El Ser-Humano, Divino-Terrenal, Alfa-Omega

Todo lo creado expresa la voluntad de su creador. Lo creado no decide nada nuevo, sino que se ajusta estrictamente a su naturaleza, a la intención que su creador ha plasmado en ella y que es, además, lo que éste espera de su creación. Por ende, lo creado no puede re definirse a sí mismo, no puede alterar su naturaleza pues, de esa manera, se rompería el ligamento original que une a lo creado con su creador y con la intención de su creador; y, sin este ligamento, lo creado se quedaría sin naturaleza y sin destino, sin razón de ser pero sobre todo, se quedaría sin existencia pues nada de lo que existe escapa a la voluntad del Todopoderoso creador de todo lo que existe, el Todo-Uno Dios.

​El ser-humano es creación, y como todo lo creado también expresa la intención de su Creador y está sujeto a su naturaleza, la cual le indica el sentido de la existencia y, además, le provee las capacidades que le permiten al sujeto cumplir con las expectativas de su Creador. El ser-humano, como toda creación, no puede re definirse a sí mismo, sino que solo puede hacer y ser lo que es propio de su condición, lo que surge de su naturaleza por ello es sumamente importante comprender la naturaleza del ser-humano; pues, aunque no todos los individuos conseguirán los mismos resultados y aunque no todos tomarán el mismo camino, sin embargo, el objetivo que todos persiguen es el mismo y es el que impone su naturaleza, es la expresión de la intención de su creador plasmada en ella.

Por ello, podemos decir con total certeza que toda creación tiene en común esto: que todo lo creado cumple en rigor el designio de su naturaleza y que todas las naturalezas son expresiones particulares de una única voluntad y de un único Creador y que, dado que todo lo creado no es algo diferente a su creador, todas las naturalezas componen a la Naturaleza del Creador, todo lo creado compone a su Creador. El Todo-Uno Dios es la consciencia inmanente en todo lo creado, la cual es consciente de toda su creación y la dirige en el sentido de su voluntad.

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La Flor de la Vida es la geometría que mejor expresa el criterio de la creación, el algorítmo de Dios y de lo creado por Dios. Cada esfera que compone la Flor de la Vida es un estado de naturaleza particular, y como deja ver la figura, todos los estados de naturaleza particulares están contenidos en una gran esfera que es el estado de Naturaleza del Todo-Uno. Podemos cambiar de un estado de naturaleza a otro o vivir entre dos o más estados de naturaleza, como es la vida del ser-humano, pero no podemos existir sin un estado de naturaleza.

¿Cuál es la naturaleza del Ser-Humano? Si creemos que el ser-humano es un animal racional, un animal evolucionado, capaz de desligarse del imperio de su propia naturaleza y contradecirla y de alterar al mismo Orden Natural al cual pertenece, entonces asumiríamos que el ser-humano es una creación con poder sobre su creador, es decir, que su creador es menor que el ser-humano, su creación. Si así fuera, el ser-humano se quedaría entonces sin destino y sin razón de ser pues si incumple el destino que su naturaleza le impone, ¿a qué destino sirve entonces cuando incumple a su naturaleza?

Está claro que el poder que el ser-humano ostenta y que ejerce en contra del Orden Natural Planetario animal humano, del cual forma parte, no proviene de esa misma naturaleza animal, sino de otro estado de naturaleza. Ese otro estado de naturaleza, que le confiere al ser-humano la capacidad de contradecir al Orden Natural animal y terrenal, es lo que llamamos: La Naturaleza Divina. La Naturaleza Divina es la Naturaleza de Dios, de la cual surgen las cualidades que nos hacen imagen y semejanza de Dios, Hijos de Dios. Es la naturaleza inmanente en todo lo creado.

En el ser-humano convergen dos naturalezas, en él finaliza un proceso de plena inconsciencia, al cual podemos llamar “oscuridad”; y en él comienza o nace la Luz, la consciencia. En el ser-humano se compone una dualidad Alfa Omega, Divino-Terrenal.

Por esta razón, la vida del ser-humano es una vida compleja y dual, de confusión y de dilemas y, por ello también, existe y está permitido el error pues, como todo recién nacido que comienza a dar sus primeros pasos, caerá varias veces, fallará en el intento, hasta que al fin lo logrará y está bien que así sea.

​Si creemos en la existencia de un único creador de todo lo que existe, entonces, no podemos aceptar que alguna de las creaciones tiene el poder de re definirse a sí misma y, por ello, de desobedecer así la voluntad e intención de su creador; pues esto, además, haría a su creador un creador limitado y no omnipotente (Todopoderoso) como creemos que es.

Por supuesto, nosotros aceptamos que el Creador de Todo lo que Es, es verdaderamente uno y es Todopoderoso; entonces, y como resultado de esta apreciación, asumimos que todas sus creaciones, que todo lo que existe, es siempre expresión de su voluntad y que el comportamiento de todo lo que existe está siempre circunscrito a los límites que su naturaleza le impone, naturaleza que expresa la voluntad del Todo-Uno.

Dado que el Creador de todo lo que existe, el Todo-Uno, es uno solo y es Todopoderoso e insuperable por ninguna de sus creaciones, entonces, no queda alternativa más que la de concluir en lo que hemos supuesto ya en cuanto a que ninguna creación puede ser más de lo que su propia naturaleza le indica. En este sentido, el ser-humano es todo lo que puede y debe ser por naturaleza humana, por ello, todo análisis acerca del ser-humano, que el mismo ser-humano realice, no es un acto de creación o de innovación sino más bien es un acto de descubrimiento de lo que ya es. Todo lo que el ser-humano debe ser ya existe plasmado en su naturaleza o en sus naturalezas, éste solo debe descubrir y manifestar lo que ya fue decidido por el Todo-Uno.

¿Por qué razón deberíamos descubrirnos y no simplemente ser? Si lo creado tuviese la capacidad de re definirse a sí mismo, como ya hemos analizado, lo creado se desligaría de la voluntad de su creador y se quedaría sin destino, sin propósito y sin razón de ser pero hemos concluido ya que lo creado no tiene esa capacidad; entonces, ¿cómo es que el Creador mantiene este ligamento entre su intención inicial, de la que surge todo lo creado, y lo creado, para que lo creado no se desligue de su creador y cumpla así su voluntad lo que el creador espera de lo creado?

La manera en la que el Creador logra mantener este vínculo entre su voluntad e intención y lo creado, es a través de la capacidad de estar presente en todo lo creado. Esta capacidad de estar presente en lo creado, en todo lo que existe, es lo que llamamos: Omnipresencia. De esta manera el Creador observa todas sus creaciones sin que existe secreto para Él. Además de estar presente, el Creador de todo lo que existe, para no perder ligamento sobre sus creaciones, ejerce poder sobre ellas y sobre su accionar y esto lo hace a través de la misma naturaleza a la cual está sujeto lo creado; esta acción sobre lo creado produce la relación de correspondencia entre el individuo y su circunstancia de modo tal que el individuo se dirija siempre en el sentido de su naturaleza. A esta capacidad de ejercer poder sobre lo creado y sobre las circunstancias que le tocan, se lo llama: Omnipotencia.

​El ser-humano compone a Dios. Dado que Dios, el Todo-Uno, es todo lo que existe y no algo más allá de ello, sino que es algo inmanente a todo lo creado; por ello, todo lo que existe, en su conjunto y totalidad, es Dios; y Dios es la capacidad de crear, primero, la idea de todo lo que existe; y la capacidad de manifestar esa idea en todas sus particularidades para completarla.

​Entonces, las cualidades de Dios deben estar presentes en algunas de sus creaciones, dado que Dios no es algo más allá de lo creado, sino que lo creado compone al Todo-Uno Dios. Dado esto, las cualidades de Dios (Omnipresencia y Omnipotencia) deben estar presentes en algunas, al menos, de sus creaciones. Estas creaciones que ostentan las cualidades de Dios son los Arcángeles. Los 12 Arcángeles ostentan las principales 12 cualidades del Todo-Uno. Luego, ellos expresan en mayor detalle esas mismas cualidades y así van manifestándose los reinos y las dimensiones.

​El Ser-Humano es la mínima expresión de las cualidades de Dios, es la criatura menor en jerarquía en el “Reino de los Cielos”, es la “semilla de consciencia” sembrada en este suelo planetario, en esta dimensión espacio-tiempo. Cuando el ser-humano comienza a expresar las cualidades de su Naturaleza Divina, a lo cual llamamos “Despertar de Consciencia” o como Jesús el Cristo llamó: “Renacer de Agua y Espíritu”, cuando esto ocurre comenzamos a expresar las cualidades de esta naturaleza en su mínima expresión. A través de las experiencias de la vida desarrollaremos estas cualidades hasta completar el Camino que nos corresponde para esta realidad espacio-tiempo y que nos lleva al Portal dimensional de Ascensión. Estas cualidades son, precisamente, la capacidad de estar presente (Omnipresencia) y la capacidad de tomar decisiones, de ejercer una intención y manifestarla (Omnipotencia).

​Antes del Despertar de Consciencia o, dicho de otro modo, mientras vivimos sujetos plenamente a la imposición de la naturaleza terrenal humana, nos corresponde la “ley del hombre”, la que es hecha a imagen y semejanza de lo que la naturaleza animal humana impone y requiere como condición para ganarnos el derecho a la existencia. Pues, en esta instancia de la vida, no somos más que un animal racional, una criatura. Pero, una vez que comenzamos a expresar las cualidades de la Naturaleza Divina, las cualidades de Dios, a partir de allí, de este “renacer de agua y Espíritu” serán las Leyes de Dios las que nos rigen y las que nos corresponden y ya no las leyes del hombre.

¿Qué es lo que separa un régimen del otro? Al nacer estamos sujetos al imperio de la naturaleza de la criatura humana, del animal racional. La primera etapa de la vida, el primer tercio de cada encarnación, lo dedicamos al cumplimiento de los requisitos que el Orden Natural Planetario, animal y humano reclama para concedernos la existencia en esta realidad planetario de espacio-tiempo particular. En este primer tercio de la vida nos dedicamos al desarrollo de los tres chackras inferiores, los que componen la idea del Yo que llamamos: Yo Ego. Esto es así en todas las encarnaciones, desde la primera y hasta la última antes de la Ascensión.

Pero, así como sucede con las semillas que suelta el árbol y donde solo algunas de ellas cumplen su destino de germinar y transformarse en un nuevo árbol y las otras no; con nosotros sucede del mismo modo, no todos los seres humanos completamos el desarrollo los tres chackras inferiores y no todos cumplimos al 100% los requisitos que la vida demanda para darnos el 100% del derecho a la existencia. Solo quienes hayan logrado en determinada encarnación el cumplimiento pleno de esta demanda, solo ellos podrán y tendrán derecho a comenzar a expresar las cualidades de la Naturaleza Divina en las siguientes encarnaciones.

Entonces, las Semillas de Consciencia, el Ser encarnado en el humano, que en determinada encarnación inicia el proceso de expresión de las cualidades Divinas, si bien en el primer tercio de esa encarnación deberá ajustarse a la demanda de la naturaleza terrenal, tal cual todos los seres humanos, sin embargo, cumplido ese primer tercio comenzará el proceso de Reversión de Polaridades o, lo que llamamos: despertar de consciencia. No importa cómo le ha ido a este ser en el primer tercio de la encarnación, no importa si ha cumplido o no las demandas de la naturaleza terrenal pues ya las ha cumplido en las encarnaciones anteriores y encarna ya no para componer al Orden Natural Planetario animal humano sino para expresar las cualidades de la Naturaleza Divina, las que le dan la continuidad en su senda evolutiva.

¿Cómo saber si en esta encarnación nos corresponde esta Reversión de Polaridades y el Despertar de Consciencia? Pues, no es necesario que lo sepamos, esto ocurrirá de todos modos cuando corresponde que ocurra. Y será esta la primera observación que en el ejercicio de la Omnipresencia naciente en nosotros experimentaremos, la observación de nosotros mismos de la cual surge la idea de un nuevo Yo.

Sin embargo, aun cuando hayamos comenzado a experimentar la reversión de polaridades y expresemos las cualidades Divinas, mientras estemos encarnados en un cuerpo humano y por ello condicionados por el instinto, deberemos vivir administrándonos entre estas dos naturalezas, cumpliendo los requisitos que cada una exige, pero comprendiendo que primero es lo primero, primero lo importante y luego lo urgente que es lo emergente de la naturaleza terrenal y circunstancial; es decir, primero atendamos lo relativo a lo eterno y luego lo que corresponde a las demandas del mortal.

Es esta dualidad lo que produce el conflicto y hace de nuestra existencia algo complejo y por lo cual necesitamos y recibimos el apoyo del Cielo mientras vivimos en esta dualidad (ver Litios Cristales Luminosos); pero, a la vez, algo muy particular y extraordinario. Es esta vida una verdadera oportunidad de existir, de pasar a la Vida Eterna, de Ser. El Ser-Humano es un Portal Vivo pues en él convergen dos naturalezas, las dos polaridades del Todo-Uno se encuentran en el ser-humano, el Alfa y el Omega. Por esta razón, es esta vida una maravillosa oportunidad de Ser, es decir, de liberarnos de la existencia inconsciente (humana) y de pasar a la Vida Eterna, al mundo de lo que Es sin imposición de otra naturaleza sino la propia esencia del Ser.

​La noción de la existencia, de nosotros mismos, no surge de nosotros, de lo creado, sino del creador, de su capacidad de Omnipresencia. Esta capacidad se hace presente en nosotros y es llamada “el observador presente” pero siempre está ligada a la única capacidad de Omnipresencia que existe. La capacidad de crear la idea de nosotros mismos y de comprender el destino y propósito que nos corresponde por naturaleza, no es una capacidad aislada o separada de la capacidad que nos creó con un destino y propósito, sino que es lo mismo, es la misma capacidad en acción.

Por esta razón, siempre la observación del comportamiento de lo creado alterará el comportamiento de lo creado que es observado pues, lo creado es expresión de la misma y única voluntad creadora, de la cual surge también esta capacidad de observar presente en nosotros. Cuando observamos a otra persona que no nos está mirando y que no sabe siquiera de que estamos allí y esa persona siente que la observan y gira hacia nosotros, lo que sucede es precisamente esto, que la misma capacidad de observación que se hace presente en nosotros y que nos hace parte del Todo-Uno, también presente en aquel que es observado por nosotros, nos liga con aquel y a aquel con nosotros.

A medida que esta cualidad Divina crece, a medida que la capacidad de observar se expresa más clara y se expande, nos hacemos uno con el Ser, con el único Ser que existe que es El Que Es, el Todo-Uno. A medida que nos unificamos con el Todo-Uno lo hacemos con todo lo que compone al Todo-Uno, es decir, nos unificamos con todo. Y así, vamos expandiendo la consciencia de todo lo que existe, de todo lo que Es. Vamos reconociendo a la Creación en todas sus particularidades. Ciegos, son aquellos en quienes esta capacidad de observar no se ha hecho presente aún. Estos viven en “tinieblas”, a ciegas. Son observados, pero no pueden ver.

Del mismo modo que sucede con respecto a la capacidad de observar, la capacidad de ejercer una voluntad tampoco es una capacidad aislada de la capacidad de Omnipotencia del Creador, sino que ambas son la misma capacidad pues, si acaso suponemos que son capacidades separadas, entonces, estaríamos determinando que existe la posibilidad del des ligamiento de la intención original, lo cual concluiría en la des naturalización de lo creado, apartando a la creación de la voluntad de su creador y, por ello, de su razón de ser como ya hemos explicado.

Pero claro que no es una capacidad desligada de la capacidad única de Omnipotencia, sino que es la presencia de esa capacidad en lo creado, confiriéndole a lo creado, al ser-humano en este caso, una cualidad Divina que le confiere pertenencia a un nuevo estado de naturaleza, al estado de naturaleza Divina. Cuando el sujeto despierta en consciencia comienza a expresar también esta cualidad de omnipotencia, cualidad que le confiere la facultad de manifestar su voluntad a través de una intención, intención que es el intento de hacer realidad manifiesta una idea que el sujeto crea en su mente, en la mente del Observador Presente.

Del mismo modo que en el caso del bebé gestándose en el vientre de su madre, el cual, luego del primer tercio de vida en el que se comporta como un órgano de ese cuerpo comienza a desarrollar las cualidades que le permitirán existir más allá del cuerpo de su madre; así también el ser-humano, luego del primer tercio de vida encarnado y siempre que  corresponda con esta encarnación despertar en consciencia, comenzará a desarrollar las cualidades que le permitirán existir en el otro estado de naturaleza, la Naturaleza Divina.

El desarrollo de estas cualidades se expresa a una velocidad de manifestación en correspondencia con los ciclos de la existencia de la realidad particular manifestada en la cual el ser-humano existe. Estas cualidades, de Observador Presente y la capacidad de manifestar la idea que surge de la observación se hacen presentes a partir del despertar de consciencia en su mínima expresión y van expandiéndose a medida que el sujeto ejerce estas cualidades y así las hace crecer.

Al final de la vida encarnada, en el momento de la muerte y tal cual sucede en el momento del parto, si el sujeto ha desarrollado estas cualidades de manera suficiente como para existir en la nueva realidad, entonces la vida del sujeto continúa en ese nuevo estado de naturaleza, pero, si no es así, entonces es necesario continuar este desarrollo a través de las reencarnaciones.

​El ser-humano es creación y si bien contiene y expresa las cualidades que son propias de su Creador, cualidades que componen lo que llamamos Naturaleza Divina; el ser-humano es la expresión parcial y circunstancial de una intención que aún no ha alcanzado su destino final. Es decir, somos una creación incompleta que es dirigida en el sentido de su propósito mediante estas dos cualidades que son expresión también de nuestro Creador y único creador de todo lo que existe. Y, al mismo tiempo que estas cualidades Divinas presentes en nosotros dirigen nuestro desarrollo en el sentido del Propósito, que es la Voluntad del Creador, ejercitamos estas cualidades y las expandimos en nosotros.

​El ser-humano tiene la noción del presente pero no es omnipresente en todas sus creaciones ni en sí mismo, sino que es ésta una expresión condicionada de la capacidad de Omnipresencia de su Creador, Dios. El ser-humano tiene voluntad e intención y la capacidad de manifestarla, de hacer realidad sus ideas, pero esta capacidad también está condicionada. Ambas capacidades irán expandiéndose conforme el ser-humano se aproxime al final de su Camino y cumpla así su destino y propósito, su razón de ser.

Pero, mientras estemos en tránsito hacia nuestro destino final, mientras estemos sujetos a esta realidad de tiempo y espacio, estaremos incompletos y en transformación; y esto es lo que produce lo que conocemos como: carencia. La carencia es la falta de lo que nos falta para cumplir nuestro destino y propósito, el que impone la naturaleza de la cual somos expresión. Existe una “carencia original” que es la falta de todo lo que nos falta para cumplir la razón de nuestra existencia, la falta de todo lo que nos falta para ser aquello que debemos ser según lo que nuestro Creador ha decidido y espera que seamos.

​Esta carencia original se expresa en cada estado de realidad particular a modo de necesidades que dan sentido y dirección a nuestro comportamiento. La carencia es parte de nuestra naturaleza. Está en nuestra naturaleza todo lo que debemos ser y hacer para completar el Camino hasta su fin, así como en la semilla del árbol está todo lo que ésta necesita saber para transformarse en un árbol cumpliendo así su razón de ser. De la misma naturaleza surge, entonces, el Propósito y lo que nos conduce hacia él, es decir, la necesidad que da sentido y dirección al comportamiento.

​La necesidad nos conduce hacia el propósito, por ello, la necesidad es la manera en la que la naturaleza nos dice hacia dónde ir y qué hacer. La necesidad nos pone en resonancia con lo necesario, con lo que satisface la necesidad. Así como el hambre nos liga con el alimento y cuando tenemos hambre cualquier alimento hace resonancia en nosotros, llamará nuestra atención y captará nuestro interés. De esta misma manera, quienes sienten la necesidad de saber más acerca de sí mismos, de su naturaleza y de su destino y Propósito, del sentido de la vida más allá de lo cotidiano y de lo comúnmente aceptado por todos, a estos, su naturaleza les dice que es tiempo de dar un paso hacia adelante, en el sentido de su razón de ser. Esta hambre o sed de conocimiento pone al sujeto en resonancia con el saber y con los Maestros, del mismo modo que el hambre te pone en resonancia con el alimento.

Pero somos dos naturalezas encontradas en una misma creación, por ende, experimentamos carencias de distinta naturaleza; por un lado, vivimos sujetos a la necesidad que nos impone la naturaleza terrenal animal humana, la cual nos indica el sentido y dirección que debemos dar a nuestro comportamiento para estar en cumplimiento de sus demandas y ganarnos así el derecho a la existencia. Pero, por otro lado, estamos también sujetos a la carencia original, a la falta de todo lo que nos falta para cumplir nuestro destino y misión final, para completar el Camino.

La necesidad impuesta por la naturaleza terrenal nos induce un comportamiento animal, común al de todos los demás animales sujetos al imperio de la misma naturaleza, esto es, supervivencia, reproducción y jerarquía o, simplemente, la necesidad de conservar la vida. La naturaleza terrenal, a través de su mecanismo de funcionamiento, elaborará juicios en el sentido de su interés y aplicará acciones en correspondencia con el juicio. El juicio que el mecanismo realiza surge de la percepción que el sujeto tiene y la cual consigue a través de los sentidos físicos. El mecanismo de funcionamiento juzgará entre bueno o malo, entre amigo o enemigo, entre oportunidad y amenaza y aplicará las respuestas correspondientes a ello.

En cambio, la necesidad impuesta por la naturaleza Divina actúa de otra manera, de una manera y con una percepción expandida, además, por la presencia de la capacidad de observar, la cual nos confiere la noción de existencia y por la capacidad de manifestar una idea que ya no surge plena de la naturaleza terrenal. Entonces y a medida que expandimos esa percepción gracias a la presencia cada vez más anclada en nosotros del Observador Presente, vemos menos separación y más ligamento entre nosotros y todo lo que existe y, por ello, nuestros juicios, las ideas que construimos, son cada vez más cooperativas en vez de ser competitivas como lo son los juicios que surgen de la naturaleza terrenal.

El conocimiento debe ser dado solo a quienes lo piden y a quienes lo buscan, tal cual busca alimento quien tiene dolor de estómago a causa del hambre; tal cual el ratón busca el queso y lo encuentra, así también, el hambriento de sabiduría buscará el saber y siguiendo su rastro encontrará al Maestro. Pues solo tendrá hambre de sabiduría quien está en oportunidad de recibir sabiduría, tal cual el cuerpo expresa el hambre cuando necesita el alimento.

​El ser-humano, criatura y co-creador, expresará la intención de su Creador, la cual compone a su naturaleza, de la cual éste no puede desligarse como ninguna creación puede desligarse de su propia naturaleza. La noción de sí mismo, del presente, del aquí y ahora y, además, la capacidad de construir voluntad y manifestarla tal cual su Creador lo hizo con él, es expresión también de la intención de su Creador y sirve, esta capacidad, al fin de cumplir la voluntad del Creador dirigiendo a la criatura hacia su destino y Propósito.

​El conflicto revela carencia. Cuando hay conflicto en la vida esto revela una necesidad insatisfecha y la incapacidad de satisfacer esa necesidad. Cuando la necesidad insatisfecha es el hambre, por ejemplo, el conflicto será a causa del hambre y se resuelve alimentándonos, siempre y cuando podamos hacerlo, tengamos con qué. Del mismo modo, cuando la necesidad es el saber, el conflicto que causa la falta de saber se resuelve con conocimiento. Es la naturaleza la que se manifiesta a través de las necesidades, indicándonos el sentido de la acción, el camino que debemos tomar. Entonces, debemos dejarnos guiar por la naturaleza, la cual es la expresión del Creador y la que tiene en sí misma el perfecto sentido de la oportunidad y la correspondencia.

​La capacidad de estar en el presente -o la capacidad de observar- y la capacidad de ejercer poder a partir de lo observado -de tomar decisiones y hacerlas realidad-; ambas capacidades están sujetas a la necesidad y le sirven así a la naturaleza dual del ser-humano. Estas capacidades Divinas, puestas al servicio de la naturaleza humana terrenal, darán sentido y dirección a nuestra existencia dando a cada naturaleza lo que reclama y en su justa medida.

Dado que estamos en tránsito hacia nuestro destino final, como hemos dicho ya, estaremos en carencia hasta tanto no completemos este Camino y será la carencia lo que dará sentido y dirección a nuestra acción para que a través de ella logremos satisfacer las necesidades que la naturaleza va expresando, hasta que por fin nos liberemos de toda carencia y esto será cuando alcancemos el estado de plenitud definitivo que es cuando cumplimos completa la intención de nuestro Creador.

​Todo lo creado se ajusta siempre a su naturaleza y expresa, a través de ella, la voluntad de su Creador. Por ello, es tan natural el que necesita como el que provee lo que el otro necesita pues ambos son expresión del mismo Creador y ambos cumplen la misma voluntad y componen así una unidad perfecta. Así como el macho y la hembra se necesitan para cumplir su destino de reproducción y ambos cumplen así una voluntad común, la de concebir nueva vida y reproducir la especie; así también todo lo creado se liga y se relaciona con el fin de expresar la voluntad del único Creador.

​Dado que la naturaleza de las cosas surge de la intención del Creador de las cosas y dado que existe un solo Creador, la naturaleza de las cosas cumple y sirve a la misma y única voluntad, por ende, todas las cosas están ligadas, aunque se manifiesten de manera separada. Entonces, la esencia de las cosas es la misma pues surge de la misma intención y del mismo Creador, por ello, no existe verdadera separación entre lo que se manifiesta separado, como puede ser la separación física de las cosas.

​Pero, cuando la capacidad de observar y de tomar decisiones a partir de lo observado está sujeta a la naturaleza de lo físico, entonces actuamos de manera separatista y sentimos mucho más intensa la carencia, padecemos la falta. Pues esto es lógico y está bien que así sea aunque la expresión física de la intención del Creador sea manifestación separada de otras manifestaciones, no lo es en cuanto al rol que esta manifestación física cumple en cuanto al Propósito Mayor. Digámoslo así, si un músico, miembro de una gran orquesta, toca su instrumento sin considerar al director de la orquesta y a los otros músicos, es decir, no oye la música que tocan los demás músicos, sino que toca su instrumento de manera separada del resto, en des armonía, entonces, generará disonancia, desequilibrio, carencia…

​Cuando las capacidades Divinas están sujetas e identificadas con la naturaleza de lo físico, éstas actúan en el modo de carencia y es la necesidad la que determina el sentido y la dirección de la acción pero, cuando estas capacidades se expanden y consideran no solo lo físico sino la intención detrás de lo físico, y que da sentido a la existencia física; entonces, ya no es necesaria la experimentación de carencia para dar sentido y dirección al movimiento sino que al reconocer la existencia del Creador y su intención (su Plan), esto confiere al individuo la capacidad de moverse en el sentido de su destino y misión sin necesidad de persuasión alguna.

Cuando actuamos de esta manera, conscientes de nuestro Propósito y por lo cual no necesitamos que la naturaleza nos guíe mediante la persuasión, sino que lo hacemos de manera voluntaria -consciente- en el sentido de nuestro destino y razón de ser, evitamos así los traumas que produce la necesidad insatisfecha para quien hace lo que debe hacer solo cuando la naturaleza se lo demanda a la fuerza, y evitamos así el conflicto que suscita la existencia cuando conocemos la necesidad en su lado negativo, “nos alimentamos recién cuando nos duele el estómago”. Pero, si te alimentas solo cuando el estómago duele, tendrás una relación negativa con la existencia, relación en la cual el dolor y la urgencia serán el patrón de comportamiento habitual; pero, si acaso te alimentas regularmente y bien, y sin necesidad de llegar al dolor de estómago y a la urgencia, entonces, tu relación con la existencia será agradable.

​Cuando hagas lo correcto, lo que corresponde hacer según tu naturaleza, sin necesidad de que la naturaleza te lo demande, entonces, prescindirás de la naturaleza y serás plena expresión de la voluntad del Creador, serás tú el creador de tu naturaleza y no será tu naturaleza la que te cree a ti.

Tu naturaleza será la Naturaleza Divina. Serás entonces plena expresión de la Divinidad y ya no estarás sujeto al condicionamiento de la naturaleza de lo manifestado en separación, de lo material, sino que serás expresión pura de la idea, serás la idea viva, el Verbo Vivo.

​Dijimos que estamos en tránsito, que somos la intención nacida en el Origen que busca su destino para poner fin a este movimiento y para liberarse así del estado de carencia original. Intención que en su trayectoria va adoptando las distintas naturalezas correspondientes a cada estado particular de expresión de la voluntad original. Esa intención es impulsada por el “soplo original” y nada puede detenerla. Por ello, la necesidad que expresa cada naturaleza es ineludible. Pero, entonces, ¿cómo pasamos de un estado de naturaleza sujeto a la carencia en trauma y urgencias, al estado de naturaleza Divina?

​Como decía en los párrafos anteriores, cuando la capacidad de observar y la de tomar decisiones está sujeta plenamente a la naturaleza de lo manifestado en separación, es decir a la materia, entonces, estaremos condicionados por un mecanismo que nos impulsa a través de la persuasión, del miedo, del dolor y del placer. Cuando estamos sujetos a ese estado somos ciegos para ver lo esencial, para ver y comprender el Propósito de nuestra existencia y para reconocer al Creador y a su intención.

También he dicho que ninguna creación puede desligarse de su naturaleza y quedarse sin naturaleza pues, en ese caso, dejaría de existir. Entonces, para desligarnos de la naturaleza de lo manifestado en separación, de lo físico y de su mecanismo, debemos primero ligar a otro estado de naturaleza, a la Divina. Y solo cuando hayamos ligado a la naturaleza Divina, solo allí podremos desligarnos de la naturaleza de lo físico, del animal humano.

​¿Cómo ligar con la naturaleza Divina? Dijimos que la necesidad es la expresión de la naturaleza, de todas las naturalezas incluida la Divina. La necesidad de la Naturaleza Divina podemos decir que es la de Ser plena y completa expresión de la intención de Ser. La intención original, emanada de la mente del Creador, adopta distintas naturalezas en su expresión, pero las naturalezas no conocen la intención, sino que solo expresan una particularidad de ella. Ser implica el reconocimiento de la Intención, Ser la Intención y no solamente la expresión inconsciente de ella. El reconocimiento de la intención requiere, antes de ello, la aceptación de esta idea, de que somos la intención, además de la expresión inconsciente de una intención.

La capacidad de observarnos, de estar presentes en el aquí y ahora; y la capacidad de tomar decisiones, de ejercer poder a partir de lo observado, todo ello son cualidades del Creador, las cuales nos mantienen ligados a él y hacen que el Creador y nosotros seamos uno, el mismo. Por ello, ejercitar y expandir estas cualidades es la manera, es el Camino para expandir, en nosotros, la Naturaleza Divina y atenuar el imperio de la naturaleza de lo físico, del mecanismo animal, el cual nos mantiene sujetos a la insatisfacción y a las urgencias.

Por supuesto, no es un proceso sencillo ni fácil. Este es un proceso similar al que ocurre en la concepción de la vida dentro del vientre de la madre y el parto por el que todo bebé debe pasar para continuar en el sentido de su destino. Desligarnos de la naturaleza de lo manifestado, de lo físico y de su mecanismo de funcionamiento es similar al proceso de gestación del bebé dentro de su madre. Para ello, debemos desarrollar ciertas cualidades estando aún sujetos al mecanismo que no nos servirán para resolver las necesidades que impone la naturaleza humana pero que nos darán el ligamento con la siguiente realidad, en nuestro caso, la Naturaleza Divina.

​Entonces, así como el bebé desarrolla pulmones que no necesita, piernas que no usa estando aún dentro de su madre pero que si no los desarrolla allí adentro no tendrá posibilidad de cumplir su destino y misión, así también nosotros, mientras estamos sujetos a la naturaleza de lo manifestado en separación, de lo físico y del mecanismo, debemos ir desarrollando las cualidades que son expresión de la Naturaleza Divina.

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