Historia de un matrimonio, como tantos…

<<< Un hombre común, educado como la mayoría de los hombres occidentales, es decir, como proveedor y protector de su familia, se casó con una mujer educada bajo la misma cultura, es decir, principalmente como responsable de la casa (ama de casa), como responsable del cuidado de los niños (madre) y así vivieron, él pasando la mayor parte del día fuera de su casa, ella todo el tiempo atendiendo cosas de la casa, de los niños y tratando de mantenerse atractiva para su marido y para ella misma.

La vida transcurría normal, lo que les habían inculcado a ambos parecía funcionar bien hasta que cambios políticos y económicos en el país hicieron que él perdiera su empleo; pero no solo su empleo sino que toda la industria en la que él trabajaba estaba quebrada por lo que no había otra empresa parecida a la suya en la que él podría conseguir empleo, debía re ingeniarse, comenzar de cero.

Esta circunstancia le impidió al hombre cumplir su función de proveedor y protector, de hombre, según había sido educado. Pero no afectó solo al hombre sino que esta limitación económica también le impedía a su mujer cumplir el rol de ama de casa y de madre pues debieron privarse de muchas cosas a las que estaban acostumbrados y que consideraban esenciales. Ella culpó a su marido por impedirle cumplir su rol de mujer y madre, pues según la habían educado, la mujer dependía del protector y proveedor (del marido) por lo que el hombre que no provee ni protege incumple su obligación de tal perdiendo así sus derechos (no jurídicos) como marido y como padre…

La relación conyugal comenzó a deteriorarse, la mujer consiguió un empleo y, si bien no cubría el dinero que su marido aportaba antes de perder el empleo, cubría los gastos elementales de vida de ella y de sus hijos. La mujer no necesitaba a su marido, y no solo no aportaba sino que consumía… entonces comenzó a despreciarlo, lo sentía un estorbo pues, no cumplía su rol y ocupaba el lugar de otro quien podría cumplir el rol que aquel incumplía.

El hombre buscó las maneras de ponerse al día con sus obligaciones, itineraba de un empleo a otro tratando de regresar al nivel de vida anterior, antes de quedarse sin su empleo original. Pero no era la mujer la única que lo despreciaba, él mismo sentía vergüenza y desprecio de sí mismo por no ser útil a su rol. Él mismo se sentía indigno de comer la cena que su mujer servía, esto lo enfurecía, y lo angustiaba profundamente.

La mujer no era “mala”, como ella le decía a sus amigas, con esa actitud agresiva lo que ella quería era “pincharlo” para que su marido reaccionara o bien para que se fuera de la casa… su mujer, actuando como hembra tal cual la habían educado, intentaba estimular al macho, provocando su ira, su enojo. Tal vez, en algunos casos esto funcione pero el final es lamentable para ambos pues al hombre no le sirve ser macho ni a la mujer ser hembra, eso es cosa de animales.

La situación en el país no cambiaba y el hombre seguía itinerando de un empleo al otro, agobiado por la culpa y el miedo, buscó refugio en el alcohol, la vergüenza que sentía cada vez que regresaba a su casa era una tortura que lastimaba sin matarlo, el hombre vivía una larga agonía y no soltaba a su familia pues eso implicaba incumplir, además, como padre de sus hijos al quitarles su presencia y compañía. No miraba a su mujer a los ojos pues sentía vergüenza y rabia no solo por lo que le pasaba a él sino por la incomprensión de su mujer. Pero él tampoco la entendía, tampoco comprendía que ella actuaba bajo el mismo criterio por el cual él sentía las mismas emociones solo que, el que estaba en falta era él y no ella (según la educación que ambos recibieron).

La mujer reaccionó violenta cuando su marido llegó a la casa envuelto en una nube de olor a vino. Lo echó de su cuarto y éste se fue a dormir al cuarto de su hijo pequeño. Sentía cada vez más vergüenza y enojo con su esposa, y su esposa con él y cada uno consigo mismo. El odio comenzó a instalarse, cada uno culpaba al otro de su desdicha. Perdieron todo respeto uno del otro, ella pronto consiguió otro hombre, su jefe, quien ella confesó a su marido en una discusión de las de cada noche “él sí es un hombre de verdad, capaz de mantener una familia”. Entonces, él decidió irse de su casa, pidió un lugar transitorio a un amigo donde dormir una noches mientras buscaba algo definitivo, dejo de ver a sus hijos, sentía vergüenza también ante ellos… se fue de su pueblo, inició otra vida, cambió su apodo y su imagen… él lleva una herida abierta en su corazón, una culpa grande como una casa… por más que sonría, ha perdido la alegría….

Ella jamás lo perdonó, trató de olvidarlo y de quitarlo de la mente de sus hijos, decía a sus amigas “es un mal ejemplo como padre y como hombre”… se casó con el que era su jefe, dejo de trabajar, recuperó el orden que había perdido en su casa, tenía ahora un macho proveedor y protector que cumplía al detalle con la idea que le habían inculcado de lo que debía ser un hombre.>>>

¿Quién actuó mal y quién actuó bien?, ¿de quién es la culpa de tan profunda incomunicación e incomprensión entre ambos? ¿Por qué la mujer no es capaz de comprender las razones de su marido, por qué el marido se hundió en su vergüenza e indignidad?

matrimonio

Sin dudas, ninguno de los dos actuó mal, ambos se esforzaron por actuar el personaje que les toca por cultura y costumbre. Ambos, esclavos de las ideas inculcadas e incapaces de construir nuevas ideas conforme las circunstancias cambian, ambos en su rigidez se han quebrado, han quebrado la relación como se quiebra lo que no es flexible y capaz de absorber los movimientos de la vida…

Esto es el mundo!, una estructura de ideas rígidas que quiebra las voluntades, que rompe los ligamentos sociales, comenzando por la familia, para hacer de las personas esclavos mercantilistas, dependientes del dinero… Este mundo ha endurecido los corazones pues a los corazones abiertos los lastima y los condena a un tormento cotidiano que enferma y lastima, pero no mata.

Vencer al mundo no es combatiéndolo con sus armas… con el odio, con la lucha y la insensibilidad, Vencer al mundo es abrir los corazones! Tengamos la flexibilidad para re construir ideas conforme las circunstancias cambian, prevaleciendo siempre lo importante antes que lo urgente. El otro tiene sus razones para actuar como actúa… seamos con el otro tan tolerantes como lo somos con nosotros mismos, amemos al otro como a nosotros mismos y seremos dignos de ser amados y de cosechar amor.

Saludos, Nicolás Niglia

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