¿Se puede ser Feliz?

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¿Por qué sufrimos?

Para comprender la razón del sufrimiento debemos comprender el sentido que el sufrimiento tiene y el propósito que cumple este mecanismo programado deliberadamente en el animal. Resulta que la vida animal en este planeta, dentro de la cual estamos incluidos los seres humanos por supuesto, está gobernada y regida por un mecanismo que llamamos: instinto. El instinto es la expresión de la voluntad de alguien que no es el sujeto que está sometido al instinto, sino quien programó el instinto que determina el comportamiento del sujeto. Los animales expresamos una voluntad que no surge de nosotros sino que la reproducimos en el comportamiento cotidiano del cual surge una identidad, que llamamos Ego.

Toda creación expresa una voluntad que no le es propia sino de quién creo lo creado. Todo lo creado es expresión de un propósito que no surge de lo creado sino que lo creado surge como consecuencia del propósito. Por ello, toda criatura que no expresa su propósito, no tiene existencia, no tiene lugar ni razón de ser…

Quien programó el instinto, esa consciencia que determina lo que los animales hacemos a diario, espera de nosotros obediencia pues, de lo contrario, se rompería el equilibrio de la vida animal en el planeta y éste desequilibraría además al resto de los sistemas de vida y, así, el planeta incumpliría su propósito de expresar un sistema de vida tal cual el que expresa. El planeta también es creación y por ende expresa una voluntad, un propósito al cual debe ajustarse para existir.

Para asegurarse que todos los animales seamos obedientes, quien programo el instinto, la consciencia del planeta, instalo una serie de mecanismos que nos persuaden ante la desobediencia. Estos mecanismos van creciendo en intensidad persuasiva conforme crece o se intensifica nuestra desobediencia de lo que el instinto demanda.  Así es que comienza con lo que llamamos miedo, luego culpa, luego sube su intensidad a lo que llamamos dolor, luego al sufrimiento y luego, y por último y si acaso no hemos acatado, entonces seremos quitados de la escena a través de la muerte. Son estos los pasos que sigue el mecanismo persuasivo que se activa ante la desobediencia de la demanda del instinto.

Pero no es solamente el instinto el que demanda y espera de nosotros un comportamiento. Nuestra familia y la sociedad nos educan, nos forman, y esperan de nosotros un comportamiento determinado. Esta formación se agrega a la demanda del instinto (inconsciente) en forma de un instinto agregado o inconsciente agregado el cual llamamos subconsciente.

Es decir, estamos sujetos a cumplir no solo la IDEA original que el Planeta tiene para nosotros, su expectativa, sino que además estamos sujetos a la IDEA que nuestra familia tiene para nosotros y a la IDEA que la sociedad a la que pertenecemos tiene para nosotros.

Cuando incumplimos las expectativas de la naturaleza animal y/o las de nuestros padres y y/o las de la sociedad, entonces se activan estos mecanismos, el miedo, la culpa, el dolor, el sufrimiento y por último la muerte/exclusión. En este último caso debo realizar la siguiente aclaración: no siempre la muerte significa la muerte del cuerpo, sino que puede serla muerte de la identidad, es decir, desaparecemos de una ciudad, nos salimos de la estructura social de la familia, nos mudamos a otro país, de esa manera “morimos” a una identidad pues al no encajar en ella, al no cumplir sus expectativas perdemos derecho a la existencia allí.

¿Por qué nos deprimimos?

Cuando el incumplimiento de estas expectativas no es voluntario, es decir, cuando no surge como consecuencia de una decisión voluntaria y vocacional sino que simplemente no somos capaces de cumplir dichas expectativas y renunciamos a lograrlo por sentirnos incapaces, entonces caemos en depresión pues sentimos pérdida de mérito, pérdida del derecho a existir, a ser. Nos sentimos incapaces de cumplir la IDEA original que nos cabe como criaturas y por ello sentimos la pérdida de sentido y razón de existir.

En cambio, cuando el incumplimiento de las expectativas del instinto y/o de nuestra familia y de la sociedad es como consecuencia de una decisión vocacional, si bien se activarán los mecanismos del miedo, la culpa, el dolor, el sufrimiento y la muerte/exclusión, éstos no serán determinantes ni tendrán la intensidad que en el caso anterior pues la misma razón por la cual hemos incumplido dichas expectativas, la vocación, nos salva, nos da el estímulo suficiente para neutralizar esos mecanismos de persuasión.

Entonces, ¿por qué caemos en depresión? Porque nos sentimos incapaces de cumplir las expectativas de la Vida de la Familia y de la Sociedad; pero, fundamentalmente porque no estamos ejerciendo una voluntad singular, propia y soberana del sujeto, sino que quedamos atrapados en un vacío, nos hemos detenido, estancado.  Pero esto es bueno! pues no lo logramos, incumplimos,  porque ello no sirve a nuestro propósito de nacer como creadores, no sirve a la transformación de la criatura en creador.

Este es el sentido de la frase de Jesús: “renuncia a la vida y hallarás la Vida”… renuncia a la vida que te propone el instinto y la sociedad y hallarás TU VIDA, la vida del Ser que eres y que es la razón de tu existencia. Renunciar a la vida no significa que te crucifiquen, sino que debes aceptar la muerte de la identidad social, de hijo y de la identidad que tú mismo habías asumido de ti mismo, claro! Es una muerte y se siente como tal.

Entonces, ¿qué es lo que neutraliza los mecanismos persuasivos del instinto como el miedo, la culpa, el dolor, el sufrimiento y la muerte? Lo neutraliza una razón que tenga la misma intensidad y significado que aquello que esos mecanismos vienen a defender, es decir, la vida. Aquello por lo que estás dispuesto a dar tu vida, a dar tu tiempo y tu dedicación, aquello en lo que decides ser y realizarte aquello a lo que no puedes renunciar pues sería como renunciar a ti mismo… eso, esa vocación, ese propósito nos da el poder y la razón y el sentido a todo lo que nos pasa como consecuencia de ello mismo… es este un acto de verdadero amor.

Algunos filósofos definían la felicidad como la ausencia de angustia, siguiendo este razonamiento sencillo pero suficiente, podemos decir que la felicidad la trae el cumplimiento de las expectativas de la vida, expresadas a través del instinto y de las expectativas de la familia y de la sociedad, expresadas a través de la educación y las costumbres. Es decir que la felicidad es el premio que la vida, la familia y la sociedad nos dan cuando obedecemos sus expectativas.

Sin embargo, se postula otro camino para llegar a la felicidad o a la ausencia de angustia, este otro camino sugiere la indiferencia a las expectativas del instinto, de la familia y de la sociedad. Este camino nos induce a un estado de insensibilidad hacia la vida y hacia el otro. Entonces, la felicidad en este caso deviene por la ausencia de angustia pues al no sentir la demanda que las expectativas significan para quien las acepta, sencillamente no habrá incumplimiento, no habrá deuda.

Pero, realmente, ¿podemos ser indiferentes a la demanda del instinto, podemos vivir realmente sin ocuparnos de sobrevivir, sin sexo, sin relación con los demás y con el mundo? Claro que no.  Es una empresa destinada al fracasado así como ha fracasado, por ejemplo el celibato en los curas.

La felicidad que propone la vida, en este nivel de realidad o dimensión, es una felicidad consecuente del cumplimiento de las expectativas que la vida (el instinto), la familia y la sociedad tiene sobre nosotros, de lo que ellos esperan de nosotros para darnos lugar y reconocimiento y todo lo que necesitamos de los demás para vivir y para cumplir las demandas del instinto. Necesitamos una mujer, los hombres, para cumplir nuestra obligación de reproductores por ejemplo.

¿Existe otra felicidad? Pues si existiera otra felicidad no sería aquella que surge como consecuencia de la ausencia de la angustia, es decir, de la ausencia de incumplimiento de las obligaciones sino la que nos libera del deber de cumplir. Si acaso no tuviéramos obligaciones que cumplir sino solo Ser, no habría incumplimiento pues siempre que expresamos lo que somos, pues dado que somos lo que expresamos, en ese caso estaríamos siempre en perfecto cumplimiento. Entonces, ¿se puede alcanzar este estado de felicidad?  Sí, pero para ello deberíamos estar plenamente comprometidos con lo que somos, con el Ser en cada uno, y ejercer solamente las cualidades singulares que determinan y caracterizan a nuestro Ser sin importarnos otras obligaciones que no sean éstas. Este es el sentido de la renuncia, del desapego.

Para alcanzar aquel estado de felicidad o plenitud, debemos antes conseguir libertad, es decir, debemos desafectarnos de la obligación impuesta por una voluntad que no surge de nuestra voluntad, como es la voluntad que expresamos cuando vivimos para cumplir las expectativas del instinto, de la familia y de la sociedad.

Esto que digo no entraña oposición al instinto o a la vida, no implica oponernos o entrar en antagonía con la educación y con la familia y con la sociedad, no debemos combatir a nadie, sino solo Ser. Se trata dar a tu vida un sentido en pleno compromiso con tu vocación, con tu destino singular y propósito específico, para lo cual tienes las cualidades específicas que necesitas. No se trata de dejar de alimentar al cuerpo o de dejar de tener sexo, se trata de hacer todo eso siempre y cuando hacerlo no implique condicionamiento para lo verdaderamente importante. No se trata de olvidar a tus padres o de rechazarlos, se trata de amarlos y comprender sus razones, comprender que en ellos priman los mecanismos del instinto, de su familia y de la sociedad, los que en ti no están teniendo efecto pero sí en ellos, por ello debes ser indulgente con tu familia y con la sociedad pero sin salirte ni un centímetro de tu rumbo.

En fin, si no amas, si no abrazas lo que eres y si no ejerces tu Don, tu vocación y tu propósito incondicionalmente, entonces, los mecanismos del instinto y las expectativas de tu familia y de la sociedad te oprimirán y te deprimirán, te quitarán poder y razón.

Saludos,

Nicolás Fernando Niglia Verdino

 

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