Uso y abuso del poder

Todos necesitamos de los otros, de lo que otros tienen o de lo que otros son. Esa necesidad del otro crea la dependencia que da forma y jerarquía al tejido familiar y social. Los que tienen lo que los otros necesitan ostentan legítimanente un poder sobre aquellos pues, la necesidad nos hace dependientes de quien tiene el poder de satisfacerla. La necesidad es la manera a través de la cual la naturaleza se expresa y manifiesta sus requerimientos para concedernos el derecho a la vida. Quienes cumplen los requisitos que la naturaleza impone tienen mayor jerarquía que los que no los cumplen.

Cada ser humano puede alterar el estado de otra persona hasta el punto en que la otra persona sea capaz de llegar con tal de recibir lo que necesita o ambiciona. Por naturaleza animal humana, creamos simpatía con quien nos provee lo que necesitamos, con quienes nos otorgan así el derecho a la vida.  Los hijos crean simpatía con sus padres pues de ellos reciben lo que resuelve las demandas de la existencia. Los empleados con sus jefes, etc.  El “síndrome de estocolmo” de hecho, se basa en este aspecto natural y común a tantos otros animales. Todo ser vivo crea empatía con el medio sustentador, con el líder que provee protección y provisión de lo necesario para sobrevivir y, también, con quienes tiene poder sobre nuestra vida, con quienes pueden matarnos y no lo hacen.

Una sola palabra puede cambiar el estado de ánimo de otra persona, podemos dar una respuesta que resuelve una inquietud y concluye un problema; también, podemos utilizar ese poder para persuadir al otro y para conseguir del otro lo que nos interesa de aquel sin importarnos las consecuencias de esta manipulación y por ende, el mal uso del poder. El uso de este poder, natural, sobre los otros, sin consciencia de las consecuencias de ello y sin consideración de la suerte del otro, corrompe el poder y genera oposición a él. Y dado que la jerarquía y el poder son expresiones naturales del mecanismo de funcionamiento animal humano, si nos oponemos y no reconocemos jerarquía y poder, nos oponemos a la naturaleza y a la vida… nos hacemos marginales.

Los padres manipulan a sus hijos a través del miedo y de la culpa para conseguir de ellos obediencia, lo hacen, por supuesto, generalmente sin intención de abusarse sino para conseguir de sus hijos lo que consideran que es mejor. Por ejemplo, cuando la mamá amenaza al hijo con algún monstruo que se lo llevará o que lo devorará si acaso no toma la sopa. Es este un mal uso del poder natural que tenemos sobre otros y es, además, origen de tantos problemas cotidianos de la vida. Esos niños serán adultos y utilizarán el poder siguiendo el mismo criterio que observaron en sus padres. O bien, sentirán rechazo al uso del poder y al poder, pues han sido abusados por el poder que otros ostentaron sobre ellos.

Las consecuencias del mal uso del poder no son solamente los resultados directos de ello, sino que el mal uso del poder provoca, en el abusado, un rechazo al poder a causa de la experiencia traumática en este sentido. Esto es muy claro y evidente en los casos de personas que han sido criadas por padres autoritarios y excesivos en la disciplina hasta llegar al maltrato, estas personas sienten un claro rechazo al poder. Las personas que tienen este rechazo al poder viven en un dilema de fragmentación pues, el poder es una facultad innata en todos nosotros, el poder para alterar el estado emocional y mental de una persona a través de una palabra, de un gesto, pero, quien está en conflicto con el poder y lo rechaza se fragmenta en sí mismo y termina mal usando ese poder generando las mismas o peores consecuencias que él mismo padeció.

Analicemos un momento qué es el poder. Como suelo decir, no vayamos a la memoria, a lo leído de algún libro o a lo que hemos escuchado de alguien, indaguemos nosotros mismos, construyamos la idea. Podemos decir que el poder es una capacidad de generar cambios o de evitar que otra voluntad distinta a la nuestra se imponga y prospere por sobre nuestra  intención. Algunos casos concretos de poder son la facultad que tiene la mujer de seducir al hombre y conseguir la empatía de éste, su adhesión voluntaria a su voluntad; es poder la facultad que tiene el jefe sobre su empleado y por lo cual consigue el respeto y la empatía, adhesión voluntaria del empleado para con la voluntad del jefe, etc. Es decir, que la otra cara del poder es la necesidad.

Las relaciones de poder, sino toda relación, están basadas en la necesidad de unos y en el poder que otros tienen para satisfacer esas necesidades. El hombre necesita una mujer para satisfacer su necesidad no solo de sexo y reproducción sino también, para resolver necesidades que la costumbre y los hábitos culturales agregan. La necesidad de dinero otorga poder a quienes tienen dinero sobre los que lo necesitan, quienes se someten a sus condiciones y demandas a cambio del dinero que necesitan. Toda relación humana habitual está basada en esta dualidad necesidad de unos y poder de otros para satisfacer esas necesidades.

uso del poder

La necesidad de unos es, entonces, la fuente del poder de otros. Pero, no solo es la necesidad de unos lo que otorga poder a otros, pues, la culpa y el miedo son también fuentes de poder. La culpa del padre otorga un poder al hijo lo cual concluye en mal uso del poder dado que el hijo cuenta con un poder en desequilibrio con su madurez, el poder que el padre no ejerce sobre su hijo por ejemplo a causa de la culpa por algún hecho y abandono pasado, genera desequilibrio en el uso del poder y en el vínculo padre-hijo. Una mujer abusa del poder que la culpa de su ex marido, padre de sus hijos le otorga cuando ese padre cree que daña a sus hijos por el hecho de no estar con ellos. La culpa que los padres sienten por no darle el nivel de vida y educación que quisieran para sus hijos le otorga poder al dinero y esos padres destinarán todo su tiempo y esfuerzo en conseguir el dinero que no tienen o que les falta. Y así, sin quererlo, sin darnos cuenta, estamos dándole más poder a la causa que nos lo quita y cuanto más poder otorgamos a las causas de la pérdida de nuestro poder, más poder perdemos y más insuficientes somos.

Enfoquémonos ahora en alguna de esas relaciones de poder, en las que no somos el que tiene el poder sino el que necesita del otro o de lo que el otro nos provee. Analicemos qué necesidad le está otorgando nuestro poder a ese otro. ¿es una necesidad concreta, como puede ser dinero, un bien o es culpa o miedo? verifiquemos qué es lo que nos vincula con los demás, con quienes ejercen su voluntad sobre nosotros, ante quienes cedemos y callamos, ante quienes adherimos a su intención rechazando o ignorando la nuestra. ¿Qué necesidad o qué idea es la que nos hace otorgar y conceder el poder sobre nosotros a esas otras personas?

Para comprender mejor esto del uso y abuso del poder, vayamos a los elementos más representativo y tangibles de lo que el poder es, esto es: el dinero y el tiempo. Estas son las dos maneras de otorgar poder a otro o a una idea. Verifiquemos en qué gastamos el dinero, pues en eso en lo que lo gastamos a eso y a esas personas les estamos otorgando poder, y verifiquemos el tiempo que destinamos para conseguir el dinero que utilizamos para pagar lo que pagamos pues, a esas personas y cuestiones en las que asignamos nuestro dinero, a eso le estamos destinando todo nuestro poder pues, el tiempo que destinamos a conseguir dinero es tiempo que quitamos a otras cuestiones y, el dinero que asignamos a las cosas y cuestiones en las que gastamos el dinero es dinero que no otorgamos a otras cuestiones. Entonces, la pregunta es ¿en qué cuestiones estoy utilizando mi tiempo y en qué cuestiones estoy gastando el dinero? pues, aquello a lo que le dedico el tiempo y aquello en lo que utilizo mi dinero son las cuestiones a las que les concedo mi poder.

Un ejercicio muy rápido y sencillo es el  de escribir a modo de lista, las cuestiones cotidianas en las que utilizamos el tiempo y, otra lista es la de cuestiones en las que gastamos el dinero. Por ejemplo: el día tiene 24hs, de las cuales utilizamos 8hs para dormir, nos quedan 16hs útiles, de las cuales 4hs consumimos en alimentarnos, nos quedan 12hs. De estas 12hs unas 2hs diarias o más gastamos en traslados, nos quedan 10hs de las cuales 1o 2 hs dedicamos a entretenimiento, gimnasio, distracción y el resto, las 8hs que nos quedan las dedicamos a conseguir el dinero para pagar la cama y la casa en la que dormimos, el alimento y la bebida, el traslado y el entretenimiento…. que este ejercicio termine siendo una experiencia triste y angustiante o enriquecedora depende de si esas 8hs que dedicas a conseguir el dinero, son 8hs en las que haces algo que harías de todos modos aún si no te aportara el dinero que necesitas o si estas haciendo lo que has conseguido con tal de ganar el dinero que necesitas… si es la primera opción, entonces no hay de qué preocuparse, no hay, en principio mal uso del poder ni pérdida del poder pero, si estas en la segunda opción, en la que lo que haces para conseguir dinero lo haces únicamente porque te da el dinero que necesitas y si dejaran de pagarte no lo harías más, entonces estas mal usando tu poder, lo estas depreciando, desvalorizando y te estas empobreciendo. En este último caso, tu vida va rumbo a la depresión, al vacío existencial….

Cada vez que haces por dinero algo que si no necesitaras dinero no harías, estás cediendo tu poder no al dinero sino a la necesidad y de esa manera empoderas el estado de necesidad. Por supuesto que existen necesidades concretas e ineludibles que debemos atender, pero existe también una relación de balance, equilibrio. Debemos comprender que al convalidar las relaciones de mal uso del poder o de desequilibrio en el uso del poder, estamos haciendo mal uso del poder nosotros también y no solo el que lo mal utiliza concretamente. Un ejemplo habitual de esto es el siguiente: generalmente preferimos cumplir a quien es demandante e insistente y quien no nos perdona un solo incumplimiento que a quien es tolerante, comprensivo y sensible ante nuestras limitaciones. Cuando optamos por cumplir a la voluntad del inescrupuloso e insensible en vez del comprensivo y tolerante, entonces estamos dando poder a la inescrupulosidad y a la intolerancia, empobreciendo a la sensibilidad y a la compasión. Es así como nosotros nos hacemos cómplices necesarios en el mal uso del poder.

No se trata solamente de no hacer mal uso del poder, rechazando el poder no nos liberamos de la responsabilidad del bien uso del mismo sino que al aceptar el mal uso que otros hacen del poder, al dar crédito a su ambición, a su intención y a su voluntad estamos siendo tan responsables como aquel del mal uso del poder y de las consecuencias de ello. La ingenua idea de que el que no tiene poder, por ejemplo el pobre que por ser pobre no tiene responsabilidad en la injusticia que la pobreza representa es errada dado que el pobre convalida su pobreza al aceptarla. Es pobre no aquel que no tiene poder, pues todos tenemos poder, sino que es pobre aquel que es incapaz de reconocer el poder y el mal uso del mismo. La verdadera pobreza surge de la insensibilidad de la cual es consecuencia el mal uso del poder, la corrupción.

Es insensible el pobre que vive en la marginalidad como el rico que ostenta su fortuna insensible ante el desequilibrio que para ello ha provocado y sostiene deliberadamente pues, el poder de unos tiene como contracara la necesidad e insatisfacción de otros, así, el poder exagerado de unos implica la exageración de la necesidad y de la insatisfacción de otros! El equilibrio se logra únicamente apagando ambas exageraciones dado que son manifestaciones de una misma causa. ¿Por qué el pode exagerado de los ricos es un mal uso del poder? porque ´su fuente y origen es la exageración de la necesidad e insatisfacción de otros! El buen uso del poder construye poder, satisface y otorga plenitud a todos, no solo a los que lo consiguen y ostentan.  Cuando un líder libera a un pueblo de la esclavitud, ostenta un poder y reconocimiento pero basado en un bien común, en la satisfacción general de todos y no solo en su ambición.  Cuando un Santo se sacrifica lo hace siguiendo su ambición de elevarse y cumplir su propósito pero a la vez santifica a la condición humana. Y así, el uso del poder es lo que determina la calidad de la realidad que construimos, no solo en cómo utilizamos el poder o si lo utilizamos o lo rechazamos sino en la aceptación o rechazo que hacemos del mal uso del poder que otros ejercen.

Verifiquemos nuestras relaciones, analicemos la necesidad que da poder a quien lo ostenta sobre nosotros, observemos cómo nos vinculamos con el poder, lo asumimos, lo utilizamos a consciencia, ¿cómo asignamos el tiempo, en qué gastamos el dinero, qué hacemos para conseguir dinero, haríamos lo mismo aún si no nos pagaran lo suficiente o solo hacemos lo que hacemos porque necesitamos el dinero que ello nos provee?

Saludos, Nicolás Niglia

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