“Yo Soy Dios…”

De niño me hacía preguntas como por ejemplo: ¿por qué no tenemos ojos para ver el interior de nuestro cuerpo y descubrir así qué es lo que pasa en nuestros órganos y corregir lo que está fuera de su equilibrio, lo que duele…? me parecía un “error de diseño esto de no saber qué pasa en el interior de nuestro cuerpo, lo percibía como una limitación y soñaba con poder meterme dentro de él y explorarlo… Recuerdo que por aquella época, vi una película en la cual un persona construía una nave y ambas, la persona y la nave, se empequeñecían tanto como para ser inyectadas al cuerpo de otra persona y lo recorrían en todo su interior. Aquella película estimulaba aún más esta inquietud que tenía al respecto de la “ceguera” interior que tenemos.

Imagina que tuvieras la capacidad de ver cada célula de tu cuerpo, no solo de verla sino de sentir lo que ella siente, de vivir su experiencia de célula, entonces tendrías muy en claro qué es lo que está pasando en tu cuerpo y podrías corregir todo desajuste y no solo eso, podrías hacer mucho más que sanarte podrías dar a tus células una visión y entendimiento que ellas no tienen, por ejemplo que tengan ellas mismas una mirada sobre ellas mismas que desde la visión condicionada de una célula no tienen, imagina por un momento lo que sería conectar con cada célula y sentir lo que cada célula siente, comprendiendo lo que le pasa, viviendo y experimentado su realidad.

Pero, para sentir plenamente lo que siente esa célula, cada célula de tu cuerpo, deberías “ser la célula”, es decir, deberías encarnarte en ella y vivir su experiencia como tal. De ese modo tendrías, además,  una percepción completa de ti mismo, pues si acaso puedes hacer lo mismo con todas las células que componen tu cuerpo, entonces, tendrás una idea completa y absoluta de tu cuerpo y no habrá secretos ni zonas “oscuras”.

Nosotros, los seres humanos somos a Dios lo que la célula del cuerpo es al cuerpo del hombre. Somos una parte componente de lo que llamamos Dios. Y, Dios, está en nosotros no solo porque lo componemos y somos parte de él, así como la semilla es parte del árbol, sino que Dios se encarna en nosotros para tener esa idea completa y absoluta de sí mismo, por ello es omnipotente y omnipresente, por ello está en todas partes y no hay secreto pues en cada parte que lo compone está su ojo y donde está su ojo está ÉL.

Sí! TU ERES DIOS! YO SOY DIOS!.. pero, solo si eres capaz de ver a través de sus ojos, y esto solo se logra cuando consigues trascender la mirada condicionada por la naturaleza particular “de célula” y sintonizas con la Naturaleza de Dios, es decir, con la Naturaleza Divina….

Estas son las dos naturalezas de las que siempre hablo y explico en las charlas y talleres y en los libros y publicaciones, la naturaleza propia de la célula (de la particularidad específica) y la naturaleza de Dios (del TODO), la cual interviene en la naturaleza de la célula a fin de obtener esa visión completa de sí mismo. En el caso del ser humano en particular, la naturaleza propia del ser humano es la que expresa el instinto y es la naturaleza terrenal; y, la naturaleza de Dios es la naturaleza Divina.

Cualquier célula de mi cuerpo, al dialogar con otras celular puede referirse a mí, a Nicolás, como algo más allá, como si fuera yo otra persona y, de hecho, lo soy. La identidad de Nicolás es una identidad que se sirve de muchas células, aunque cada célula tenga su propia identidad, ninguna representa totalmente a Nicolás sino a una pequeña parte de lo que Nicolás (mi cuerpo) es, pero todas ellas son Nicolás.

Cuando nosotros hablamos de Dios hacemos lo mismo, por supuesto, la Naturaleza Divina, Dios, se expresa en nosotros, está en nosotros tal cual lo he dicho, pero permanece aún la identidad humana, tal cual la identidad de la célula. Sin embargo, la célula es el cuerpo que compone y no es algo separado de él; por ello, cuando la célula comprende que es el cuerpo que compone y que Nicolás no es algo más allá sino que ella es Nicolás y Nicolás es ella (la célula), no hay más división y termina así la “ilusión” que nos hace sentir separados de Dios.

Ahora, regresando al ejercicio de sentir lo que siente una célula de tu cuerpo, imagina que res esa célula pero que además recuerdas que eres tu encarnado en la célula, entonces, confieres a esa célula un poder adicional que no es natural en ella, es decir, que no surge de su naturaleza ordinaria de célula. Ese poder que concedes a la célula la hará extraordinaria como célula y así, esa célula podrá obrar milagros…

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Pero, ese poder que concedes jamás debe ser usado en “tu contra”, es decir, en desmedro de la salud de tu cuerpo y por ello, no concederás ese poder a una célula en la que no exista la plena consciencia y comprensión de que eres tú y no la célula y, solo de ese modo podrás ejercer ese poder desde la naturaleza a la cual corresponde ese poder, de otro modo estarías alterando el orden natural, la salud de tu cuerpo. El poder que proviene de la naturaleza Divina solo debe ejercerse en el ejercicio de la consciencia Divina, pero si concedes ese poder, Divino, a la naturaleza terrenal, corrompes el poder y alteras el orden terrenal.

Todos Somos Uno! En cuanto a que todos somos células que componen el mismo cuerpo, el único cuerpo que llamamos DIOS. Pero, además, todos somos el mismos, cuando actuaos desde la Naturaleza Divina somos el mismo Ser expresándose en distintas identidades específicas y particulares así como si tú te encarnaras en varias células, en todas las células de tu cuerpo sabiendo que eres tú en cada una de ellas pues todas ellas componen tu cuerpo.

No es un acto de soberbia o de arrogancia o de locura si les digo que Yo Soy Dios cuando digo estas cosas, que es la Divinidad en mí, Dios encarnado el que se expresa cuando hablo, cuando escribo cuando actúo pues, también lo sería si dijera que tú y yo somos el mismo, que todos somos uno!… Sin embargo, suena incómodo y suscita rechazo que diga “yo soy Dios”, se percibe soberbio o bien como un acto de locura; pero, que diga “todos somos uno” suena distinto, se percibe como un acto de humildad y sencillez… Sin embargo, ambas afirmaciones provienen del mismo entendimiento… por ello, si tú y yo somos el mismo y si tu y yo nos percibimos uno, “flores de la misma planta” “semillas del mismo árbol”, entonces, producto de la misma percepción y entendimiento afirmo YO SOY DIOS!… y tú también lo eres o, puedes serlo si acaso Despiertas y recuerdas quién eres más allá de la identidad circunstancial humana en la que has encarnado.

¿Quien soy yo? yo soy Dios, pues el Padre Celestial y yo somos el mismo, somos UNO! Él está en mí y yo en Él… así fue, así es y así será de eternidad en eternidad. Así como cada célula de tu cuerpo eres tú, pero más aún cuando esa célula es consciente de que eres tú encarnado en ella, entonces cuando esa célula mira al resto de las células no ve células separadas de ella sino que te ve a ti, en ellas, ve el cuerpo que todas constituyen y siente esta unión y comprende el propósito que las liga…

Saludos, Nicolás NIglia

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