¿Por qué somos infieles?

infidelidad

Por alguna razón todos aceptamos la idea de que la infidelidad es un problema, un error, un incumplimiento de los deberes del marido y de la esposa, sin embargo, la realidad nos muestra que es esta una batalla perdida pues, la infidelidad es tan común e inevitable como el hambre, como el sueño y como las ganas de comer chocolate aún cuando sabes que te engorda, que te aumenta el colesterol, etc.

Antes de explicar por qué el hombre es infiel, comprendamos por qué nos duele la infidelidad. Vamos por el principio, hablar de infidelidad es un tema derivado de la pareja, si no hubiera pareja no habría fidelidad o infidelidad alguna. Entonces, ¿de dónde surge la necesidad de formar pareja y por lo cual nos enfrentamos a todos los problemas que ello trae a la vida de las personas?

Formar pareja es uno de los requisitos que la naturaleza terrenal impone al ser humano, y a tantas otras especies animales también. La vida nos demanda, a través del instinto, la reproducción de la especie, es decir, dar continuidad a la especie, que la vida no se acabe en nosotros sino que continúe. Este impulso natural e instintivo y presente en tantos otros seres vivos nos obliga a formar pareja para reproducirnos y dar continuidad a la especie. Pero, ¿cómo es que la vida nos obliga a formar pareja? Pues, la vida nos persuade a ello a través primero de la necesidad del otro, de una pareja que nos complemente, necesidad que está programada deliberadamente en los machos y en las hembras y en cada uno con una particularidad específica de acuerdo a su rol particular en este asunto de la reproducción.

No tenemos opción, así como no tenemos opción cuando surge el hambre, el sueño, la vida no nos pregunta si estamos de acuerdo o no, nos obliga a través de la necesidad, luego del miedo a sufrir y a morir y luego a través del dolor y del sufrimiento. Con solo pensar que no tendremos qué comer mañana sufrimos, nos duele la mera idea. Del mismo modo sucede con todas las obligaciones naturales que nos caben como especie, entre ellas la de reproducirnos (formar pareja). El propósito de la pareja no se agota en la copulación del macho y de la hembra y en la concepción de la vida pues la cría quedaría indefensa y sin educación, por ello es tan importante formar pareja como concebir la nueva vida, la cría.

Si no conseguimos constituir pareja, entonces, estamos en deuda con la vida y sentimos el rigor de la vida, sentimos la pérdida de derecho a la vida, sentimos la condena a la muerte. Nos duele, sufrimos, enfermamos, morimos… Esta es la manera como la vida mantiene la salud del sistema planetario, el equilibrio natural.

Pero, ¿por qué nos duele la infidelidad? Nos duele la infidelidad porque nos han educado de ese modo, pues no en todos los países la infidelidad surte el mismo efecto ni es considerada del mismo modo. La infidelidad duele más cuando es sabida por todos que cuando solo nosotros lo sabemos, es decir, el hecho de que nuestra pareja nos sea infiel denota insuficiencia en nosotros para complacerla, ello implica debilidad en el cumplimiento del propósito natural de concebir vida y formar pareja, sentimos que incumplimos esta obligación natural y deviene la consecuente sensación de pérdida de derecho a la vida, desmérito. La infidelidad, entonces, pone en jaque a la pareja pues “obliga” al damnificado a tomar una decisión y a asumir su condición frente a otros. La infidelidad no representa el fin de una pareja o de una relación sino solo cuando la persona damnificada por ello decide que así debe ser. Esto último no es un detalle menor, pues están habitual terminar una relación a causa de una infidelidad como continuar adelante cargando con ello… lo que no significa perdón, pues quien lo sufre no lo ha perdonado.

Y, ¿por qué razón el hombre, el macho de la especie humana es infiel casi crónico e inevitable? La naturaleza, a través del comportamiento instintivo, induce al hombre a que se verifique en su capacidad de reproductor a través de la conquista de la hembra. Es decir, el hombre necesita conquista casi diariamente. Pues a través de la conquista el macho verifica su cumplimiento del deber natural de macho. El macho necesita seducir y conquistar sin que ello derive necesariamente en el acto sexual en sí, pero es el acto sexual en sí la consolidación de la conquista.  El macho, por instinto, no busca tener muchas parejas, sino muchas conquistas.

Por esta razón, la mujer inteligente, sabrá mantener el reto y no entregarse nunca totalmente a su hombre pues, si lo hace, el hombre dejará de saborear la conquista en ella  y se verá obligado a buscarla en otras mujeres. Es por ello que esas parejas que viven discutiendo, que viven al borde de la ruptura, que viven de un enojo y reconciliación a otro, son las que mantienen “el fuego encendido” y perduran, y aquellas que caen en la rutina, en la costumbre y pierden recato, son las que caen en la necesaria infidelidad como forma de mantener “el derecho a la vida”. El hombre sale de su casa a conquistar, la mujer sale a seducir, el hombre necesita retos, la mujer de otro, la mujer más bella, la que todos quieren conquistar, cuanto mayor el reto mayor el beneficio. Conquistar significa, en cierto modo, someter, doblegar.

Por supuesto, no todos los hombres tienen el mismo grado de intensidad en la necesidad de comprobar su cumplimiento de macho, no todos los hombres necesitan conquistas diarias para comprobarse, a veces con solo tener en la mira el objetivo es suficiente y no jalamos el gatillo… pero, todo macho de la especie humana, tiene la necesidad natural de comprobarse como tal y ello lo logra solo a través de la conquista, lo cual no necesariamente debe derivar en sexo, a veces con el solo ejercicio del poder sobre una mujer, en el trabajo, o en el ámbito que sea, solamente doblegándola en su voluntad, logrando su rendición es suficiente para conseguir lo que se busca.

Pero esta cualidad no es exclusiva del macho de la especie humana, sino que es propia del aspecto masculino, el cual está presente también en las hembras, y cuando la hembra tiene su aspecto masculino activo sucederá lo mismo que en el caso del hombre y buscará la comprobación de su capacidad de conquista casi permanentemente, tal cual el macho, y esta mujer será ejecutiva o tendrá a cargo su negocio y buscará doblegar al macho como manera de verificarse a sí misma en su derecho a ser.

El aspecto femenino, el cual tampoco es exclusivo de la hembra, en cambio, no busca la comprobación de su cumplimiento con la vida a través de la conquista del otro sino a través de su capacidad de concebir vida. La mujer necesita dar vida, necesita concebir y parir vida nueva. Así como el hombre necesita comprobarse como macho a través de la conquista de hembras, la mujer necesita comprobarse como hembra a través de la concepción de vida.

Pero, en los casos de mujeres que saben de la infidelidad de su hombre, y por considerarla como una amenaza que las puede dejar sin pareja, salen a buscar el reemplazo por si la amenaza se cumpliera. Pues, quedarse sin pareja implica incumplir la segunda vocación que nos impone el instinto, esto es: reproducción, lo cual implica no solo concebir vida sino constituir pareja.

Hombres y mujeres son infieles pero no lo son por la misma razón ni buscan lo mismo. Esto depende, como he dicho, primero de la vocación del macho y de la hembra, el macho es conquistador por naturaleza y la hembra es dadora de vida pero, el ser humano tiene la particularidad de contar con ambos aspectos, el masculino y el femenino, en los casos de hombres con un aspecto femenino activo e intenso actuarán con la sensibilidad de la mujer en el asunto de la pareja y de la infidelidad y, lo mismo, pero al revés, en el caso de la mujer con un aspecto masculino activo e intenso.

En conclusión, la infidelidad es un patrón de comportamiento natural en el ser humano, lo que buscamos cuando somos infieles depende de varios factores pero siempre está en directa relación a una necesidad natural de supervivencia (cuando usamos el sexo como moneda de pago), de reproducción (cuando lo hacemos para concebir vida) y de jerarquía cuando lo hacemos parea conseguir reconocimiento, autoestima, poder…

Así como el hombre busca comprobarse en su cualidad de macho a través de la conquista, la mujer que tiene su trabajo y consigue lo que no recibe a través de su marido, dinero, seguridad, estabilidad, esa mujer es propensa a “pagar con sexo”, a intimidar con su jefe pues el jefe está ocupando el rol del “macho” y no su marido.

El problema no es la infidelidad, sino el desconocimiento que tenemos acerca de las razones que nos impulsan a hacer lo que hacemos, este desconocimiento profundo que tenemos de nosotros mismos nos confunde, nos condena al sufrimiento y nos quita plenitud.

Por supuesto, al analizar un caso en particular surgen patrones y cuestiones específicas que derivan en infidelidad pero, una cosa es una experiencia de infidelidad aislada y otra es cuanto esto se hace crónico y regular.

Este y otros temas concernientes a la pareja y al emparejamiento armónico entre sujetos tratamos y sanamos en las Terapias de Pareja….

yo 1

Nicolás Niglia

 

 

 

 

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