¿Por qué mataron a Jesús? ¿Por qué los seguidores de cristo eran perseguidos?; y, ¿por qué hoy no lo son?

Es comúnmente aceptada la idea de que Jesús dio su vida por nosotros y que esto era parte de un plan Divino anticipado por profetas y enviados. Sin embargo, poco se ha hablado de la condena a muerte de Jesús desde el punto de vista netamente terrenal, es decir, la pregunta que deberíamos hacernos es ¿por qué quienes lo entregaron y quienes lo mataron vieron la necesidad y/o la conveniencia de hacerlo? ¿Qué era lo que Jesús impedía o qué era lo que, según el juicio del mundo, les estorbaba? ¿Por qué Jesús incomodó al mundo, a sus líderes, al punto de condenarse a muerte por ello?

La respuesta a este interrogante nos dará luz, no solo en la comprensión del por qué los seguidores de Cristo fueron perseguidos y por lo cual debieron vivir en la marginación, en las sombras de un mundo que los odiaba; sino que nos ayudará a ver con más claridad en nosotros la parte del mundo que impide el florecimiento de una nueva consciencia pues, aún hoy, cada uno de nosotros, en nuestra ambición de pertenecer al mundo y de sobrevivir en él, sentimos la misma incomodidad que sintieron aquellos que vieron como salida la muerte del Cristo en lugar de la aceptación de su propuesta.

Aún hoy, nosotros, los comunes del mundo, seguimos condenando a muerte al Cristo, seguimos rechazándolo tal cual entonces. Para hacer más fácil la comprensión de este patrón, analicémoslo primero en aquellos que decidieron asesinar a Jesús, no tanto de quienes cumplieron “la ley” y sus costumbres vigentes entonces,  sino de quienes utilizaron éstas para sacarse de encima esta molestia llamada Jesús, quien ponía en tela de juicio el control y gobierno del Sanedrín y de Roma, es decir, del mundo de entonces y sus modos y costumbres.

Imagina cómo te sentirías si acaso fueras dueño de un restaurant y, de pronto, estando todos tus clientes comiendo en él, llega alguien prometiendo comida más rica y más barata, o gratis, en otro sitio, invitando a todos a abandonar ese lugar y seguirlo… no te sentirías muy contento ni mirarías con empatía a ese, ¿verdad?. Jesús significó, para los duelos del mundo de entonces, algo similar a este del ejemplo, que vino a desordenar el orden.

El dueño de ese restaurant trataría de persuadir a la gente, a sus clientes, de quienes él vivió hasta ese momento, de que no siguieran a aquel, de que se quedaran como siempre han hecho en su restaurant. El dueño del restaurant, en defensa de su dominio, utilizará métodos como la difamación y cualquier tipo de acusación contra el alborotador, para evitar el éxodo de su público detrás del que viene a convocarlos hacia un nuevo Camino…

Hasta aquí el dueño del restaurant parece ser el “bueno de la película” y el otro, el que viene a convocar a su gente y a quitarla de allí para llevarla a otro sitio parece ser el “malo de esta escena”. Algunas personas de entonces así veían la cuestión, a Jesús lo veían como alguien que venía a alborotar el orden que tanto esfuerzo les había costado conseguir y defender y por ello se oponían a Jesús y por ello lo rechazaban y perseguían acusándolo de todo lo malo según el juicio y la cultura de entonces.

Pero, otros veían en Jesús y en su propuesta un sentido que daba legitimidad a su propuesta. Digámoslo así, imagina ahora que en ese restaurant la comida que se sirve no solo es muy costosa sino que además hace daño al organismo, crea adicción y otros males. Jesús, entra en ese restaurant y revela las recetas que se usan para elaborar la comida que todos comen, y explica los daños que ésta ocasiona y, además, muestra un Camino alternativo para evitar ese daño.

Así como hoy muchos tenemos hábitos poco saludables, vicios y adicciones y aún sabiendo de ello no tenemos ni siquiera la intención de abandonarlos. Así como hoy muchos llevan a cabo acciones cuyas consecuencias implican un mal en otros y éstos no se conmueven con ello, así, tal cual hoy, entonces algunos fueron inconmovibles ante las revelaciones que hizo Jesús y mucho menos ante la propuesta que formuló Jesús.

El dueño del restaurant, al principio, cuando Jesús y sus pocos seguidores eran un grupo de locos revoltosos, como tantos que por entonces llevaban proclamas de liberación del yugo romano, etc. éste no se inmuto. Pero, a medida que Jesús pasaba de ser una simple incomodidad a un problema, pues comenzaban a faltar clientes en el restaurant y, además, porque el acuerdo que el Sanedrín tenía con el Cesar se hacía inestable debido al alboroto y desorden social que esto causaba, entonces comenzaron a definir un plan para poner fin a este problema y se llegó a la famosa frase que sella el destino del galileo: “es preferible que muera un hombre antes que caiga Israel”…

El Sanedrín, gobierno de los judíos de entonces, asociado al Cesar a través de lo que se llamaba “empresa mixta”, es decir, una empresa que Roma diseño para reducir el costo del control de las provincias conquistadas asociándose con los líderes de los pueblos que Roma gobernaba y dando a éstos un porcentaje de lo recaudado. Es decir, Roma y, en este caso el Sanedrín, constituían un acuerdo por el cual el Sanedrín se convertía en agente recaudador de Roma (rol que le tocaba a los llamados publicanos). De lo recaudado, una parte iba para Roma y el excedente quedaba en manos del Sanedrín. Roma imponía un monto y lo que excedía a ese monto era el ingreso del Sanedrín (de los sacerdotes que ejercían el gobierno sobre el pueblo judío). Por supuesto, para que la “ganancia” sea significativa el impuesto debía ser alto y ello provocó una presión sobre los ciudadanos que ahogaba las economías familiares.

Por supuesto no había un cien por ciento de acuerdo dentro del mismo Sanedrín, existían fisuras entre los sacerdotes líderes de su pueblo pero Caifás y Anás tenían el poder y la decisión final, pues eran ellos los que tenían el contacto con el Gobernador representante del Cesar (Pilatos).

Se decide la muerte de Jesús y la eliminación de todo vestigio de él, es decir de sus seguidores, para defender no solo el acuerdo (el negocio) que el Sanedrín tenía con Roma y por el cual ganaban mucho dinero, sino que además, éstos defendían la restringida pero libertad al fin que Roma les concedía en el ejercicio de sus costumbres y culto.

Es totalmente comprensible, para un pueblo que ha sido sistemáticamente perseguido y esclavizado, aferrarse a la paz que le concedía el hecho de asociarse con el Imperio. Pero, lo que quitaba legitimidad a esto era que de este acuerdo algunos hacían su negocio y a costa del dolor y del daño en la vida de los menos favorecidos. ¿Te suena conocida esta historia?

Es cierto que los líderes del Sanedrín tenían sus razones para defender el orden que habían conseguido en la relación con Roma, a diferencia de otros pueblos, los judíos, esta vez, no habían sido esclavizados ni impedidos de ejercer sus costumbres y adorar a su dios, pero, lo cierto es que de algún modo, la presión tributaria había ahogado la economía doméstica y, de algún modo, la vida se tornaba cada vez más competitiva y sacrificada.

Jesús no propone una revolución ni la oposición al régimen, lo dice muy bien en su respuesta a quienes diariamente lo provocaban para hacerlo cometer un error fatal ante el Cesar. Él dijo: “A Dios lo que es de Dios, y al Cesar lo que es del Cesar” En principio, esta frase u orden para algunos, suena simple y sin consecuencias considerables pero, para un pueblo cuyo gobierno está organizado en base a la religión, a diferencia de los gobiernos actuales que se basan exclusivamente en la ley del hombre, esta sentencia era desestabilizadora.

Jesús puso de manifiesto el abandono y la desobediencia a Dios en el afán de satisfacer las demandas del Cesar. Que en realidad eran las demandas del mismo Sanedrín pues, éstos recaudaban en nombre de Roma pero de ello hacían su negocio como ya he explicado y por lo cual los publicanos eran tan rechazados por el pueblo judío, eran considerados traidores.

Sin embargo, quienes guiaban al pueblo de Jesús, los judíos, eran los que se habían corrompido, se habían insensibilizado por hecho, en su ceguera conducían a los demás hacia el precipicio, hacia la perdición. Jesús puso en evidencia este desorden en cuanto a la obediencia y servicio de la voluntad de Dios en un pueblo constituido y administrado desde este enfoque religioso. Jesús puso en evidencia el propósito de los líderes del Sanedrín, quienes lejos de obedecer la voluntad de Dios buscaban su beneficio y enriquecimiento personal, buscan y habían conseguido el control sobre el “pueblo de Dios”, ocuparon el lugar de Dios asumiéndose y arrogándose el poder de rechazar al Mesías en nombre de un bienestar que solo ellos disfrutaban.

“Dios perdonó la vida al hijo de Abraham, pero los hijos de Abraham asesinaron al Hijo de Dios”…

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Cuántas veces hemos rechazado lo correcto, lo que sabemos que es lo que corresponde, lo bueno, lo justo, en lugar de lo conveniente para nosotros o bien, lo hemos hecho para evitarnos un inconveniente o una incomodidad? Pues, cada vez que actuamos de esta manera hacemos como hicieron aquellos que decidieron conveniente la muerte de Jesús por el bien “de Israel” que, en realidad era su propio bien, el de unos pocos.

Luego de la muerte y desaparición física de Jesús sus seguidores fueron perseguidos y exterminados. Era necesario para el Orden eliminar todo vestigio de aquel. El mundo aborreció a Jesús y a sus seguidores, a quienes tomaron su Propósito y le dieron continuidad.

Sin embargo, en algún momento esto cambió y los seguidores del Cristo dejaron de ser perseguidos y fueron aceptados. Y no solo eso, tuvieron poder sobre el mundo…

Es que el mundo cambio? El mundo se hizo obediente de la voluntad de Dios? Es éste un mundo temeroso de Dios? Claro que no! Entonces, cómo es que el mismo mundo que asesinó a Jesús para su conveniencia, hoy acoge a los seguidores del Cristo?

Pues, porque los seguidores del Cristo y su Iglesia se han acomodado al mundo y al punto tal que se hicieron parte del mundo, tal cual el Sanedrín que decidió la muerte de Jesús. Los seguidores del Cristo han cometido el mismo error que aquellos judíos, que en nombre de la paz que habían conseguido en su negociación y asociación con Roma, cometieron. Pues, en nombre de la necesidad y de la estabilidad social, las religiones y los religiosos han dejado de lado la incomodidad que la propuesta del Cristo representa en la vida de quien prefiere acomodarse en el mundo antes que vivir en el margen de éste.

Los seguidores del Cristo que hoy no son perseguidos ni marginados no expresan ni representan el Espíritu del Cristo así como los judíos de entonces, los que estuvieron de acuerdo con la condena de Jesús, no representaban ni expresaban (ni les interesaba realmente) la Voluntad de Dios.

Pero, como entonces, hoy tampoco es “culpa” del religioso este error, esta desobediencia y desvío sino que es culpa de los pastores que corrompidos y enceguecidos por su ambición guían fuera de la senda a su rebaño. La decisión del Sanedrín de entonces condenó al pueblo judío a ser el asesino del Hijo de Dios y, en la misma línea, la decisión de la Iglesia en cuanto a acomodarse al mundo, la condena  a ser una iglesia que lejos de expresar el Espíritu del Cristo lo desafía en cuanto a que hace lo mismo que hizo el Sanedrín que lo condenó, prefiriendo el poder en el mundo y con el mundo que la Gloria en el Cielo.

El Papa Francisco, esperanza para muchos religiosos católicos, tiene en sus manos el poder y la oportunidad de dar un giro transformador a la Iglesia… dado que es la Iglesia la que se arroga el rol de ser representante de la doctrina del Cristo.

¿Quiénes son hoy los que ocupan el rol que ocupaban entonces los seguidores del Cristo, y por lo cual eran perseguidos y marginados? Precisamente, quienes hoy viven en coherencia con la Verdad, quienes eligen el camino de lo correcto aun cuando sea inconveniente según el juicio del mundo, quienes son perseguidos y/o marginados por ello…

El mundo no ha cambiado, sigue siendo el mismo mundo que condenó al Cristo. ¿Por qué, entonces, debería cambiar la relación del Cristo con el mundo? Pues, como digo, esto no ha cambiado tampoco. Y cada vez que el Cristo quiere expresarse en ti, se encuentra con el rechazo de la parte de ti que quiere encajar y acomodarse con el mundo ya sea por necesidad o por beneficio.

Tú decides entonces, si vas a condenar al Cristo en ti en nombre del orden y de la paz que tienes con el mundo (de tu empleo, del dinero que ganas, de la relación que tienes con los demás, de la opinión que los otros tienen sobre ti…) O, si en cambio, si aceptas al Cristo y lo expresas siendo tú mismo testimonio del Camino, de la Verdad y de la Vida.

Saludos,

Nicolás Fernando Niglia Verdino

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