Energia sexual, uso del poder creador… IIda Parte

En el ser humano convergen dos naturalezas, por lado la naturaleza terrenal y por el otro lado la Divina. De la naturaleza terrenal surge el estado del ser que llamamos inconsciencia. Pues a través de la naturaleza terrenal humana se expresa la voluntad de la consciencia que nos programó, que no es la consciencia individual del sujeto y, por ello, a este estado del ser lo llamamos inconsciente, porque no somos nosotros los que decidimos tener hambre, tener sueño, tener deseo sexual. La consciencia que programó a la especie humana, a su aspecto terrenal es la misma que programó la vida animal en el planeta, esta consciencia es Gaia. Con el fin de garantizar la continuidad de las especies que conforman la vida y que sostienen un sistema de vida particular, se ha programando en ellas el impulso de reproducción, el cual no está sujeto a la decisión de los individuos de cada especie sino que se ha instalado con una intensidad tal que no deja opción.

El impulso sexual es la canalización de la energía creadora, Gaia toma esta energía multiplicadora y la irradia a toda la vida programando en cada manifestación individual los mecanismos que toman esta energía y le dan uso en la continuidad de la vida tal cual es y debe ser a través de la reproducción. Una de las maneras de tomar esta energía creadora que Gaia irradia es a través de los chackras inferiores, de la salud de estos chackras dependerá nuestra captación de esta energía. Pero, debemos comprender que el impulso sexual es mucho más complejo que el solo hecho de provocar las ganas de tener sexo con alguien. Los programas de reproducción que se han instalado en el ser humano impulsan al acto sexual a través del deseo pero, dado que es fundamental contar con otra persona y componer la pareja para alcanzar el propósito reproductivo, la misma intensidad que tenemos en cuanto al deseo sexual la tenemos en cuanto a la composición de una pareja. Es decir, el impulso reproductivo nos provoca la necesidad del acto sexual y, en igual intensidad, nos induce a la constitución de un vínculo con otro, pues sin el otro no hay reproducción posible.

Reproducirnos es no solo tener hijos sino criarlos, protegerlos, educarlos… por ello es que el impulso de reproducción consiste en el deseo sexual y en el deseo de formar pareja, ambos con igual intensidad. Cuando decimos que necesitamos una pareja, que anhelamos tener alguien que nos ame, etc… no siempre, y pocas veces tal vez, estamos hablando de amor verdadero. Impulsados por este mecanismo que he descripto, sentimos la imperiosa necesidad de tener una pareja, de formar una familia. Estos impulsos constituyen la “vocación del ego” y no surgen de la singularidad del individuo, no surgen de su naturaleza Divina y de su estado de consciencia. Los machos tienen vocación de macho y las hembras tienen vocación de hembra pero es esta una vocación plural, colectiva y común a todos los machos y las hembras. Varía la intensidad de este impulso por ejemplo de acuerdo a la salud de los chackras que toman esta energía que Gaia irradia, entre otros factores que lo hacen variar por supuesto.

La constitución de la familia tal cual la conocemos surge del impulso reproductivo, es vocación del macho ser el proveedor y protector y de la hembra ser al dadora de vida, ser madre, por ejemplo. La familia terrenal es entonces la consecuencia del impulso reproductivo a través del cual la naturaleza se garantiza la continuidad de la especie pues, como he dicho, no se trata solo de copular sino que además, hay que criar, proteger y educar a los niños para que ellos formen una familia y continúen la especie… Pero existe otra ´familia que no surge del lazo carnal y que no está fundada en el mecanismo animal humano sino que su vinculación surge del aspecto Divino. Esta es la que denominamos “familia de Luz”. Mientras que la familia terrenal, padre, madre e hijos surge como consecuencia natural del impulso reproductivo instintivo del ser humano, la familia de Luz surge de la vinculación  no carnal sino Espiritual. Cuando comenzamos el desarrollo de nuestra identidad Espiritual y se activan los sentidos sutiles los cuales amplifican nuestra percepción de la realidad, somos capaces entonces de reconocer los vínculos de Luz y percibimos una fuerte conexión con personas con las que no hay parentesco biológico. Estos vínculos suelen ser más intensos y perdurables que los surgidos del impulso de reproducción, es decir los carnales.

familia

Sé que este es un tema que toca la susceptibilidad de muchos, pero sé también que es tiempo de comenzar a abrir los corazones a la Verdad y dejar los falsos paradigmas que tanta confusión nos han creado. No crean en esto que digo, pero reflexionen acerca de ello, observémonos en lo cotidiano y tratemos de discernir cuál es la fuente de los impulsos que nos empujan a ser y hacer lo que somos y hacemos a diario. Verifiquemos nuestros deseos y anhelos, nuestros “sueños”… ¿de qué naturaleza surgen, del estado de necesidad o de la vocación  singular de cada uno? Entendamos que el estado de necesidad es característico de la naturaleza terrenal y no de la naturaleza Divina. Todo lo que necesitamos es manifestación de la voluntad de Gaia, la cual, como he dicho se garantiza el cumplimiento de nuestro rol terrenal a través de los programas que determinan lo que cada especie es y de los cuales surgen los impulsos (en forma de necesidad) que constituyen el comportamiento característico de cada  individuo y de cada especie pues la necesidad nos empuja a conseguir lo que necesitamos, a desearlo a anhelar y soñar con ello… y por eso cada día salimos a competir, a trabajar a conquistar lo que necesitamos… y así fortalecemos el aspecto animal en vez de atenuarlo para dar espacio y tiempo a los aspectos sutiles.

¿Cuál es la vocación singular de cada uno? esto es lo que construimos a través de nuestra individualidad y ejerciendo la habilidad o talento particular de cada uno. Cuando nos comprometemos con la vocación singular de cada uno, conectamos con la energía creadora que tomamos del “Cielo”, la misma que toma Gaia, solo que Gaia la irradia en una frecuencia mucho más densa y en resonancia con la densidad propia de la vida en el planeta. La energía creadora que tomamos del Cielo, la que alimenta la vocación singular, nos conecta con estados del Ser sutiles y sublimes, de allí surgen las grandes obras del hombre, los descubrimientos, composiciones, etc. Cuando canalizas la energía creadora, la que tomas del Cielo y la que tomas de Gaia (la sexual) en el ejercicio de tu vocación singular estimulas los aspectos sutiles de tu ser, activas tu “cuerpo sutil” y sus sentidos y manifiestas dones sobrenaturales para la condición terrenal humana. Entonces, amplificas tu percepción conforme te comprometes con el ejercicio de tu vocación, la cual es tu propósito de vida, no el propósito del individuo terrenal programado por Gaia, sino el propósito de tu Yo Superior expresado a través del ser humano en el que ha encarnado con ese fin.

El impulso reproductor es mucho más que el deseo sexual, es el deseo de formar pareja… comprendámonos, entendamos cuáles son los factores que determinan nuestras ideas de lo correcto y de lo incorrecto, tomemos consciencia, somos una singularidad encarnada en un cuerpo con mecanismos y programas que son comunes a toda la especie. Exaltemos la singularidad y no los aspectos colectivos pues, los aspectos colectivos (instintivos) están resaltados por la misma naturaleza que los programó pues les ha dado la condición de “necesarios” y ellos nos impulsa a la acción para satisfacer la necesidad. Los aspectos singulares no surgen como necesarios y por eso es “más fácil” renunciar a lo sutil que a lo carnal… pues lo sutil no se impone como necesario, no crea insuficiencia.

Reflexiona, obsérvate con una mirada sin prejuicio, sin miedo a lo que puedas descubrir, obsérvate para entenderte, para descubrir quién y qué sos!

Saludos

Nicolás Niglia

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