La Filosofía del Sacrificio

Se nos ha inculcado como normal y aceptable la Filosofía del Sacrifico como actitud y acción para conseguir lo que anhelamos y para merecer lo que conseguimos. Es usual que algunas personas destaquen su sacrificio como un rasgo de honorabilidad y es automático el respeto que surge hacia quien se ha sacrificado en su vida sin importar detrás de qué causa o intención.

Como tantas otras cosas que se han tergiversado, esta es una de ellas. El sacrificio en sí mismo no tiene valor alguno pues qué significado tiene el esfuerzo de quien se empeña en conseguir lo que no debe, lo que no necesita, lo que no le corresponde? ¿qué valor tiene el sacrificio por el sacrificio? y mucho más si acaso el sacrificio implica perjuicio para otros pues, en un mundo de competencia y de limitación el sacrificio implica esfuerzo por ganar lo que significa que los demás no ganen sino que pierdan entonces la fuerza que ponemos en el sacrificio cotidiano resulta en el poder que convalidad y enriquece un sistema de vida regresivo como el actual.

Nos sorprendemos ante quienes se inmolan y sacrifican su vida por una causa, por una idea o por obligación… pero de modo muy parecido actuamos nosotros cuando nos sacrificamos por lo que queremos conseguir sin importar qué es lo que buscamos y en qué nos convierte una vez alcanzado. ,Necesitamos del sacrificio para conseguir legitimidad de lo que obtenemos o recibimos de la vida, de lo contrario nos pesa… se mira mejor al que se esfuerza en hacer, aunque haga mal, que a quien hace bien sin esfuerzo o a quien por no saber hacer lo que se le pide ni siquiera lo intenta y se concentra solo en lo que sabe ser y hacer…

Esta filosofía del sacrificio por el sacrificio ha hecho de esta una generación de mártires y así como en la jerga militar se reverencia al soldado que ha dado la vida por sus camaradas y por su patria, en lo cotidiano se reverencia al sacrificado, se lo respeta por el solo hecho de su devoción al dolor y al esfuerzo…

Pero, en realidad, lo malo no es la idea del sacrificio, sino que el sacrificio tiene un sentido que se ha degenerado precisamente para utilizar la fuerza que resulta de esta filosofía de vida, muy arraigada en las personas, pero no en el sentido correcto sino como una oportunidad de negocio para quienes manipulan la consciencia colectiva (allí donde están programadas las ideas de lo que es bueno y de lo malo, de lo que se debe ser y hacer y de lo que no) El sacrifico tiene sentido solo cuando lo aplicamos en el cumplimiento de nuestro propósito de vida, aquello que da sentido y razón a nuestra existencia.

¿De dónde surge esta filosofía del sacrificio?

La encarnación en sí misma implica todo un sacrificio pues el Ser que encarna (inmortal) acepta la experiencia de la muerte con tal de vivir la experiencia de la vida en la piel del ser humano en el que encarna. De allí viene esta idea que luego se ha tergiversado y se aplica para cualquier cosa.

Jesús nos dijo: “no más sacrificios y más Misericordia”, el sacrificio es ya un hecho cuando encarnamos, luego, por supuesto, debemos empeñarnos en conseguir SER quienes SOMOS… este es el mayor de todos los retos, vivir la experiencia sin perdernos en ella, recorrer el laberinto sin quedar atrapados allí e inmovilizados por el miedo a no salir jamás, pues si no seguimos caminando jamás saldremos…

El único sacrificio en vida que vale la pena y que tiene sentido real es el que hacemos para Ser quienes somos, para ejercer nuestra sensibilidad y compartirla, para manifestar nuestra voluntad vocacional, nuestro talento… no para ganar dinero, para pagar las cuentas, para comprar un auto nuevo, para irnos de vacaciones…. eso es el sacrificio del esclavo, eso es martirio y no tiene virtud alguna, empobrece al Espíritu.

Alguno pensará que esta es la justificación perfecta del holgazán, lo que digo es, el sacrificio mal empleado es fuerza mal dirigida y mal administrada, es poder mal usado… el sacrificio, si es requerido en la expresión de nuestra vocación para el logro de nuestro propósito de vida, debe ser puesto en ello y en nada más, todo lo demás nos condena a la esclavitud, al martirio, al error.

Saludos, Nicolas Niglia
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