El Control, la Competencia y la moral

El Mecanismo de funcionamiento humano nos impulsa a la acción a través de la felicidad, del placer, del miedo, la culpa, el dolor, el sufrimiento y la exclusión. La necesidad le da dirección a la acción en el sentido de la satisfacción de estas necesidades, satisfacción que el mismo mecanismo impone como condición para la existencia.

Incumplir o no satisfacer las necesidades que impone el mecanismo implica la pérdida de derecho a la existencia, es decir, la muerte. Pero, el mismo mecanismo nos impulsa hacia la vida en rechazo rotundo de la muerte, siendo ésta la manera de persuadirnos a hacer lo que nos corresponde hacer según el propósito que se expresa a través del mecanismo. El instinto nos persuade de matar, si fuera necesario, para defender la vida y todo lo que garantiza la existencia.

Por esta razón, surge “la necesidad de todas las necesidades”: la necesidad de controlar lo que satisface las necesidades, aquello de lo que dependemos para satisfacer las necesidades que el mecanismo de funcionamiento humano nos impone como condición de vida o muerte. Así es que estamos dispuestos a matar o a morir en esta competencia por el control, pues así nos lo impone el mismo mecanismo.

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Cuando digo “matar”, no me refiero exclusivamente al hecho de poner fin a la vida de una persona sino a matar la voluntad de esa persona, voluntad de resistirse y evitar el ejercicio de nuestro control sobre ella; por ejemplo, el caso de una pareja que no se comporta o actúa o siente como nosotros necesitamos, de acuerdo a la idea que tenemos de cómo debería ser, para que satisfagamos la necesidad por la cual formamos pareja. Matamos o intentamos matar la resistencia al ejercicio de nuestro control. Vivimos así en un permanente estado de beligerancia.

Pues no basta con tener alimentos para comer hoy, sino que necesitamos asegurarnos los alimentos, si fuera posible, para toda la vida. Y así actuamos con respecto a todo lo que necesitamos y con lo que creemos que necesitamos (lo que nos han hecho creer como indispensable).

Todo lo que satisface la necesidad que el instinto nos impone como condición de vida o muerte, será un objetivo a controlar, por ello y dado que no queremos controlar lo que necesitamos hoy, sino todo lo que necesitaremos!, entramos así en estado de competencia por el control del otro y de lo otro, y es esta una lucha a todo o nada pues la naturaleza nos plantea un esquema binario de 1 y 0, de blanco o negro, de vida o muerte.

El instinto, tanto directamente como a través de la familia y la sociedad, ambas figuras emergentes del mismo mecanismo animal humano, nos impone al menos 3 obligaciones innegociables:

 

  • Supervivencia, la cual suscita el control de los elementos que satisfacen las necesidades elementales, como ser territorio (espacio), agua, clima favorable, alimentos, y otros.
  • Reproducción, esta obligación tiene además dos obligaciones diferentes y bien marcadas, una es la obligación sexual, expresada a través del celo sexual permanente con la idea de sembrar la vida; y la otra es la obligación de formar familia para dar formación a la cría, precisamente en el cumplimiento de las mismas tres obligaciones.
  • Jerarquía sobre la manada y el planeta, precisamente, esta tercera obligación que impone la naturaleza terrenal es la de ganar, es decir, ejercer control sobre los factores y recursos que garantizan el cumplimiento de estas obligaciones. Ganar, en el sentido de esta tercera obligación es ejercer control sobre los demás. A los ganadores se les da jerarquía sobre los perdedores como consecuencia directa del ganar. Los perdedores sirven al cumplimiento de estas tres obligaciones pero a favor de los ganadores principalmente, pues a ellos les sirven.

 

Entonces, todos vamos a competir para ejercer el control sobre los elementos que garantizan el cumplimiento de las necesidades correspondientes y consecuentes con cada una de estas tres obligaciones que he mencionado. Y estamos dispuestos, por naturaleza, a matar por ello.

Pero no todos estamos del mismo modo dispuestos a “matar” toda resistencia al ejercicio de nuestro control. Algunos tienen el poder de inhibir los impulsos del instinto. A este freno inhibitorio del impulso emergente de la naturaleza terrenal humana, del mecanismo, se lo ha llamado moral. La moral nos quita competitividad y determinación para cumplir las obligaciones que impone el mecanismo; por ello, la moral estorba en este mundo.

No hay manera de evitar esta competencia sin ser excluido del juego (del mundo). Todos tenemos que alimentarnos, que beber, todos necesitamos un espacio donde vivir, muchos tenemos hijos, pareja, hermanos; es decir, vínculos de familia y todos, o muchos, somos susceptibles al reconocimiento o repudio de los otros. Ergo: Todos estamos bajo el control del mecanismo! Al cual suele llamarse como “la matrix”. Como esclavos del mecanismo, de la matrix, sentimos que la moral nos estorba, que nos quita competitividad y, por ello, construimos la “doble moral”. Vivimos una vida pública, de simulación, y otra vida real en las sombras. Y es ésta otra manera de ejercer control, en este caso, controlamos lo que los otros piensan y juzgan de nosotros para evitar ser rechazados o reprobados y así perder jerarquía (tercera obligación impuesta por el mecanismo).

Saludos, Nicolás Fernando Niglia Verdino

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