Programas y patrones negativos, cómo se generan y cómo liberarnos.

laberinto
Para comprender esto debemos repasar algunos conceptos básicos de la condición humana terrenal. El ser humano, como todo animal, está impulsado en su comportamiento habitual por un sistema de funcionamiento que llamamos instinto. El instinto determina los objetivos de la vida del ser humano (supervivencia, reproducción y jerarquía), pero no nos dice cómo lograrlo sino que debemos aprenderlo de otros, de cómo otros lo lograron (nuestra familia).
Precisamente, dentro del 2do objetivo del instinto, el de la reproducción, existen dos metas muy claras y bien reconocibles, estas son: a) el deseo de tener sexo; y, b) el deseo de formar una familia. La segunda meta que impone el instinto tiene que ver con el hecho de que el individuo no nace sabiendo las maneras de alcanzar los objetivos que el instinto determina, por ello necesitamos de la familia para que nos enseñen cómo lograrlo. Pero, para que la enseñanza ingrese y se haga programa de funcionamiento habitual en nosotros debemos tener cierta apertura a ello: aprendizaje. Por esta razón, los niños tienen una frecuencia encefálica muy baja a fin de “absorber” todo a su alrededor, es decir, para copiar y aprender cómo alcanzar los objetivos que el instinto nos impone como condición de existencia en este mundo. Esta apertura que nos convierte en una especie de “esponja” que todo lo absorbe no distingue entre lo “bueno” y lo “malo” sino que copiamos todo…
El primer objetivo del instinto es la supervivencia, para lograrlo, en los primeros años de vida, cuando no somos capaces aún de proveernos a nosotros mismos, necesitamos de nuestros padres y por ello nuestra naturaleza terrenal nos aferra tanto a ellos, en un vínculo de vida o muerte. Este vínculo de dependencia con nuestros padres, basado en la necesidad que nosotros tenemos de ellos como sustentadores de nuestra vida, les otorga un poder determinante sobre nosotros. Entonces, toda la apertura que naturalmente tenemos de niños para copiar todo a nuestro alrededor será la puerta de entrada a todo lo que nuestros padres nos den, bueno y malo, a todo lo que ellos hacen con su vida, con los demás, etc.
Debido a esta capacidad de absorber todo a nuestro alrededor, pero fundamentalmente lo que nuestros padres hacen, surgen los primeros programas y patrones de funcionamiento que determinan la “IDEA” que nosotros tenemos de nosotros mismos, nuestra primera identidad de sujeto, la que llamamos Yo Ego. Y como la capacidad de aprender no distingue entre lo bueno y lo malo sino que absorbe todo! el contexto en el que nacemos y nos criamos es determinante pues, absorberemos de nuestros padres y familia sus modos de resolver los objetivos que a todos nos impone el instinto pero que no todos resolvemos con el mismo éxito y de la misma manera.
El patrón de comportamiento, la actitud ante la vida, ante las circunstancias, todo eso se aprende o no cuando tenemos “la mente en blanco” sin ideas… Los primeros años de vida, nuestra mente no tiene una idea propia e individual de sujeto, de sí mismo, sino que está identificada con nuestros padres, con la familia de quien es dependiente. La mente toma la información que recibe y construye la IDEA del YO. La mente nace con la pregunta ¿quién soy yo? La primera respuesta que todos nos damos es “yo soy mamá” pues con ella, con su cuerpo, nos identificamos y asumimos que somos una parte de ella. La segunda respuesta es “yo soy papá” pues con él descubrimos el mundo más allá de mamá y así hasta que llegamos a la respuesta del Yo Ego (yo soy Nicolás, varón, argentino, etc…).
La siguiente respuesta es “Yo Soy el que Yo Soy” es decir, descubrimos que no somos “Nicolás” sino que ésta es una identidad circunstancial, circunscrita a un tiempo de nuestra existencia así como las anteriores identificaciones. Pero tampoco sabemos aún cuál es nuestra identidad eterna, cómo definirla, por ello solamente asumimos que Soy el que Soy… y no necesito saber más (es decir, acepto que no soy nada de lo que pueda imaginar que soy pues en este estado de realidad, humana, estoy limitado para comprender lo que realmente soy).
La competitividad determina el éxito en el logro de los objetivos que impone el instinto, las familias con mayor éxito transfieren a sus hijos las claves de su éxito y así se va transmitiendo de generación en generación y surgen así las clases sociales. Pero este éxito es tan circunstancial como lo es esta vida y es tan relativo como lo es la identidad terrenal.
El aprendizaje nos permite aprender lo bueno pero también lo malo, por ello, para aprender lo bueno primero debemos liberar lo malo, de lo contrario estos patrones discordantes serán como un virus en la computadora, impedirán que lo bueno prospere en su propósito, que funcionemos bien según las demandas del instinto por supuesto. Liberar los patrones negativos que hemos absorbido de nuestro contexto familiar requiere, además de una buena técnica de sanación y de un buen sanador, comprender el origen de esos patrones, comprender el contexto y momento familiar en el cual fueron creados. Para ello debemos Observar, Sentir y Entender el asunto. Observar con la mayor amplitud posible, es decir, sin condiciones, prejuicios, sin memoria, sino observar el asunto sin pasado, como si fuera la primera vez que miramos la escena. Sentir a pleno lo que estamos observando es indispensable para entender lo que observamos y así descifraremos el enigma que nos tiene atrapados en estos programas y patrones.
En las consultas individuales proveo este apoyo y acompañamiento, esta Guía en el proceso de Auto Observación, Sensitividad plena con lo observado y Entendimiento. Me sirvo, además, de dos herramientas muy efectivas que son los Cristales Litios y el Método Gaiadon Heart. Esto mismo pero de manera no tan focalizada hacia lo individual sino más bien hacia lo que es común a todos, es lo que realizamos en los talleres y charlas grupales, es esto lo que buscamos, es este mi método: O.S.E. (Observar, Sentir y Entender) pues es esta la composición del estado de Consciencia: observación, sensibilidad y entendimiento.
Saludos, Nicolás Fernando Niglia Verdino
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