El regreso al hogar, a la Fuente…

Habrás escuchado o leído acerca de “el regreso al hogar, a la Fuente” y,  tal vez, alguien piense que regresará al principio, al estado de plenitud original del cual “fuimos arrancados”, circunstancia que llamamos “La Caída”. Es cierto que hemos estado ya en un estado de plenitud, de totalidad, del cual hemos sido separados pero, no es del todo acertada la idea que postula la posibilidad de regresar al origen. Tenemos la posibilidad de recuperar el estado de plenitud que todos añoramos, al cual denominamos como “El Paraíso” pero, no es que vamos a regresar al origen, no volveremos al pasado, a la casa de nuestros padres, sino que ese estado lo recuperaremos cuando manifestemos nuestra plenitud.

Cuando observamos un árbol que ha alcanzado su madurez, ¿qué es lo que hace que el árbol sea árbol? ¿cuál es la parte del árbol que es más árbol que las otras?… es el tronco, las ramas, las hojas, las flores, los frutos, las semillas? todo ello mientras está unido al árbol es el árbol!. La semilla, mientras está unida al árbol es parte del árbol y, dado que solo el árbol que alcanza la madurez produce semillas, la semilla es parte de un árbol maduro, en plenitud. La semilla, mientras está unida al árbol y dado que es el árbol, vive en plenitud.

arbol

Pero, la semilla, cuando esté lista para comenzar su propio camino, será separada del árbol y perderá ese estado de plenitud. La semilla que Cae del árbol es individualizada, asume identidad propia (ego) y comienza así el “Camino de regreso a la plenitud que ha perdido”. Pero, no es que la semilla regresará al árbol del cual ha sido separada sino que deberá transformarse en un nuevo árbol y alcanzar el estado de madurez y plenitud, y dar nuevas semillas, por supuesto. De esto se trata, así funciona la Creación, a través de la multiplicación igual que un árbol se multiplica en nuevos árboles cada vez que sus semillas germinan, para lo cual debes ser separadas del Árbol Original.

En nuestro caso sucede de manera muy parecida al ejemplo de la semilla. Hemos formado parte del Árbol de la Vida, hemos estado ya en ese estado de plenitud, de totalidad. Pero, hemos sido separados, hemos Caído al suelo de algún planeta en el cual iniciamos el proceso de individualización es decir, hemos asumido identidad individual, condición de sujeto, surgió así el Yo Soy, la noción de nuestra individualidad. Pero recordamos y anhelamos aquel estado de plenitud y totalidad del cual hemos sido separados y queremos regresar a él.

Como en el caso de la semilla, y dado que somos Semillas Estelares, no regresaremos al Árbol Original del cual hemos sido separados y del cuál caímos, sino que debemos germinar un nuevo árbol y solo así alcanzaremos ese estado de plenitud que añoramos.  Como he mencionado alguna vez, “estamos condenados a la evolución” pues es el único Camino hacia ese estado que  todos deseamos. El impulso evolutivo nos conduce hacia ese destino, hacia la manifestación de la máxima expresión de nosotros mismos! Por supuesto, podemos retrasarnos, distraernos, pero jamás podremos frenar el impulso evolutivo.

La semilla, una vez que cae al suelo, es estimulada por la experiencia que le toca vivir, por la humedad del suelo, por el sol, la temperatura, etc. todo ello compone sus circunstancias, y de ello recibe el estímulo que necesita para encender el proceso de germinación, Si no recibe estos estímulos no prospera. Con nosotros sucede de igual manera, las circunstancias traen los estímulos que necesitamos para encender y manifestar los aspectos más elevados, los que nos van acercando a la plenitud. Pero, no todos los estímulos son favorables, porque hemos interferido el Orden Natural de las Cosas.

Lo concreto, entonces, es que la única manera de regresar al hogar, al estado de plenitud y totalidad que añoramos, es construyéndolo, y eso solo se consigue cuando manifestemos la máxima expresión de nosotros mismos para lo cual necesitamos de los estímulos que encienden los aspectos más elevados de nosotros mismos y no los que activan los aspectos más primitivos y nos condenan a la mínima expresión del ser humano, nos regresan al comportamiento animal salvaje, viviendo en miedo, inseguridad, competencia, rivalidad y celo sexual…

Saludos, Nicolás Niglia

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