Atrapados en el matrimonio…

Algunos matrimonios de hoy están sostenidos en la necesidad que uno tiene del otro. Por supuesto, esto nada tiene que ver con el amor, pues el amor no reconoce condiciones ni fronteras. El hombre ocupado en su trabajo, ausente de su casa gran parte del día, necesita de su mujer para que atiende las cuestiones del hogar, a los niños y las tareas no vinculadas a la producción de dinero, de lo cual él se encarga consiguiendo apenas lo suficiente para mantener un cierto estándar de vida.

En estos matrimonios a los que me refiero en este artículo, pues no todos encajan en esta descripción por supuesto, las razones iniciales que convocaron a la unión de ambas personas en matrimonio van mutado hasta convertir la unión en un simple acuerdo implícito de conveniencia en el cual cada uno se hizo necesario para el otro, siendo la necesidad la razón del vínculo. Ha mutado el objeto de la unión pero no la forma, pues aunque se inicio en el amor o en la intención de amarse y formar familia, luego es el dinero la razón de la unión o, mejor dicho la falta de éste. Pues si la mujer no se hiciera cargo de los niños y de las cuestiones de la vida familiar, el hombre no podría dedicarse a tiempo completo a conseguir el dinero y la mujer se hace así dependiente del dinero que consigue su marido y por lo cual aquel se ausenta gran parte de su tiempo…

El vínculo ha mutado y vasta que uno de los cónyuges lo advierta para que comiencen los conflictos matrimoniales pues, el que lo advierte carga con el peso de la inquietud, de la incomodidad que la dependencia ha provocado así como el ave que es privada de su vuelo y pierde la cualidad de volar encerrada en una jaula. Se provoca, entonces, el vacío existencial que angustia al corazón que ahoga y quita las ganas de Ser, pues como si hablaran distintas lenguas ni gritando se comprenden y no hay nadie a quien pueda entender lo que cada uno siente. El matrimonio, la vida, se convierte en una carga para ambos, sobran las demandas y los retos, los compromisos y regulaciones que cada uno debe cargar ausentándose de sí mismos, dejando el timón de su vida en manos de las circunstancias. El uno cree que el otro la pasa mejor y así se crea rencor y desigualdad solo en la imaginación de cada uno y a causa del juicio apresurado pues ninguno se toma el trabajo de ponerse en los zapatos del otro, más bien grita sus razones como sobrio entre borrachos sin oídos que lo escuchen ni comprensión que las abrace. Y entonces los que eran cónyuges pasan a ser empleados de la empresa conyugal, o en el mejor de los casos, socios comerciales pues, la razón de la unión ha mutado lo que fue impulsado por amor, por una buena intención de constituir familia ha pasado a estar basado en la necesidad de resolver las demandas de la vida y sus obligaciones…

Como el óxido que come los metales y derrumba las estructuras que caen por su propio peso, así es que lentamente el desamor va ganando terreno y oxida los pilares que sostienen la pareja… y estos matrimonios mutan a simples sociedad de conveniencia, hasta que uno reacciona y busca liberarse del hipnotismo que provoca el exceso de obligaciones, y así andamos como zombis hambrientos vagando por la vida, matando los días de obligación en obligación, anteponiendo las urgencias ante lo verdaderamente importante.

Y surge la excusa obvia, entonces los hijos cargan la culpa pues siendo ellos la razón en la que nos excusamos por no hacer lo que sentimos que es lo correcto, lo que haríamos si acaso fuéramos libres! son los niños los culpables de nuestra vida sin razón… pues no hacen falta las cadenas que maniataban al esclavo, andamos como aquellos así de atados no por las cadenas sino por la educación y la costumbre, por las ideas y creencias que nos han inculcado… y nos vamos condenando a la angustia y al vacío existencial deshonrando las virtudes que la vida nos ha dado para hacer nuestro artesano y expresar de nosotros la mejor versión, pero andamos renunciados ya sin ganas, el enredo es tan complejo que no da ganas ni de intentar y así estos matrimonios se convierten en una trampa mortal…

Los matrimonios ya no son familia sino sociedades jurídicas, cada uno esta encargado de sus obligaciones y deberes y regidos por los compromisos y persuadidos por la culpa nadie se atreve a romper esas cadenas y hacer lo que se siente… y el tiempo pasa… y los sueños mueren… y el cuerpo envejece al ritmo de una cuenta regresiva…

encadenados

La Vida te llama y te grita! ES HORA DE QUE DESPIERTES!!!! ¿A qué le temes, a la muerte!? ¿acaso puedes llamar a esto “vida”? si no hay amor, no hay vida! sin amor estamos muertos en cuerpos que deambulan…

Cada vez que uno trata de imponer su idea acerca de cómo debe ser el matrimonio o la relación, persuadiendo o manipulando al otro para que se ajuste al rol, entonces surge el conflicto, la lucha y la sin razón de la pareja… se fuga el poder en manos de la culpa, el miedo o la resignación. Se trata de conciliar y no de persuadir, se trata de convivir y no de vivir con el otro al lado, o a cuestas…

Uno de los dos cede el poder al otro y se hace dependiente de aquel, pues el otro a quien ha cedido su poder lo ostenta… esto genera que quien ha cedido el poder necesite al otro en todo lo que emprende… y por ello debe acarrearlo en todos sus proyectos y decisiones. Y en aquellos en los que no cuenta con su aprobación o compañía, no cuenta con el poder que le ha cedido y que necesita para Ser, entonces se hace difícil Ser y a veces imposible y no hay más alternativa que recuperar el poder cedido. Surgen así los divorcios, las separaciones o bien el renacimiento del vínculo. Pero también surge la renuncia de quien ha cedido el poder y no se atreve a reclamarlo porque teme o porque carga con culpa o porque no comprende lo que le pasa y solo cree que la vida es dura.

¿Cómo es que cedemos el poder al otro? cuando lo que el otro opina es determinante en nuestras decisiones, cuando lo que el otro juzga no causa culpa o satisfacción (tanto si está en contra o a favor respectivamente), es decir, cuando necesitamos del otro para Ser… cuando necesitamos que el otro acepte las razones que nosotros ya hemos aceptado para ser lo que sabemos que debemos ser… cuando nos sujetamos a la opinión, al juicio y a la voluntad del otro y renunciamos a la nuestra propia cedemos entonces el poder Ser

El problema no es el otro, a quien le hemos cedido el poder, pues tiene derecho a estar en desacuerdo con nosotros… el problema es solo nuestro! nosotros le hemos dado un poder sobre nosotros que no siempre el otro ha solicitado… se trata de recomponer lo que hemos desarmado, se trata de recuperar el poder que hemos cedido, sin enojos ni revanchas ni con el otro ni con nosotros mismos, pues se trata de aprender a bien usar el poder a crear como artesanos siendo nosotros el artesano de nosotros mismos.

Despierta! Ya es hora! abre los ojos! abre tu corazón!

Saludos, Nicolás Niglia

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