Tensión en la pareja, odio de género…

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Es lamentablemente cada vez más claro el odio que existe entre hombres y mujeres, un odio solapado, subyacente y muy bien disimulado. Por qué el odio y por qué disimulado o no asumido? Pues, el origen del odio de género está basado en un aspecto fundamental, la necesidad que un genero tiene del otro para cumplir uno de los principales mandatos que la naturaleza impone sin exclusión: la reproducción.
Como criaturas que somos, cargamos la obligación que se ha impreso en nosotros a condición de vida o muerte. Cumplir los mandatos que la naturaleza humana animal impone es cosa de vida o muerte y cuando dependemos de otro para cumplir esta obligación sentimos que el derecho a la vida está en manos del otro y no en nuestras manos.
Es que para cumplir, por ejemplo este proposito fundamental, de reproducción, necesitamos una pareja. Es como esas carreras de a dos, donde gana el equipo y pierde el equipo, entonces, no sirve tanto lo que tu hagas si acaso el otro no responde de igual manera y con la misma intensidad, pues ambos sienten que pierden pues ambos incumplen, fracasan en el cumplimiento de esta obligación natural.
Entonces intentamos controlar al otro y la situación a fin de neutralizar cualquier amenaza que derive en el incumplimiento de tal obligación y en la sensación de pérdida de derecho a la vida (que es lo que el mismo mecanismos animal nos indica cuando incumplimos las demandas del instinto).
Si el control es posible o, mientras creemos que controlamos, entonces las alarmas están desactivadas y los mecanismos de persuasión con los que el mismo instinto cuenta para desarticular cualquier desobediencia, como el miedo, la culpa, el dolor, etc. también están apagados y tenemos ese omento de paz…
Pero, si acaso desaparece esa creencia o percepción de que tenemos el control sobre el otro, entonces, se encienden los mecanismos de persuasión y entramos en un estado de tensión, miedo y culpa que desgasta y deprime a la pareja… llevándonos a la mutua acusación por el fracaso ante la vida…
Comprendamos el mecanismo para liberarnos del mecanismos animal… éste nos obliga a cumplir o a morir, así lo siente el animal, el humano, el perro, el caballo y el loro… por eso la competencia permanente en todo y por todo… y, cuando perdemos, no solo perdemos lo obtenido, la pareja, la relación, al otro, sino que perdemos el derecho a la existencia según nos lo hace saber “la vida” a través de los programas del instinto… y allí nos deprimimos… Odiamos al que necesitamos y no podemos controlar, pues al no poder controlarlo tenemos miedo de que no cumpla su parte y nos impida cumplir la nuestra, pues, una pareja se hace de a dos…
El hombre siente la carga de su obligación de macho, proveedor, reproductor y protector.., y tratará de controlar todas las variables en juego y de neutralizar todas las amenazas a su condición y así vive estresado y en estado de beligerancia permanente…. A cambio de proveer y proteger, el macho reclama control sobre su hembra y así neutraliza toda posibilidad de que su hembra lo abandone, lo contradiga y resulte en una amenaza que el impida cumplir su rol no de macho sino de reproductor, tal cual le exige la naturaleza.
Con la hembra sucede igual, ésta necesita al macho pero no solo para concebir la vida en su vientre sino que reclamará del macho protección, provisión… de no contar con ello, la hembra siente que incumple con su compromiso pues su compromiso con la vida está en manos nos solo de ella sino también del macho, su pareja… por lo menos hasta que la cría se emancipa. El macho que incumple su rol de proveedor y protector pierde derecho sobre la hembra y su cría, pues no aporta su parte en su compromiso con la naturaleza terrenal y la hembra, impulsada por la misma naturaleza que le quita el derecho al macho, lo expulsará y lo reemplazará por otro que cumpla pues la hembra lo necesita para cumplir ella su parte pues esta obligación vincula siempre a dos.
Este comportamiento animal es común a muchas especies dentro de las cuales estamos nosotros. Pero no somos solo animales, no somos solo ese mecanismo automático y salvaje.. Pero, mientras vivamos en la plena identificación con la bestia que somos por principio y origen terrenal, no prosperaremos en nada más allá que este comportamiento mecanismo y primitivo, condenándonos al odio de género, al estado de control de uno sobre el otro, o bien a la lucha y beligerancia.
La necesidad del otro y la falta del control sobre el otro nos produce miedo, ese miedo a que el otro nos incumple y así nos condene a incumplir con al vida, nos hace odiarlo, produce un sentimiento negativo en nosotros, de competencia y lucha permanente… no hay amor… claro que no…
Vivimos así en una negociación permanente, en un acuerdo de partes, matrimonios basados en la conveniencia de cada uno en cuanto a evitar el fracaso y asumir el incumplimiento… suelde decirse “no seré feliz, pero tengo marido”… es decir, cumplo mi obligación con la vida aunque esto me pese pues más me pesaría la sensación de no tener derecho a la vida pues eso sería como la misma muerte..
Estamos atrapados en el mecanismo animal, y creemos que somos libres! no podemos aspirar a nada mejor a la suerte que el cabe al salvaje si acaso vivimos así, como salvajes, siendo solo mecanismos inconscientes….y es eso lo que somos…
Liberar al matrimonio de la carga que el cumplimiento de la obligación que la misma naturaleza impone es fundamental para evitar el odio. Ponerse en “los zapatos” del otro es indispensable y es el verdadero acto de amor… si no entendemos los hombres cómo sienten las mujeres esta obligación que su naturaleza les impone y si las mujeres no entienden lo que el hombre siente por obligación natural.. si no entendemos por qué el otro necesita controlarme, a qué le teme… si no entendemos, si no nos ponemos en el lugar del otro..no habrá amor sino solo odio…
El odio que siente el esclavo hacia su amo, el odio que siente el condenado a quien lo condenó, el odio que siente el traicionado al traidor, el robado a su ladrón…. el odio que siente la presa a su depredador… la necesidad del otro y la imposibilidad de controlarlo nos conduce al miedo al incumplimiento, es decir, al miedo a la muerte… y, según está programado en nosotros, como en todo animal, haremos cualquier cosa para evitar la muerte, aún si fuera necesario, matar.
Liberate del animal, comprende tu mecanismo,enciende la Luz e ilumina las sombras y deja de actuar como hembra o como macho… eres mucho más que eso…
Saludos, Nicolás Fernando Niglia Verdino
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