Domar el Ego sin reprimirlo…

Los animales son la expresión pura y plena de la voluntad de la Madre Naturaleza (Gaia), cada animal expresa un propósito específico el cual está en relación directa con el Propósito de Gaia. Nosotros, los seres humanos, no escapamos a esta relación con Gaia; en cuanto a nuestra naturaleza animal, también conformamos el sistema de vida en este planeta y a través nuestro se expresa la intención de conseguir un propósito específico (instinto) el cual es la voluntad de Gaia manifestada en y a través de nosotros; y, es así, cumpliendo este propósito, que nos relacionamos al Propósito de Gaia y conseguimos resonancia con la vida en este planeta. Toda forma de vida en este planeta cumpliendo su propósito específico está en resonancia con el Propósito de Gaia y en perfecta armonía con el resto de las expresiones de vida en este planeta.

He visto a Martín Ochoteco, Domador de Caballos, haciendo su tarea y en él, como en otras personas que muestran una cualidad sobresaliente en la relación con animales, en el caso de Martín con los caballos específicamente, la clave de su efectividad radica la comprensión que tienen estas personas con respecto a lo que siente y es el animal en cuestión. Saber cómo piensa, como siente el otro es la manera de ver la vida a través de los ojos del otro y es así como podemos ayudarlo y ayudarnos en la convivencia tanto de nosotros con el resto de los animales como entre nosotros mismo pues, somos también un animal.

Esta expresión, de la voluntad de la Madre Naturaleza a través nuestro, da forma a un comportamiento particular que nos caracteriza y que distingue a cada especie que conforma este sistema de vida, el cual es un cuerpo vivo. Este comportamiento da forma a una identidad subjetiva la cual se construye a partir de las experiencias que el individuo vive conforme obedece el impulso de esta expresión natural en y a través de él. Esta identidad es lo que llamamos: EGO.

El Yo Ego es la identidad que surge como consecuencia del cumplimiento de la voluntad de Gaia la cual se expresa en nosotros a través de los programas de comportamiento (instinto). Cuando comprendemos qué quiere Gaia a través de, por ejemplo, un caballo, comprendemos el comportamiento y su intención de vida y por ello podemos entender al animal tanto o más de lo que nos entendemos a nosotros mismos pues, en nosotros también actúa esa voluntad.

Gaia se expresa a través de un leguaje, de una conducta que caracteriza a cada especie, algunas personas tienen la sensibilidad y la percepción para “leer” y comprender ese lenguaje y es allí cuando se comunican con un perro, con un gato, con un caballo y son capaces de saber lo que les pasa a esos animales y darles lo que necesitan. Pero, ese mismo lenguaje se expresa en nosotros también y debemos aprender a comprenderlo, a leerlo para comprendernos a nosotros mismos, a nuestra parte animal, al ego.

domador de caballos

Así como Martín Ochoteco, por ejemplo, logra esa relación con los caballos y los doma sin represión sino desde la comprensión del animal, así también nosotros debemos hacer con nuestra parte animal, con el ego, pero, si acaso lo reprimimos a través de ayunos, de celibatos, de restricciones alimenticias o de cualquier forma que implique una represión a la expresión de la Madre Naturaleza en nosotros, no contaremos con ese aspecto sino que lo ausentaremos de nosotros y dado que la Evolución es un camino hacia la plenitud, debemos integrar los aspectos y no excluirlos pues nos fragmentamos y no alcanzaremos completarnos y ser plenos.

Mientras estemos en este mundo y formemos parte de este sistema de vida animal, estaremos sujetos al intento de expresión de la voluntad de la Madre Naturaleza en y a través nuestro. Rechazar esa expresión u oponernos no sirve sino solo para debilitarnos, es, además, un “mal negocio” pues ninguna expresión natural de este mundo puede doblegar la voluntad de la Naturaleza sin perder la vida en el intento… puedes suicidarte pero no podrás cambiar la intención de Gaia para contigo… aceptarla y comprenderla es la única manera de integrarla. Pues cuando comprendemos nuestra parte animal, cuando entendemos qué quiere el Yo Ego, actuaremos en consecuencia de nuestra comprensión tal cual  lo hacen esas personas que doman caballos, perros y gatos como si pudieran hablarles y convencerlos de qué es lo mejor para ellos. Y así como estas personas logran la convivencia armónica entre, por ejemplo un caballo y  su jinete, o un perro y su dueño, así nosotros lograremos la misma convivencia entre el Yo Ego y el Yo Consciente.

Gracias Martín Ochoteco, Cesar Millán y otros que han inspirado esta reflexión.-

Saludos, Nicolás Niglia

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