Tener sexo y comer carne ¿nos eleva o nos densifica?

Tema controvertido si los hay, el sexo y comer carne, todo lo que rodea la cuestión sexual y de la alimentación da para mucho análisis por supuesto, y desde distintas perspectivas. Pero, en este artículo me focalizaré específicamente en esta pregunta o, mejor dicho, en la respuesta a la pregunta que compone el título: tener sexo y comer carne ¿nos eleva o nos densifica?

comer carne tener sexo

Pensemos, analicemos esta cuestión razonando aún aquello que consideramos obvio. ¿Es realmente una decisión nuestra tener sexo, somos nosotros en el uso de un verdadero estado de libertad quienes decidimos tener ganas de tener sexo con alguien o, es en realidad un resultado, una respuesta automática ante un determinado estímulo lo que nos induce y empuja la voluntad hacia esa dirección? Si el sexo surgiera de la libre elección de las personas, tendríamos el poder de independizarnos de este impulso sexual y ante un estímulo erótico, por ejemplo, no deberíamos sentir nada pero, si acaso, cuando percibimos un estímulo reaccionamos automáticamente ante él, entonces no podemos sostener la idea de que el sexo surge de la libre elección. Lo que sí, tal vez, podemos elegir es con quién y cuándo, pues, la decisión de no obedecer el impulso sexual entraña toda una serie de conflictos que provocan transgresiones y desequilibrios en todo orden de la vida. Por ello, creo que estaremos todos de acuerdo en aceptar que el sexo es un impulso que no surge de un verdadero estado de libertad del ser, sino que viene dado en la naturaleza animal humana y que es, además, común a tantas otras especies animales con las que compartimos muchas más cualidades y comportamientos.

Entonces, el sexo, el acto sexual es un aspecto natural del mecanismo animal humano, es uno de los aspectos más mundanos y terrenales que poseemos, una de las cualidades más animales que aún nos quedan. Pero, por ser una cualidad animal y terrenal no podemos decir que es negativo o contrario a la espiritualidad. Sería como asumir que el hambre, que la sed, que el sueño son contrarios a la Espiritualidad. Una cosa es que estas cualidades sean opuestas por naturaleza a las cualidades de la naturaleza Espiritual del ser humano pues, mientras que la naturaleza animal está basada en un estado de insatisfacción crónico, el cual nos empuja a conseguir todo el tiempo aquello que necesitamos y a defenderlo, la naturaleza Espiritual es autosuficiencia, abundancia y eternidad. ¿cómo es posible entonces integrar ambas naturalezas tan opuestas en un solo ser?

Este es uno de los temas que desarrollamos y analizamos en profundidad en el Taller de Consciencia Cristica Grado 33, daré aquí una breve respuesta para no extenderlo más de lo necesario. La naturaleza animal humana, la cual se expresa a través de cualidades,  aspectos y comportamientos como es el sexo, el hambre, la sed, el sueño y la mortalidad entre otros, vibra un determinado nivel de frecuencia que se corresponde con la frecuencia vibratoria natural de Gaia y del mundo animal. Esta vibración nos pone en resonancia con la  consciencia colectiva humana, con lo que llamamos la “consciencia inferior del hombre”. Por otro lado, la naturaleza Divina en nosotros se expresa a través de cualidades, aspectos y comportamientos que vibran en frecuencias más elevadas y que no resuenan con Gaia sino con lo que llamamos “El Cielo” (digo “El Cielo” para no extenderme en la explicación de lo que ello implica pues no es el objeto de este artículo).

Para que estas frecuencias puedan integrarse sin “romperse” unas con otras debe existir una frecuencia UNIFICADORA que permita dicha integración de todas ellas en una sola. Esta frecuencia unificadora es la frecuencia que emitimos desde nuestro Núcleo Corazón, es la frecuencia del Yo Crístico, la frecuencia del AMOR. Esta frecuencia neutraliza la oposición natural entre las dos naturalezas, la animal y la Espiritual que convergen en el ser humano. Entonces, podemos seguir adelante la vida como ser humano mientras nos elevamos y expresamos las cualidades de la naturaleza Divina.

El sexo, es una de las cualidades que surgen de la naturaleza animal del ser humano, y por ende, su vibración se corresponde a los tonos inferiores, los que resuenen con la consciencia colectiva inferior del hombre. Es decir, es una energía animal la que se mueve en torno a la relación sexual y al comportamiento sexual de las personas. Pero, como e dicho en el párrafo anterior, cuando está activo el Núcleo Corazón y vibramos en la frecuencia del amor, es posible reducir la vibración al tener sexo sin quedar atrapados o reducidos en ella pues, la misma frecuencia del amor transmutará todo residuo negativo propio de ese tono vibracional inferior. Una persona que se enamora de otra persona y además se estimulan sexualmente, es decir, se gustan, están unidas no por el impulso sexual sino por el amor que uno estimula en el otro. Cuando tienen sexo estas dos personas, si bien el acto sexual se corresponde a una energía inferior, será la energía del amor, el tono vibracional el que mantiene el equilibrio en el ser, transmutando toda densidad que el mismo acto sexual genera. 

Dicho de otro modo, todos somos estimulados sexualmente desde que el aparato sexual está maduro en nosotros, ante esta estimulación no todos reaccionamos igual, cada uno hace lo que puede en relación a lo que le han enseñado, inculcado y a los traumas y experiencias que ha tenido. A veces no es el sexo lo que nos reduce la vibración sino los traumas y miedos que ello provoca o evoca en nosotros. Pero esto es otro tema. Como he mencionado al principio de este artículo, lo que sí podemos elegir es con quién tener sexo y cuándo pero, ¿desde qué idea, creencia e intención elegimos con quién tener sexo? Pues si elegimos tener sexo con quien “nos conviene” pues resolvemos no solo el impulso sexual sino que además solucionamos algún otro tema, entonces, estamos usando el sexo como una moneda de pago, estamos dejándonos utilizar por la necesidad y dado que la necesidad surge de la naturaleza animal humana, entonces, no es el amor lo que nos vincula con esa otra persona sino una cuestión terrenal. En este caso, el sexo nos reduce a la mínima expresión y no hay nada en ese vínculo que nos eleve más allá de eso. Sería mucho más digno mantener sexo con una persona con el solo interés de satisfacer el apetito sexual sin más compromiso ni propósito que ese, que vestir el vínculo con propósitos y conveniencias ajenas a la cuestión en si pues, la honestidad es una cualidad de la naturaleza Espiritual.

Cuando somos honestos con nosotros mismos, cuando aceptamos nuestro aspecto natural y salvaje y damos al cuerpo lo que necesita pero al hacerlo seguimos manteniendo la honestidad con nosotros  y con los demás involucrados en ello, entonces no perdemos la frecuencia de los tonos vibracionales más elevados. Y es mejor esto que mentir, manipular o confundir para sencillamente satisfacer un impulso natural de la condición animal humana. Si somos capaces de tener sexo sin “apagar” la frecuencia del Núcleo Corazón, sin perder la vibración del amor, entonces hagámoslo! hagamos todo aquello que no reduzca la vibración en la que estamos, hagamos todo con y desde el AMOR y estará bien todo lo que hagamos. Pero, seamos honestos y no nos engañemos, no digamos “esto es amor” cuando sabemos que no lo es…

¿Cuál es la similitud con respecto a comer carne? Así como he mencionado con respecto al sexo, en el sentido de que el sexo en sí mismo no es malo ni bueno sino que ello depende de si vibramos en amor o no, y si vibramos en amor el sexo y lo que este acto animal genera será transmutado y si no hay amor no será transmutado reduciendo entonces nuestra vibración; del mismo modo sucede con los hábitos alimenticios, como por ejemplo el de comer carne. El tema no es comer carne o no comer carne sino que la cuestión fundamental es si estás vibrando en la frecuencia Cristica, en la vibración del amor y si al comer carne pierdes esa vibración o si eres capaz de transmutar los residuos de la densidad de la carne. Si es así, entonces, podrás comer carne y transmutar sus efectos negativos vibracionales pero, si no vibras en amor, el hecho de que no comas carne solamente conseguirá una digestión más liviana y más rápida, no más que eso. Nadie se hará más sabio, más espiritual, más bueno por no comer carne o por no tener sexo! Distinto es que al alcanzar sabiduría y haber madurado en tu identidad Espiritual decidas no comer carne o no tener sexo, es otro tema muy distinto.

Quiero decir con esto que lo importante no es comer o no comer carne, no es tener o no tener sexo sino que lo verdaderamente importante es vibrar en la frecuencia del amor, tener activo el Núcleo Corazón y no apagarlo por nada! no hacer nada que implique bajarnos de ese estado! entonces, cuando estés en ese estado de vibración vos solo/a te darás cuenta qué es lo bueno y qué es lo malo y verás que podrás comer carne y tener sexo pero, siempre en un sano equilibrio pues, una cosa es darte el gusto y experimentar el sabor y el placer, otra cosa es que el gusto se haga hábito y otra mucho peor es que el hábito se haga necesidad!

“A Dios lo que es de Dios, y al mundo lo que es del Mundo”, “cada cosa en su lugar y un lugar para cada cosa”… Equilibrio es la clave!

Saludos, Nicolás Niglia

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