Lo que opinan los demás, el juicio de los otros…

Solemos reconfortarnos en la idea de que no debemos atender el juicio de los demás, de que no debemos sujetarnos a lo que otros opinen de nosotros pero, más allá de todo intento, seguimos siendo sensibles al juicio ajeno, nos sigue afectando lo que otros opinan y entonces tomamos distancia como para no oír su juicio y así liberarnos de él. ¿Podemos vivir sin que el juicio y la opinión de los demás nos afecte, es éste un propósito valedero y útil para el crecimiento y la madurez de la persona?

Que el juicio y la opinión de los demás, de nuestros padres, hermanos, amigos, cónyuges, hijos, vecinos, compañeros de trabajo, etc. no nos afecte no es un síntoma de madurez sino de insensibilidad. Por ende, resistirnos, endurecernos o aislarnos a esta afectación no es sino un acto de inmadurez el cual nos cierra y nos aparta. Que nos afecte el juicio de los demás no está mal! es decir, que nos importe lo que otros piensan no esta mal sino todo lo contrario.

Sin embargo, debemos comprender lo que el otro ve en nosotros cuando nos juzga pues la mirada del que nos juzga está limitada por su capacidad de percibir nuestras razones, Si el otro no comprende las razones que nos mueven a hacer lo que hacemos y  cómo lo hacemos, su juicio será limitado y por ende lo que de nosotros opina no será un reflejo de lo que somos y hacemos sino solo una parte, la parte que el otro es capaz de reconocer de lo que somos y del por qué actuamos como actuamos.

Luchar contra la sensibilidad hacia el juicio de los demás, hacia lo que otros opinan de nosotros es una mal negocio. No debemos rechazar el juicio del otro, no debemos tratar de insensibilizarnos a su opinión, no tiene sentido constructivo alguno sino todo lo contrario. Debemos comprender cómo y desde qué mirada nos ve el que nos juzga. La comprensión de su mirada nos libera de su juicio, de la afectación negativa que tenemos al juicio de los otros. Por ejemplo: cuando tu niño de 8 años de edad te dice que eres una mala madre porque no le compras todos los caramelos que te pide, realmente  te sientes una mala madre? claro que no porque tú sabes que estas haciendo lo correcto y, además, porque comprendes que el juicio de tu niño está condicionado por su inmadurez la cual le impide ver con claridad la situación.

Del mismo modo sucede con todos los que componen la escenografía de nuestra vida, con todos los actores y personajes que componen nuestra historia. Ellos tienen su grado de inmadurez, cierta limitación para comprendernos y por ello su juicio esta viciado por esta limitación. Cuando más sensibles somos, cuanto más se amplifica nuestra percepción de la realidad, de la nuestra y de la realidad del otro, más comprendemos al otro y a nosotros, entonces, los juicios de los demás tienen sentido en cada quien que lo emite y no en sí mismos. Cada vez que juzgamos a otro no hablamos de aquel sino de nuestra capacidad de entender lo que el otro es y no es pues lo que decimos, la idea desde la cual emitimos el juicio está limitada a nuestra capacidad de percibir una realidad y sus razones fundamentales.

Aquel que no puede explicarse con claridad las razones de sus circunstancias no tiene un juicio completo acerca de sí mismo y mucho menos acerca de los demás. Para comprender las razones propias y las ajenas, debemos amplificar la sensibilidad debemos estar en comunión con la vida y con los otros… pero, si insistimos en rechazar el juicio de los otros y en desafectarnos de la influencia externa, lo único que logramos es insensibilizarnos y separarnos del resto y así, nuestra percepción y comprensión no solo no se amplifica permitiéndonos el crecimiento sino que se reduce por el aislamiento.

El otro se vincula a nosotros a través de un vínculo de resonancia, ya sea que lo necesitamos para sobrevivir, para satisfacer necesidades elementales, sexuales, o de jerarquía, el otro no está en nuestra historia por casualidad o azar, está porque algo en ti lo liga y te liga, Eso que te liga es lo que te afecta, lo que confiere al otro influencia sobre ti. Pero, eso mismo que te liga al otro está en el otro por ello el otro encarna lo que hay en ti dándote la posibilidad de que reconozcas algo de ti en el otro… La mujer que te gusta revela el tipo de mujer que te gusta, es decir, revela algo de ti, la comida que comes revela tu sensibilidad y cultura, el trabajo que realizas, el orden de tu casa… todo lo externo habla de ti, te muestra lo que hay en ti. Si te apartes de lo externo porque quieres alejarte de su influencia, cuando su juicio es contrario a tu deseo, entonces te apartas de ti y te pierdes lo que los otros tienen de ti lo que los otros reflejan y te pierdes una valiosa oportunidad de reconocerte y de aprender quién eres….

reflejo

Solo aléjate de alguien cuando ese alguien ya no te afecte pero,  cuando ya no te afecte de ninguna manera no necesitarás alejarte pues nada los liga y será la vida a través de las circunstancias lo que pondrá a cada uno en una senda nueva…

Acepta lo que la vida trae y deja ir lo que la vida se lleva…. lo que trae es lo que eres y lo que se lleva es lo que ya no eres, lo que has aprendido y reconocido en ti. La vida enseña, no castiga, no juzga…

Saludos, Nicolás Niglia

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s