Enojados con nosotros mismos y con la vida…

Uno de los tantos temas que debemos ordenar en nosotros para estar en sintonía con las nuevas frecuencias de Luz que están siendo irradiadas y estimuladas para su activación, es el enojo profundo que algunos tienen consigo mismos y con la vida. Este estado se manifiesta de dos maneras claras: la depresión y la ira en forma de una personalidad violenta. Los iracundos no tienen el problema que suscita contener la ira y no expresarla, pues ellos la expresan sin inhibición alguna y al punto que la ira es la característica característica de su comportamiento habitual. Tanto el depresivo como el iracundo tiene el mismo problema raíz: la ira, ambos viven en un estado de enojo consigo mismos, solo que uno lo exterioriza en forma de un comportamiento violento, destructivo (el iracundo); mientras que el depresivo es también violento y destructivo pero consigo mismo.

Los depresivos son como esos niños a los que les quitas el juguete y en vez de quejarse, gritar y hacer berrinche, sencillamente se callan, agachan la cabeza y en silencio se van a su cuarto magullando llenos de bronca. Guardan todo ese enojo y se decepcionan de la vida, pues la consideran injusta y, por supuesto, pierden ganas de jugar un juego en el que sienten que le hacen trampa; por ello, entonces, renuncian y viven de brazos caídos…

Los otros, los que expresan el enojo, los que se tiran al suelo y patalean, esos expresan su rechazo, se defienden y tratan de “hacer justicia” pues ellos creen que tienen la razón (en su nivel de comprensión así lo perciben). Ambos están atrapados en el enojo, pero uno se destruye a sí mismo mientras que el otro destruye aquello que le impide salirse con la suya.

Sin comparar a uno con el otro, pues no es la idea de este artículo, sirva este ejemplo para ilustrar ambas caras de un mismo problema, el cual está muy presente en tantos niños y adultos de hoy día. Algunos viven decepcionados y de brazos caídos, sin ganas de jugar un juego en el que sienten que “la vida les hace trampa”; y, los otros, los iracundos, viven en estado de beligerancia, removiendo los obstáculos, luchando contra la vida.

Ambos estados nos interfieren en la sintonización con las vibraciones altas. Sea cual fuere tu situación, tanto si eres un depresivo que ha renunciado y vive de brazos caídos o bien, un iracundo que lucha contra la vida; comprende que ninguno de ellos es el Camino. Enfócate en la sanación de las raíces de tu enojo, necesitas desarticular esos mecanismos. No creas que con repetir decretos lograrás desenredar una madeja de hilos que has tejido durante años o, más aún, si acaso traes enojos de otras vidas. Necesitarás más que ritos y dogmas, en principio, necesitas llegar al punto del reconocimiento del enojo, de la depresión, de esa actitud “de brazos caídos” o bien de tu estado de ira permanente.

Estamos siendo estimulados por elevadas frecuencias que son irradiadas sobre el planeta y que el planeta irradia a su vez desde su núcleo a toda vida en él. Esto favorece los procesos profundos de sanación, es el momento y, por eso, hoy sentimos la sensación de que la vida duele más que nunca. Porque todos esos patrones que llevamos muy adentro hoy salen a la luz para que los veas y los reconozcas y, así, desde la comprensión del asunto, entonces los sanes.

Comienza a tirar de la soga hasta que llegues al primer nudo, perdónate, perdona a los participantes de esa historia, a los “causantes” del enojo, comprende sus razones, sus limitaciones, recuerda que todos tenemos razón suficiente para actuar como actuamos… y continúa recogiendo la soga hasta el siguiente nudo y, así, día a día, paso a paso. Quita la soga del cuello, la soga no ha sido dada para ahogarte sino para que la trepes y salgas de donde estás atrapado, pero se ha anudado en tanto trauma y en tantos sueños incumplidos.

Mientras crecías fuiste inducido a anhelar un futuro hecho a imagen y semejanza de los patrones de comportamiento acostumbrados en tu familia y en tu sociedad. Esos anhelos inducidos no consideraban tu singularidad, tu rol en esta vida, tu voluntad. Fíjate qué curioso! las decisiones más comprometedoras en la vida las tomamos cuando aún no hemos madurado, cuando aún no tienes en claro el porqué y para qué de esta vida. Decides la profesión, el trabajo, te casas y tienes hijos, etc… Luego, a los treinta o cuarenta años, cuando comienzas a “despertar del sueño” y todo comienza a verse más claro, te ves atrapado en la vida, enredado en compromisos que has asumido en tu adolescencia o antes.

Calma! nunca es tarde para Ser, nada sobra y nada falta, todo es perfecto! has pasado vidas enteras sin siquiera un minuto de claridad, agradece si hoy la tienes, si hoy comprendes lo que no comprendías. A partir de ahora, debes comenzar una nueva vida y, así como debes liberarte de los apegos que te aferran al pasado, al que ya no eres, así también debes liberarte de los enojos que se corresponden al pasado, esas frustraciones y sueños rotos que has sufrido. Pero, también debes estar atento a no crear nuevo enojo pues es usual que el despierto, al verse “atrapado” en los compromisos de la vida, se enoje con él mismo por haberse metido en tal brete y se culpe y culpe a los otros de manera subconsciente e involuntaria.

Por suerte para ti, los anhelos que has albergado desde pequeño, esos sueños incumplidos, los cuales fueron inducidos por el mundo y sin considerar tu singularidad y quien eres en realidad, por suerte para ti no se han cumplido pues es más fácil salir de un lugar cuando no hay nada que perder que salir cuando “vas ganando la apuesta”. Verifícate, verifica tu comportamiento habitual, sientes cansancio y falta de ganas? te enojas fácilmente, te decepcionas rápidamente de los demás… estas enojado! debes liberarte de esa carga pues no irás a ningún lado y así enfermarás el cuerpo e intoxicarás tu alma…

Libera tus enojos, perdónate y perdona… no es una o dos palabras.. es un estado que debes alcanzar en el que te sentirás liberado de la carga del enojo. Recuerda la fábula del León enojado y furioso, el cual era malo con todos los animales de la selva, gruñía todo el día, era malo con los otros.., hasta que un día un simple ratón vio una astilla clavada en un dedo del pie y se la quitó,entonces el león recobró la paz y cambió su comportamiento y su humor…” busca esa astilla que te quita la calma y te mantiene en un estado de depresión o iracundo.

al fin libre

Que halles la Paz en tu corazón! Así sea!

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Saludos, Nicolás Niglia

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