Urge reconciliarnos con la vida, pues vivimos a contra corriente de ella…

madre tierra
Los animales, en su estado salvaje (natural) son la expresión pura y plena de la naturaleza terrenal, la misma que intenta expresarse a través del ser humano mediante lo que conocemos como los programas del instinto o, simplemente, como el instinto. Mientras que en los animales salvajes el instinto se expresa plenamente y sin interferencias (salvo cuando el hombre interfiere), en el ser humano esto no ocurre así, existe un poder en el humano que le confiere a éste la capacidad de desobedecer y de engañar al instinto.
La naturaleza terrenal, a través de los programas del instinto, nos impulsa a cumplir determinadas vocaciones naturales como ser: la vocación de mantenernos con vida (sobrevivir), la vocación de reproducción la que se expresa a través de dos impulsos bien claros, por un lado el impulso sexual, las ganas de tener sexo; y, por otro lado, el impulso de formar pareja/familia; y, la vocación de ganar o de alcanzar metas, logros, reconocimiento por lo que somos y hemos hecho.
Sin embargo, el ser humano se las ha ingeniado para desobedecer la voluntad de la naturaleza terrenal expresada a través del instinto y si bien ejercemos el impulso sexual, es decir, tenemos sexo y lo disfrutamos, lo hacemos pero evitando concebir vida. Si el propósito del impulso sexual, el cual es común a casi todas las especies animales del planeta, es el de procrear vida, al evitar la concepción de nueva vida cada vez que tenemos sexo estamos desobedeciendo la voluntad de la naturaleza y estamos utilizando un poder que ha sido dado con un fin, para otro fin, estamos incumpliendo una obligación, es una especie de estafa a la naturaleza. De aquí, de este sencillo razonamiento surge la idea del sexo como pecado, como algo prohibido o negativo siempre que sea usado no para cumplir el fin por el que ha sido dado sino para otro fin.
Del mismo modo, y dentro de la misma vocación de reproducción que impulsa la naturaleza terrenal a través de los programas del instinto, el deseo que todos tenemos de formar familia es parte de estos programas y tiene como fin dar contención, formación y suministro a la cría pues con solo tener sexo no alcanza para garantizar la continuidad de la especie humana. Todos los animales cuidan a su cría hasta que la cría llega a su madurez y se emancipa. Por esta misma razón, tener sexo sin haber constituído pareja/familia, está visto por los religiosos y protectores del conocimiento como un acto negativo o pecado pues es otra desobediencia de la voluntad de la naturaleza terrenal, la cual nos da la vida el lugar y el suministro diario.
Debemos obediencia a la naturaleza terrenal pues somos parte de ella y es en ella donde debemos echar las raíces que nos darán el cimiento necesario para elevarnos.
Si no vas a utilizar bien el poder que la naturaleza terrenal te ha concedido, pues entonces no lo utilices! esta es la consigna, no utilizar lo que no vamos a utilizar bien pues no solo causamos desequilibrio en el vínculo con la naturaleza (con la vida) sino que además nos cargamos Karma. En base a esta idea es que algunas religiones y custodios del conocimiento han optado por el celibato… El celibato es “no hago uso del poder que la naturaleza me dio a fin de evitarme las consecuencias del mal uso pues si he decidido no tener hijos, no estaría bien ejercer el sexo”.
Pero, la pregunta que nos hacemos es: ¿se puede vivir sin tener sexo? Es decir, la naturaleza terrenal nos impulsa el deseo sexual y el deseo de formar familia, esto no hay manera de apagarlo, se puede atenuar pero no eliminar por completo y para atenuar lo se requiere dedicación casi absoluta tal cual un monje en claustro pues, al primer estímulo sexual nuestro sistema animal responderá con el deseo. Para evitar una sobre estimulación del deseo sexual, dado que de por sí estamos mal utilizando este poder, los religiosos y custodios del conocimiento comprendieron que la pornografía y el erotismo publico son negativos para el desarrollo del ser humano pues lejos de atenuar los impulsos del instinto los exaltan condenándonos a ello, a ser salvajes aún cuando vivimos en ciudades complejas y sofisticadas en tecnología y diseños.
A medida que desobedecemos el impulso de la naturaleza terrenal, el cual se expresa a través de los programas del instinto, los cuales son ineludibles para el ser humano, vamos perdiendo relación con la vida y necesitamos de cada vez más tecnología y artilugios que reemplacen el medio ambiente natural. Falta solo que debamos transformar el aire que respiramos para que perdamos casi todo vínculo con la naturaleza pues, debemos transformar y procesar los alimentos, los líquidos, debemos vivir en ciudades aisladas de la naturaleza, debemos consumir drogas para mantener “la salud”… es decir, somos cada vez menos propios de este planeta y eso es a causa del aislamiento voluntario del ser humano, del rechazo a la naturaleza.
Por naturaleza somos mortales, sin embargo nos esforzamos en prolongar la vida… y así, actuamos como el niño caprichoso y mal educado, desordenando, desequilibrando contradiciendo el Orden Natural de las Cosas…
El primer paso que debemos dar en el sentido de la reconciliación con nuestra Madre Naturaleza es el del reconocimiento de nuestra desobediencia, de nuestro alejamiento, del mal uso de los poderes que la vida nos ha otorgado.
El siguiente paso es el del reconocimiento de nuestra limitación en el sentido de querer controlar o gobernar el instinto. Asumamos que no tenemos el gobierno de nuestro cuerpo y de los programas del instinto, pues no somos el cuerpo sino que a través de él nos expresamos con un propósito de evolución. Reconocer la grandeza de nuestra Madre Tierra y aceptar su designio expresado a través del instinto es aceptar nuestra parte terrenal, nuestro ego. Pero, aceptarlo no implica darle riendas sueltas ni obedecer absolutamente su impulso sino darle lugar y atención pero de manera ordenada y siempre en sintonía con el propósito por el cual estamos en el cuerpo y en este mundo.
Este es un acto de humildad necesario para recomponer nuestro vínculo con la vida. Arrodillarnos ante la Madre Tierra, honrar lo que hemos recibido dándole uso correcto o bien no utilizando ese poder si acaso no le daremos el uso correcto.
Por supuesto, no es fácil no utilizar ese poder, no es fácil apagar el deseo sexual y mucho menos en un mundo que se encarga deliberadamente de exaltar los impulsos del instinto como medio de construir poder de unos sobre otros… pues, no se puede gobernar el instinto pero sí se puede manipular a otros y a las masas a través de la estimulación de los impulsos instintivos…
Como no es nada fácil desobedecer los impulsos del instinto y menos en este mundo actual, no se nos pide ni celibato ni morir en matrimonio, o dicho de otro modo, no se castigará a quien tenga una vida sexual activa y no tenga hijos, o no forme una pareja estable siempre y cuando su prioridad y su compromiso real esté puesto y enfocado en el propósito que da sentido a su existencia, y que no es el de cumplir las demandas del instinto sino el de trascender este mundo.
Para comprender mejor esto último, en cuanto al propósito, utilizaré el ejemplo del bebé en la panza de la madre. El bebé se gesta en la panza de la madre, es decir, dentro del cuerpo de una mujer crece otro individuo. Pero el propósito de este individuo que crece dentro de su madre no es quedarse allí, no es ese su lugar natural aunque necesite del cuerpo de su madre para construir su cuerpo. Así como el propósito del bebé es el de trascender el cuerpo de su madre y continuar la vida una vez fuera de ella, el propósito de cada individuo una vez que estamos fuera de mamá (pero dentro de nuestra Madre Tierra) es el de trascender el “cuerpo de la Madre Tierra” y continuar la vida más allá de ella (de este mundo).
Observa al bebé dentro de su madre, tiene pulmones y no respira, tiene piernas y no camina… Estas son las cualidades que dan continuidad a la vida del individuo una vez que trasciende el cuerpo de su madre. Del mismo modo, nosotros, en este estado de realidad, debemos desarrollar las cualidades que si bien no tienen sentido en esta realidad y en este mundo, son las que nos dan la continuidad más allá del cuerpo de nuestra Madre Tierra…
Pero, si el bebé no construye un vínculo en armonía con el cuerpo de su madre, será expulsado, si el bebé se convierte en una amenaza para la salud de su madre, será expulsado, lo que se llama un aborto natural…. Del mismo modo, si nosotros no entablamos un vínculo sano con Madre Tierra, no solo no recibiremos lo que de ella necesitamos para completar nuestro desarrollo y trascenderla, sino que corremos riesgo de ser expulsados y, de hecho, hemos sido expulsados de la naturaleza pues la vida natural implica una amenaza para nosotros, no sobrevivimos sino en ciudades, con medicamentos, con alimentos procesados, etc.
Nuestra Madre Tierra se está estremeciendo tal cual la mamá cuando comienza el trabajo de parto… Urge reconciliarnos con la vida, con la naturaleza terrenal, con nuestra Madre Tierra! pues sin ella y sin lo que de ella necesitamos para Ser, no iremos a ninguna parte!
No se trata de comer vegano, no se trata de rituales, no se trata de simular… se trata de reconocer nuestra desobediencia y el mal uso que hemos dado al cuerpo, al poder que se nos ha conferido y a la vida… Comencemos por el principio, por el reconocimiento del error, esto es lo que se ha llamado “arrepentimiento”, comencemos pues por ser conscientes del mal uso que hemos dado a nuestras energías y a nuestro Ser…
yo 1
Saludos, Nicolás Niglia
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