La intención es lo que te salva, o lo que te condena…

¿Quién eres? ¿Cuál de los atributos en los que basas tu identidad determina quién eres en realidad? ¿es tu nombre, tu género masculino o femenino, tu nacionalidad, tu educación, es tu edad lo que ha determinado, por ejemplo, que estés leyendo este artículo o que me sigas en Facebook? no!, claro que no, ninguno de esos atributos define quién eres pues, si fuera tu nombre, todos los que se llaman como tú deberían estar interesados en lo mismo que a ti te interesa. Si fuera tu género, tu nacionalidad, tu edad o tu educación entonces todos los que comparten estos mismos atributos deberían comportarse de la misma manera; sin embargo, y a pesar de que en determinados aspectos somos iguales a otros en actitudes y comportamientos, hay algo que te hace un ser singular, algo que te hace ser tú y solo tú.

Ese tú singular es la identidad esencial del que eres, es quien eres en realidad. Ese que eres en realidad existe desde antes del que eres por naturaleza humana, es decir, ese que eres en realidad, el tú esencial existe antes inclusive de tu concepción en esta vida y, por ello, ninguno de los atributos que surgen en esta vida determina tu singularidad, lo que te hace ser tú y solo tú.

Pero, es cierto que los atributos que surgen en esta vida confunden tu identidad, y crees que eres tu nombre, tu nacionalidad, tu educación, tu sexo…. y dices: “mi mente es el problema” pues crees que tu mente te confunde y no! no es tu mente la que te confunde sino que tu mente esta confundida pues TU ERES MENTE! y ta has identificado con el personaje olvidando al actor que lo encarna.

No te preocupes, algunos estamos aquí para recordarle a tu mente (a ti) que no es el personaje que ha encarnado sino que es el actor que lo encarna… algunos estamos aquí para incomodarte, para sacarte del confort de las mentiras convincentes en las que has basado tu identificación….

Cuando rechazamos el reconocimiento de los otros, ese gesto suele verse como una virtud, decimos entonces: “qué humilde” aquel que rechaza el reconocimiento y “los aplausos”… pero, cuando rechazamos la condena de los otros no decimos lo mismo de aquel sino todo lo contrario, decimos: “qué soberbio aquel que no acepta el juicio de la mayoría”….

Entonces, ¿qué es lo que determina la virtud, es el gesto o la razón del gesto? si rechazamos el reconocimiento de los otros solo por simular humildad, ¿nos hacemos humildes? pues, ante los ojos del resto parece que si; y, si rechazamos la condena de los demás, ¿nos hacemos soberbios? pues, ante el juicio de los demás parece que si… solo nosotros sabemos las razones de nuestros actos por ello el juicio de los demás será siempre incompleto, insuficiente, inexacto y por ende, injusto,…

simulador

No somos humildes ni virtuosos por el hecho de rechazar el reconocimiento o por ser considerados humildes o virtuosos por los demás, sino que lo somos en realidad cuando comprendemos lo que hacemos y por qué lo hacemos… no hay virtud que no surja de la consciencia, de la comprensión, por ende, la única virtud es la consciencia. Y, si del estado de consciencia, del mismo que surge la humildad, también surge el rechazo a una condena que considero injusta, ni la condena, ni el juicio de los otros me hace soberbio o falto de virtud…

Son siempre las razones que rigen los comportamientos lo que determina el valor del acto, incluso más aún que el acto en sí mismo… mi perra me da la patita cada vez que se la pido pero mi perra no tiene idea lo que significa ese acto… espera a cambio un bizcocho y es esa la razón por la cual me da la patita.. dar la patita no la hace virtuosa, no le agrega valor a su estado de consciencia… pues sus razones son siempre las mismas…

Ninguna virtud surge del comportamiento en sí sino de las razones que impulsan los comportamientos, es decir, de la intención y por eso, no es el resultado lo que nos condena o nos salva.. sino la intención que precede a cada acto… el para qué hacemos lo que hacemos….. No son los actos lo que determina el crecimiento de la persona sino sus razones.. si no somos capaces de enriquecer nuestras razones y vivimos atrapados en las razones de siempre… no crecemos, no maduramos… y no iremos a ningún sitio nuevo sino que seguiremos estando en el mismo estado de siempre…

Entonces, lo primero que debes hacer para recordarte, es dejar de insistir en la identificación que haces con respecto a esos atributos que no son los que determinan quién eres en realidad… deja de pensarte como hombre o como mujer deja de exaltar esos atributos que te confunden y te alejan del que eres en realidad… deja de identificarte con esas condiciones pues te condenas a ser nada más que el personaje que has encarnado. Seguirás “atrapado en el sueño, o en la pesadilla”, recuerda que eres tú el que está soñando… no eres el sueño sino el soñador.. Despierta, ya es hora! deja de dormir y vive el sueño! verifica tus razones, analiza tu intención…

Saludos, Nicolás Niglia

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