El poder de la costumbre y la libertad…

Mientras nos expresemos desde la costumbre, no seremos libres, el poder estará en la circunstancia pues la costumbre es respuesta, es efecto y no causa; pero, cuando percibimos y nos expresamos desde la identidad esencial del que somos, entonces vivimos en estado de libertad, pues somos independientes de la circunstancia y de lo circunstancial, lo que expresamos entonces es nuestra identidad permanente, eterna.

Aquello a lo que te acostumbras deja de incomodarte, por ello, cada vez que aceptamos el desorden, sea éste del tipo que sea, ese desorden que aceptamos termina por convertirse en el estándar de orden al que nos acostumbramos; y, por ende, dejaremos de percibirlo como desorden, pues dejaremos de verlo. Cabe aclarar, antes de sumergirnos en el desarrollo de este artículo que, si bien toda costumbre es limitante en cuanto a que es efecto, reacción o acción programada, algunas son positivas como por ejemplo las “buenas costumbres” de higiene, de comportamiento social, etc. porque previenen deterioros y mejoran la calidad de vida. Pero, cuando te acostumbras a vivir de manera precaria por ejemplo, este tipo de vida se hace habitual; por ello, mientras tengas la percepción para verlo, no debes aceptar desorden de ningún tipo en tu vida pues eso que hoy te incomoda, si lo aceptas, si renuncias al orden, no es que desaparecerá sino que dejará de incomodarte, pues perderás sensibilidad perceptiva y dejarás de verlo tal cual lo ves hoy.

La costumbre nos insensibilidad con respecto a aquello a lo que nos acostumbramos, lo dejamos de percibirlo tal cual es, dejamos de verlo. Ese cuadro torcido te llama la atención y no puedes hacer de cuenta que no lo has visto, te sientes obligado a enderezarlo. Mientras seas capaz de conmoverte por algo que está fuera de equilibrio, estarás “a salvo”, pero, si acaso renuncias a la sensibilidad perceptiva que te permite ver esos desórdenes, entonces vivirás fuera de lugar sin percibirlo iras perdiendo entusiasmo y tu contexto será un estímulo negativo y desmotivador. Si de pequeño te han acostumbrado a fuerza de repetición a lavar tus dientes tres veces al día, cuando seas adulto esta misma practica será automática, no deberás invertir atención y esfuerzo en conseguirlo, será natural en ti así como lo es vestirte, peinarte, etc. Pero, si de pequeño no te enseñan las buenas costumbres fundamentales para construir un orden, cuando seas adulto deberás esforzarte en ello…

Los primeros años de nuestra vida estamos en plena formación, nos estamos acostumbrando al cuerpo, a la vida, a nuestros padres y, sobre todo, estamos recibiendo las programaciones que hacen a nuestra cultura y hábitos familiares, sociales, etc. Todo ello se hace parte de nuestra costumbre, de lo familiar y habitual en nosotros. Luego, cuando hemos completado el desarrollo de la identidad individual, cuando nos emancipamos y comenzamos a construir una vida independiente de nuestro hogar familiar y sus costumbres, entonces tendremos la oportunidad de expresar un orden que esté en coherencia con nuestra sensibilidad perceptiva, un orden a imagen y semejanza de nosotros mismos. Sin embargo, la fuerza de la costumbre que hemos heredado mientras vivimos en la casa de nuestros padres seguirá presente de manera subconsciente, automática.

Para expresarnos lo más libremente posible y para que nuestra realidad exprese un orden a imagen y semejanza de nosotros, sin contaminación ni interferencias de ningún tipo, debemos desarticular la costumbre, debemos liberarnos de esos patrones, de esa visión condicionada e inducida. Pero, para ello, debemos reconocer la costumbre en nosotros. A medida que experimentamos la vida emancipados de nuestros padres tendremos mayor oportunidad de expresarnos desde nuestra percepción singular, ser nosotros mismos; y, a medida que vamos enriqueciendo esta nueva identidad emergente en nosotros, la que se funda ya no en los estímulos y costumbres familiares sino en nuestra singularidad, percibiremos de manera más clara la diferencia entre nuestro orden y el orden al cual estábamos acostumbrados.

Por supuesto que suscita incomodidad este contraste de órdenes, el nuevo y el aprendido o aceptado pero, escapar o eludir esa circunstancia nos privaría de la posibilidad de distinguir el orden heredado, el cual no es nuestro orden ni expresa nuestra singularidad. Al experimentar el contraste entre uno y otro orden, podremos reconocer lo heredado, la inercia del pasado y podremos liberarnos de ello con solo el reconocimiento, Por supuesto, siempre quedarán reflejos automáticos del pasado pero, aun así, la costumbre nos ira condicionando cada vez menos en la expresión de nuestra singularidad.

No solo heredamos de nuestros padres algún parecido, gestos y costumbres, heredamos una manera de pensarnos y de pensar la vida. Aunque los pensamientos no sean iguales y aun cuando éstos sean opuestos, la manera de pensar puede ser la misma. Entonces, debemos distinguir estos patrones desde los cuales construimos el pensamiento, estas formas pensamiento acostumbradas son lo que nos limita en la expresión de una forma de pensar singular y propia.

Si hubieras nacido en otra familia, con otras costumbres y en otro contexto diferente al que has nacido y en el que has crecido, algunos aspectos y cualidades tuyas serían distintos a lo que son hoy pero una parte de ti sería la misma, esa es la parte singular, el que eres más allá de todo lo externo, esa expresión que surge de tu esencia. Para expresarnos de manera más completa y con la menor interferencia posible del contexto y de la costumbre, necesitamos distinguir lo que es costumbre y contexto, lo que es aprendido y agregado de lo que es lo Esencial, lo inalterable.

Cuando construyes la identidad del que eres, el Yo desde la costumbre y desde el contexto entonces el que eres es resultado de la circunstancia pero, cuando construyes la identidad del que eres desde la esencia, entonces esa identidad está en perfecta coherencia con el que eres más allá de la circunstancia. El que surge como consecuencia de la circunstancia es una identidad circunstancial y el poder está en la circunstancia y no en el sujeto; pero, la identidad fundada en la esencia, y dado que la esencia es inalterable, esa identidad es permanente, no está sujeta a la circunstancia, ni al tiempo, ni a lo transitorio.

al fin libre

Saludos, Nicolás Niglia

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