturno pues cuando sirvió la cena exclamé un pensamiento en vos alta “a donde esta que no la veo” a lo que ella respondió tomando mi mano y llevándola hasta el tenedor junto al plato… “cómo supo donde estaba mi mano” pensé! “cómo la vió?”…

Al término de la obra, encendieron la luz. Entonces, las imágenes que habíamos creado acerca del lugar, de cómo era, la idea que había formado acerca de quien cantaba, y la imagen que había concebido de esa mujer que atendía mi mesa, todo ello se desvaneció. Como si fuéramos despertados de un lindo sueño y enfrentados a “una cruda realidad”…

Toda la belleza que había visto en el transcurso de la obra, mientras estábamos a oscuras, se desvaneció. El lugar era un salón sencillo con paredes que necesitaban pintura, la cantante era una simple mujer no vidente tal cual la mesera vestida con ropas comunes y sin nada “extraordinario”… sentí una gran desilusión!

¿Qué es lo que cambió? Mientras la obra se desarrollaba, los sentidos del mecanismo humano, el ego y sus creencias y prejuicios, estaban apagados, el ego estaba ausente. Precisamente al no ver, el más intenso de los sentidos, la visión, dio lugar a otros estados de sensibilidad. Eso me permitió conectar con la esencia del canto, con la bondad y la dedicación de quien atendía la mesa, en fin, libre, aunque parcialmente, de lo condicionamientos del ego, pude conectar con aquella situación desde otro estado de sensibilidad, más profundo! Lo que diríamos, desde el corazón.

En realidad, el lugar era como lo había percibido mientras estábamos a oscuras, porque solo así pude percibir la esencia de aquello, lo que verdaderamente te había creado. La mujer que cantaba era no lo que veía con los ojos del cuerpo sino la que imaginé mientras cantaba, vi su esencia en su canto, ella era su canto y no la imagen que vieron mis ojos cuando encendieron la luz. Comprendí, entonces, que esas personas “no videntes” podían ver la esencia que nosotros, los videntes somos incapaces de advertir a causa de lo prejuicios y filtros que impone el ego y sus mecanismos.

Nadie es profeta en su tierra.. .pues en nuestra tierra somos vistos no por la esencia sino a través de los ojos del ego. Para quienes creían que de Galilea no podía salir nada bueno, les fue difícil ver en Jesús su esencia. Para quienes creían que un carpintero no podía ser Hijo de Dios, les fue difícil aceptar que Jesús lo era. Para quien cree que el dinero es la consecuencia lógica del poder, les es difícil comprender que alguien puede tener PODER y no tener dinero… es que cuando vemos desde el mecanismo humano, vemos desde la memoria, desde la costumbre… y nos perdemos lo esencial!

Pero, cuando somos desconocidos, cuando quien nos ve por primera vez no sabe nada de nosotros ni del lugar del cual venimos entonces, su sensibilidad es mayor y entonces pueden ver y recibir lo esencial en nosotros. Mis vecinos me ven como un igual, en realidad, ven en mí una proyección de ellos mismos y por ende, no creerán en mí más de lo que creen en sí mismos, no creerán que soy capaz de ser y hacer más de lo que ellos mismos son capaces de ser y hacer porque en mí se ven a sí mismos pero, si acaso fuera a otro país, donde nadie me conoce, donde tienen otras costumbres, donde hablan otra lengua entonces, esas personas verían algo distinto, deberían leerme no desde la memoria de sí mismos sino que tendrían que reconocerme en el aquí y ahora…

La primera impresión es la que cuenta, suele decirse y es así, porque es la primer lectura que el otro hace de nosotros y es la clasificación que realiza de lo que somos. Todo lo que viene después será comparado con esa primera impresión. Si vienes de un país de narcotraficantes, pensarán de vos: “¿será un narco?”, si vienes de un país de terroristas entonces pensarán que lo eres y tu fama te precede y condiciona a quienes te “leen”. Pero, si a donde vas y quienes te reciben no tienen conocimientos previos, entonces, tienen la oportunidad de ver tu esencia! Y recibir los frutos que tienes para compartir.

Dichosos los que ven pues muchos creen ver y son ciegos….

Saludos
Nicolas Niglia

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