En el nombre de nuestros hijos…

¿Cuántas decisiones no tomamos en nombre de nuestros hijos? ¿cuántas oportunidades dejamos pasar en el nombre de ellos? lo que hacemos con nuestra vida y lo que no hacemos, en el nombre de nuestros hijos, no es por nuestros hijos ni a pesar de ellos, es siempre por nosotros y a pesar nuestro. Los hijos son la excusa que algunos utilizan para excusar sus miedos, su falta de compromiso con la vida, su falta de amor. “No puedo porque mis hijos son pequeños y debo cuidarlos”, “qué será de mis hijos si hago con mi vida lo que sé que es lo correcto”…

A ver, comencemos por el principio, ser padres de nuestros hijos implica una responsabilidad fundamental en la vida, eso está muy claro y, está claro que la responsabilidad obliga a unos y da derechos a otros, verdad? En este caso puntual, en la relación padres-hijos, ¿cuáles son las obligaciones que los padres tienen sobre sus hijos y el derecho de los hijos sobre los padres hasta que ellos alcancen su madurez e independencia? Por supuesto que debemos procurar lo elemental para la vida, garantizarles la supervivencia… alimentos, ropa, un sitio digno donde vivir… una vez resuelto esto, lo básico y elemental, ¿qué más debemos a nuestros hijos? tal vez lo que sigue es la educación, la formación de hábitos y costumbres… pero, hábitos y costumbres ¿para qué?, ¿con qué fin?. Si nuestra intención es darle a nuestro hijos lo que hemos aprendido en nuestro proceso de crecimiento hacia la plenitud del ser pues, de eso se trata verdad? de alcanzar la máxima expresión de nosotros mismos; si acaso ésta es la idea, es decir, la de transmitir a nuestros hijos los hábitos y costumbres que le ayudarán en su proceso de desarrollo personal hacia la máxima expresión de su Ser…. cada vez que renunciamos a nuestra plenitud “en nombre de nuestros hijos y de nuestra obligación para con ellos” ¿qué les estamos enseñando a ellos?

Todo padre desea que sus hijos sean plenos en la vida, felices y prósperos pero, ¿es ese el ejemplo que estamos dando? porque vale más el ejemplo que damos, el testimonio que el deseo… qué testimonio de vida estamos dando a nuestros hijos si acaso les endilgamos la culpa de nuestra insuficiencia, si acaso los convertimos en la razón de nuestra renuncia!? Cada vez que renunciamos a la vida “en el nombre de nuestros hijos” estamos cargándoles a ellos nuestra renuncia… estamos siendo hipócritas con nosotros mismos y con la vida y eso no es amor… semillas de discordia estamos sembrando en nosotros y en ellos cada vez que en su nombre nos escudamos para no ser…

Si ocurriera un terremoto y te quedaras sin nada… no dirías a la vida “tengo hijos así que no podre salir a buscar otro sitio, otra vida”, si ocurriera una guerra y fueras  convocado y obligado a ir al frente, ni tus  hijos serían excusa para evitarlo, si te enfermaras, si te accidentaras, si enloquecieras… qué dirías? que has sido un mal padre, una mala madre porque te has accidentado, enfermado o enloquecido?… no, pues sentirías que no tienes culpa dado que asumimos que no somos nosotros los que decidimos enfermarnos, accidentarnos o enloquecer.. entonces, si no lo hemos decidido no es nuestra culpa y si no hay culpa no hay dolor…

No nos atrevemos a tomar las decisiones que sabemos deberíamos tomar pues tememos al peso de la culpa al dolor que causa la acusación, el juico de los otros. Pedimos al Cielo que haga algo, que tome la decisión que nosotros por cobardía y falta de compromiso con la Vida no somos capaces de tomar. Esperamos un “milagro”, es decir, que naves extraterrestres vengan y se ocupen de lo que nosotros deberíamos ocuparnos pro nos da miedo y renunciamos… alabamos a Dios como intentando convencerlo de que somos buenos y de que nos resuelva lo que nosotros no queremos resolver… actuamos como hipócritas, ejercemos el más profundo y oscuro de los ateísmos, decimos creer y no creemos, simulamos los rituales de la Fe pero en nuestros corazones no hay más que superstición…

hipocresia

Cada vez que renuncias a Ser, en el nombre de tus hijos, no cometes un acto de amor hacia ellos ni mucho menos, estas dando crédito a la culpa, al miedo y al dolor si acaso como consecuencia de tu decisión alguien o ellos te acusaran de incumplimiento de tu obligación…. entonces, ¿es este un acto de amor, quedarnos al lado de nuestros hijos para cumplir y sentir la tranquilidad de que no seremos acusados? El amor es incondicional, es decir, no hay condiciones en el amor pues si no, no es amor, es otra cosa… si solo amamos cuando nos queda bien, cuando es cómodo, entonces no amamos… el ego no sabe amar, esta regido por un estado crónico de necesidad y dependencia, el ego es puro condicionamiento… amar desde el ego no es amor, es satisfacción de una necesidad es buscar alivio al dolor sin importarnos la Verdad.. el ego no busca Verdades, busca soluciones a su necesidad, busca alivio a su dolor, busca satisfacer sus deseos y pasiones…

Amar es Dar, es Ser sin restricción, sin negociar con la vida… Yo Soy! y eso es todo y nada más… cada vez que en nombre de mis hijos dejo de Ser, deshonro la vida y desprecio esta maravillosa oportunidad de Ser que la vida es… y por evitar la acusación de mis hijos y de la sociedad, me hago indigno de la Vida misma y pierde derecho a Ser… entonces todo se complica, nada alcanza y la insuficiencia prospera… como una maldición que nos empuja a la carencia crónica… y buscamos respuestas afuera y hacemos como el hamster corriendo en la rueda que no lo lleva a ninguna parte… y culpamos a otros, a la vida, a nuestros ex’s…. a Dios… somos nosotros el único culpable de No Ser! somos nosotros los que anteponemos las excusas y renunciamos a las oportunidades…

Si se trata de facilitarles, a nuestros hijos, el proceso hacia la máxima expresión de su Ser, cuando nosotros renunciamos a nuestra plenitud, estamos incumpliendo como padres! aún si nos quedamos a su lado físicamente todo el tiempo aún si nos auto castigamos con una vida de carencias y dolor.. a ellos eso no le sirve, eso no construye… lo único que vivifica y construye es el AMOR…. enseñemos a amar! seamos ejemplo y testimonio, comencemos por amarnos, es decir, por honrar la vida en nosotros y expresar de nosotros lo máximo, lo mejor… sin excusas y sin condicionamientos y, por favor, liberemos a nuestros hijos de nuestra cobardía y deshonor, no nos escondamos más detrás del compromiso… nuestros hijos deben ser estímulo de amor, de compromiso con la Vida y con Dios!.

En la Biblia, en el Antiguo Testamento, se cuenta la historia de Abraham, cuando luego de tanto deseo de tener a su hijo con su esposa Sarah, Yahvé le pide que lo de en sacrificio! cuenta la historia que  Abraham obedeció a Yahvé y fue hasta la montaña con su hijo y cuando estuvo ya decidido a sacrificarlo en nombre de su Dios, éste le perdono la vida de su hijo pues lo que quería no era el sacrificio sino la obediencia, la incondicionalidad de Abraham para con su propósito… cuando Abraham renuncio a su hijo en nombre de la Causa Máxima, la Vida, Abraham salvó la vida de su hijo! Unos miles de años después, Jesús nnos dijo: “renuncia ala vida y hallarás la Vida”… estaba hablando de lo mismo… renuncia a los condicionamientos de la vida terrenal, del ego y su miopía para ver lo esencial y verás la Vida, verás lo que los ojos no ven y hallarás la vida más allá de la vida del mortal…

Saludos, Nicolás Niglia

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