Niños indigo, cristal, arcoiris ¿cómo tratarlos?

Se ha popularizado el tema de los niños índigo, cristal, arcoíris; cada vez que un niño muestra una “rareza” lo atribuimos a la posibilidad de que se trate de uno de estos niños que he mencionado; ¿de qué se trata todo esto? y, lo más importante para los padres de estos niños, ¿cómo educarlos?

Para comprender este tema debemos hacer un muy breve repaso sobre algunos conceptos fundamentales. Cada ser humano está compuesto por dos naturalezas: una es la naturaleza terrenal pura la cual se manifiesta a través del cuerpo físico y de su sistema de funcionamiento animal lo que llamamos instinto; y, la otra es la naturaleza Divina. La naturaleza terrenal nos provee la identidad actual de sujeto humano, varón o mujer, y todos los atributos con los que nos identificamos, color de piel, pelo, altura, idioma, nacionalidad, costumbres, etc. Todo esto compone la identidad del sujeto humano, identidad influenciada con mayor intensidad por la naturaleza terrenal humana. Pero, existe otra identidad, la cual no se identifica con los atributos de esta vida, sino que está basada en otros aspectos que no son temporales, es decir, que no están sujetos al paso del tiempo lineal de esta vida. Esto aspectos atemporales sobre los que está basada la identidad Divina componen al Yo Permanente o Yo Superior, al que somos antes y después de cada encarnación.

Es decir que existe un Yo que se sirve de esta experiencia transitoria como humano y para lo cual desarrolla una identidad, también transitoria, como ser humano. El Yo Superior se identifica, en el transcurso de la experiencia como ser humano, con el ser humano en el que está encarnado. Esto es más o menos así como lo describo pero no es el objeto de este artículo por lo cual, con esta descripción alcanza para ilustrar el concepto que pretende transmitir con respecto a los niños “especiales” y a las nuevas generaciones que están encarnando en Gaia.

Ahora bien, estos niños especiales, que llamamos índigo, cristal, arcoíris, diamante… esa condición no surge de su naturaleza terrenal, transitoria, sino que esa denominación se refiere al nivel de vibración de consciencia de su Yo Superior, es el nivel de desarrollo evolutivo máximo que han alcanzado esos Seres en su andar evolutivo. Vienen a encarnar aquí porque las experiencias actuales de Gaia sirven a su desarrollo evolutivo. No vienen a salvar al mundo, ni vienen a purificarlo, vienen aquí sencillamente porque este mundo ofrece hoy el tipo de experiencias y estímulos que a esos seres les sirve para su evolución. Por supuesto, esas almas poseen un nivel de consciencia muy elevado con respecto a tantas otras almas encarnadas mucho más jóvenes y menos evolucionadas. Y es esta diferencia entre unos y otros lo que llama la atención.

Como he dicho, más allá de lo evolucionados que sean estos seres, lo cierto es que en cada encarnación comienzan de cero el desarrollo de su identidad humana terrenal, es decir, más allá de todo lo “iluminados” que estos seres puedan ser antes de encarnar, deben aprender a caminar, a hablar, a relacionarse con el mundo, es decir, deben aprender a ser humanos del mismo modo que el resto de las almas menos evolucionadas. En este sentido, en cuanto al desarrollo de su identidad humana están en igualdad de condiciones que el resto de las almas. Sin embargo, para estos seres, esta etapa de desarrollo de la identidad humana terrenal, significa un verdadero trastorno pues, sus almas evolucionadas deben restringirse a una vida animal, inconsciente, mecánica y deben esperar la madurez humana para recién allí anclar consciencia.

Como he explicado en videos y artículos ya publicados, los primeros treinta años cronológicos de vida estamos en el desarrollo de la identidad terrenal del sujeto humano, en el desarrollo de la identidad del Yo Ego. Esta etapa es muy intensa y no da lugar ni oportunidad a nada más! pues si no aprendemos a ser humanos y a sobrevivir en el mundo, no tendremos oportunidad de nada pues no existiremos. Por ello, asimilaros al cuerpo humano y aprender a vivir en este mundo es el primer paso que debemos dar antes de darle a esta vida un sentido más allá del simple hecho de experimentar la condición de ser humano, lo cual es toda una experiencia en sí misma, es decir, las almas jóvenes dedican toda su vida humana a solamente aprender a ser humanos y a vivir en este mundo y son estas las personas ateas, pragmáticas, que en nada creen , que nada les importa más allá de la sensaciones del cuerpo, etc.

Para los Seres Índigo, Cristal, etc. el hecho de someterse a estos treinta años de aprendizaje y desarrollo de la identidad Yo Ego puede ser traumático y conflictivo. Imagina que eres un adulto y de pronto entras en el cuerpo de un bebe que no sabe ni caminar, ni puede expresarse con claridad, ni entiende donde está y qué hace allí… ¿cómo te sentirías? entonces, es necesario que olvides momentáneamente quien eres en realidad para que no enloquezcas… pero el olvido es parcial! pues aunque no sabes quien eres, tus cualidades consecuentes del estado de consciencia que has alcanzado en todas tus encarnaciones, se manifiesta a través de un estado de sensibilidad y percepción mucho más amplia y aguda que el del común denominador de las personas. Allí surgen esas “rarezas” que llaman la atención de los padres de estos niños especiales…

Solemos cometer un error al adular y casi idolatrar a nuestros hijos cuando manifiestan estas “rarezas”, decimos “mi hijo es mi Maestro vino a enseñarme a guiarme, etc” todo esto surge de un estado de confusión e incomprensión lógico de sus padres. No han venido a cuidarte, ni a guiarte… han venido en busca de las experiencias que sirven a su evolución, tal cual vos lo has hecho y por eso encarnaste! no son Maestros/as sino hasta que lo sean! es decir, cuando hayan concluido el desarrollo de su identidad terrenal, el Yo Ego, y si sobreviven a esa etapa, entonces estarán en condiciones de dar a esta vida un propósito trascendental como puede ser el caso de quienes han encarnado para asumir el rol de Maestros/as, Guías, Sanadores, etc.

Sea Índigo, Cristal o lo que fuere, ese niño o niña necesita ser educado para vivir en este mundo. No lo ayudas tratándolo con excesiva flexibilidad. Su talento, esa “rareza” que lo hace especial, esa agudeza mental, es u reflejo de un estado consciente pero no presente aún, no activo pues la inmadurez humana del niño impide el anclaje de su Ser Superior, por eso, verás que de pronto tiene una agudeza extraordinaria pero a la vez se comporta como un niño normal… pues es un niño y debe ser tratado y educado como tal.

niños especiales

Quienes ya hemos pasado la etapa del desarrollo de la identidad Yo Ego, quienes hemos pasado ya los treinta años de edad y tuvimos “la suerte” de anclar consciencia, de “ver” lo que los ojos del cuerpo no ven, sabemos lo vulnerables que somos  ante los estímulos de este mundo, a todo lo que estimula y exalta los aspectos del ego manteniéndonos así apegados al deseo de tener aquello que no tenemos… a la identidad humana Ego y al mundo.

Entonces, lo primero que pensamos los que comenzamos a comprender esto, es en educar a nuestros hijos de manera tal que el desarrollo de su identidad Ego, la cual es fundamental para sobrevivir en este mundo, ejerza la menor oposición posible a los aspectos Divinos del Ser Superior que está dentro del cuerpo de ese niño o niña ¿cómo lograrlo, qué tipo de educación debemos darle? la respuesta a esta pregunta es tema de otro artículo, sin embargo, diré que el modo de educar a nuestros niños y sobre todo cuando tenemos la sospecha o la certeza de que son Seres de elevado nivel de consciencia, es inculcándoles hábitos y costumbres que representen el menor nivel posible de dependencia con el mundo, enseñarles a vivir de manera sencilla, con flexibilidad mental, para lo cual, es importante que nuestros niños se relacionen con niños de distintos niveles culturales, sociales, étnicos…

El anclaje de consciencia significa pérdida de arraigo al mundo, pues cuando Despertamos le quitamos intensidad al aspecto Ego y a sus mecanismos y le damos relevancia a nuevos aspectos que comenzamos a expresar desde nuestra naturaleza Divina y no desde la terrenal animal. Y por ello perdemos resonancia con el mundo. Para el individuo Ego, animal humano, la pérdida de resonancia con el mundo significa pérdida del poder de supervivencia y eso es igual a muerte, por lo cual, los mecanismos del Ego se opondrán al Despertar así como el mundo se opone al Despertar Colectivo. Por esta razón es que debemos educarlos con el menor apego posible al mundo, a las posesiones y más vinculados a lo verdaderamente importante.

Pero, siempre, debemos comprender que son niños! sea cual sea el nivel de consciencia que haya alcanzado el Ser Superior que está encarnado en él. Y debemos tratarlos y educarlos como niños considerando que recién a partir de sus veinte años de edad comenzarán a recibir el llamado interno de su Ser Superior pidiéndoles canal para manifestarse y así darle a esta vida un sentido más allá del sentido que esta vida tiene en sí misma. Si al recibir el llamado de su Ser Superior nuestro hijo/a está enredado en las cuestiones de este mundo y en las pasiones de la carne, difícilmente pueda ser canal para expresar sus aspectos sutiles, superiores… por ello, la educación debe estimular su libertad y su flexibilidad para con los juicios del mundo resaltando siempre su singularidad y su aceptación.

La educación de nuestros hijos debe atender entonces a estimular sus aspectos singulares, sutiles, a darle la menor rigidez conceptual en la educación impartida, a cuidarlos de las redes del mundo mercantilista en el que vivimos, el cual estimula los aspectos mecánicos del ego de manera de ejercer poder sobre las personas y sus pensamientos y sobre todo sobre sus decisiones; debemos cuidad a nuestros hijos así como la gallina cuida al huevo mientras lo empolla a la espera de que un día emerja el verdadero Ser.

Como he dicho, a partir de los veinte años de edad, el cuerpo está en condiciones ya de comenzar el anclaje de consciencia y hasta los treinta años de edad se dará este  proceso en un espacio de tiempo en el que se completa el anclaje pero, si por las razones que hemos comentado este anclaje es impedido o rechazado por los aspectos terrenales, por excesivo apego, por un ego exaltado, etc. entonces, a partir de los treinta años aproximadamente surgirán los estados de insuficiencia, de pérdida de sentido, de vacío profundo. Se trata de un “re nacer” como ya se nos ha dicho, un re nacer en una nueva identidad basada en cualidades y aspectos que no surgen del cuerpo humano y de la realidad circunstancial actual, sino de una realidad continua y eterna.

Por supuesto que todo esto que he mencionado con respecto a las edades no es rigurosamente igual en todos los casos pues, como también he mencionado, cada alma está atravesando una edad evolutiva distinta, particular y por ello, la respuesta al “llamado del anclaje de la consciencia” no es la misma. De hecho, no todas las almas encarnadas deben responder a ese llamado pues están comenzando la experimentación como seres humanos y eso lleva muchas encarnaciones antes de iniciar “el regreso”.

Mientras estos seres sea niños debemos tratarlos como tales, más allá de sus destellos de brillantez y agudeza mental, son niños y un “cachetazo a tiempo” sigue siendo una buena alternativa tanto como lo fue con los niños del pasado… no cometamos el error de idolatrar a nuestros niños/as de concederles un poder que no tienen o que aún no deben cargar sobre sus hombros, los frustraríamos, sería como regar con demasiada agua a una semilla, la ahogaríamos!

Saludos, Nicolás Niglia

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