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Género y discriminación ¿quiénes son los verdaderos discriminadores?

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¿Qué es lo que determina que seamos macho o hembra y que nos comportemos como tal? y, ¿quién es el verdadero discriminador del “diferente”?

Por supuesto, no somos nosotros los que elegimos el género, es la Naturaleza la que expresa su voluntad, primero en forma de un cuerpo y a través de sus funciones específicas; y, luego, es la mente la que compone la identidad del sujeto, proceso que se basa en una serie de patrones y estímulos que el individuo recibe desde que nace y a través de lo cual da forma y sentido a su idea de “YO”, con la que responde la pregunta original ¿quién soy?.

La naturaleza es la verdadera discriminadora, es la que nos impulsa al rechazo de todo lo que no se ajusta a su interés, a lo necesario. Es la naturaleza la que, por ejemplo, a través del miedo y de la culpa nos persuade a hacer solo lo que interesa al fin que la misma naturaleza determina como condición de existencia. Nosotros no decidimos reproducirnos, sino que viene dada esta cualidad y este interés, precisamente por mandato de la Naturaleza… Es la naturaleza la que reclama descendencia y nos impulsa a través del deseo sexual, del deseo de formar familia a cumplir este requisito, a fuerza de persuasivos (deseo, placer, miedo a quedar solo, etc.).

Sobre lo que la naturaleza demanda y determina, la mente construye una idea del Yo que puede no estar en coincidencia con el género de su cuerpo físico (con lo que la naturaleza determina); como es el caso de la homosexualidad o de toda otra identidad no heterosexual; entonces, se da en el mismo individuo un conflicto de intereses pues, la naturaleza se expresa en una cualidad de género determinada pero la mente compone una idea de un YO que no coincide con ella. En este caso, cuando la mente responde la pregunta ¿quién soy? no se queda conforme y no acepta el género que su cuerpo le indica y allí surge el conflicto, en el sujeto.

Los heterosexuales no han elegido serlo, tampoco los homosexuales lo han elegido, en tal caso, cada quien acepta, o no, lo que la Naturaleza y lo que su mente expresan; y cuando no hay coincidencia entre lo físico, lo emocional y lo mental se produce un conflicto en el mismo individuo, un conflicto de incongruencia (esto ocurre no solo en lo referente al género sino a todo lo que ocasione o en lo que este tipo de conflicto de incongruencia se funde).

Por esta razón, quienes han experimentado este conflicto de identidad de género, primero en ellos mismos, luego en su ámbito familiar y luego en la sociedad, no deberían exportar este conflicto y darle así mayor magnitud de la que debería tener, pues no son los religiosos o los conservadores u otros los que rechazan las identidades de género no heterosexuales, sino que es la misma Naturaleza la que rechaza, primero en el mismo sujeto, todo lo que está en conflicto con ella, todo lo que no se ajusta a su interés.

Las “Marchas de orgullo” son una clara y contundente provocación con anhelo de revancha hacia un enemigo invisible, pues ese “enemigo” es la misma naturaleza… son éstas una clara expresión de intolerancia y discriminación pues manifiestan la incongruencia entre lo que la naturaleza expresa y lo que la mente del sujeto determina que es y que no es…

Cualquier intento de las minorías que se sienten rechazadas o marginadas por las mayorías conservadoras, las que responden sencillamente al impulso natural y se identifican con éste, debería estar dirigido no a oponerse a quienes las rechazan, ni a ostentar su libre elección (que nada tiene de libre) como un triunfo…sino, más bien, deberían trabajar en la educación inclusiva en la comprensión de su circunstancia y en la aceptación del Orden Natural que se manifiesta en todos, comprendiendo que el conflicto inicia en la individualidad y no entre el individuo y la sociedad… y que la sociedad es un conjunto de individualidades cada una expresando su adhesión o rechazo a lo que la naturaleza determina en todos por igual: sobrevivir, reproducirnos y ganar un lugar en la manada (jerarquía, reconocimiento, logros…)

La incongruencia entre lo que la naturaleza demanda y lo que la mente construye o juzga no es exclusiva del ámbito sexual o de género, sino que está presente en todos los aspectos del hombre…

Las “marchas de orgullo” de la comunidad no heterosexual, tienen tanto sentido como puede tenerlo la “marcha del orgullo de ser humano”, o de ser hombre o de ser trigueño, blanco o negro… condiciones que no son mérito del que se siente orgulloso… no es un triunfo aceptar tus particularidades, y si lo es, será un triunfo pero en una competencia exclusivamente personal….

Acaso has visto marchas del orgullo de ser flacos o de ser gordos? El gordo, para ser flaco debe ganar una ´”batalla” que se da en él mismo aunque otros tengan parte en sus patrones y cuestiones emocionales… Todo comienza y termina en uno mismo siempre, en la IDEA DEL YO, en la respuesta que eres capaz de elaborar cuando te preguntas ¿quién soy?…

Cada vez que elegimos un camino que no obedece a la demanda que la naturaleza hace sobre nosotros, a través del instinto, a través de la educación y costumbres sociales, debemos comprender que cargaremos con rechazo y desaprobación y, sobre todo, decepcionaremos a más de uno, sobre todo a quienes nos quieren y tienen expectativas según su juicio, a quienes queremos, y eso nos dolerá… Pero no hagamos de ese dolor y de esa carga la excusa de nuestra separación, aceptemos la cruz, es lo que nos toca es lo que vinimos a experimentar, y es lo que nos eleva… aceptando quien soy a pesar de todo lo que ello implique, es como debemos andar el Camino…

¿Acaso, aquel hombre, Jesús, quien aceptó su destino y misión, no debió cargar con su cruz, con el dolor y con la muerte? y teniendo el poder para evitarlo no lo hizo, tampoco culpo a otros sino que, más bien, perdono su ignorancia pues ellos expresaban una limitación natural y la voluntad de la naturaleza la cual no reconoce más allá de lo que le sirve a la supervivencia, a la reproducción y al poder y control sobre los recursos necesario para la supervivencia y la reproducción….

El Propósito común a todos y a cada uno es REGRESAR AL ESTADO DE UNIDAD CON EL TODO y CON TODO…. no lo olvidemos, recordémoslo en cada paso, en cada juicio y en cada decisión…

Quien quiera oír, que oiga…

Saludos
Nicolás Fernando Niglia Verdino 

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Tensión en la pareja, odio de género…

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Es lamentablemente cada vez más claro el odio que existe entre hombres y mujeres, un odio solapado, subyacente y muy bien disimulado. Por qué el odio y por qué disimulado o no asumido? Pues, el origen del odio de género está basado en un aspecto fundamental, la necesidad que un genero tiene del otro para cumplir uno de los principales mandatos que la naturaleza impone sin exclusión: la reproducción.
Como criaturas que somos, cargamos la obligación que se ha impreso en nosotros a condición de vida o muerte. Cumplir los mandatos que la naturaleza humana animal impone es cosa de vida o muerte y cuando dependemos de otro para cumplir esta obligación sentimos que el derecho a la vida está en manos del otro y no en nuestras manos.
Es que para cumplir, por ejemplo este proposito fundamental, de reproducción, necesitamos una pareja. Es como esas carreras de a dos, donde gana el equipo y pierde el equipo, entonces, no sirve tanto lo que tu hagas si acaso el otro no responde de igual manera y con la misma intensidad, pues ambos sienten que pierden pues ambos incumplen, fracasan en el cumplimiento de esta obligación natural.
Entonces intentamos controlar al otro y la situación a fin de neutralizar cualquier amenaza que derive en el incumplimiento de tal obligación y en la sensación de pérdida de derecho a la vida (que es lo que el mismo mecanismos animal nos indica cuando incumplimos las demandas del instinto).
Si el control es posible o, mientras creemos que controlamos, entonces las alarmas están desactivadas y los mecanismos de persuasión con los que el mismo instinto cuenta para desarticular cualquier desobediencia, como el miedo, la culpa, el dolor, etc. también están apagados y tenemos ese omento de paz…
Pero, si acaso desaparece esa creencia o percepción de que tenemos el control sobre el otro, entonces, se encienden los mecanismos de persuasión y entramos en un estado de tensión, miedo y culpa que desgasta y deprime a la pareja… llevándonos a la mutua acusación por el fracaso ante la vida…
Comprendamos el mecanismo para liberarnos del mecanismos animal… éste nos obliga a cumplir o a morir, así lo siente el animal, el humano, el perro, el caballo y el loro… por eso la competencia permanente en todo y por todo… y, cuando perdemos, no solo perdemos lo obtenido, la pareja, la relación, al otro, sino que perdemos el derecho a la existencia según nos lo hace saber “la vida” a través de los programas del instinto… y allí nos deprimimos… Odiamos al que necesitamos y no podemos controlar, pues al no poder controlarlo tenemos miedo de que no cumpla su parte y nos impida cumplir la nuestra, pues, una pareja se hace de a dos…
El hombre siente la carga de su obligación de macho, proveedor, reproductor y protector.., y tratará de controlar todas las variables en juego y de neutralizar todas las amenazas a su condición y así vive estresado y en estado de beligerancia permanente…. A cambio de proveer y proteger, el macho reclama control sobre su hembra y así neutraliza toda posibilidad de que su hembra lo abandone, lo contradiga y resulte en una amenaza que el impida cumplir su rol no de macho sino de reproductor, tal cual le exige la naturaleza.
Con la hembra sucede igual, ésta necesita al macho pero no solo para concebir la vida en su vientre sino que reclamará del macho protección, provisión… de no contar con ello, la hembra siente que incumple con su compromiso pues su compromiso con la vida está en manos nos solo de ella sino también del macho, su pareja… por lo menos hasta que la cría se emancipa. El macho que incumple su rol de proveedor y protector pierde derecho sobre la hembra y su cría, pues no aporta su parte en su compromiso con la naturaleza terrenal y la hembra, impulsada por la misma naturaleza que le quita el derecho al macho, lo expulsará y lo reemplazará por otro que cumpla pues la hembra lo necesita para cumplir ella su parte pues esta obligación vincula siempre a dos.
Este comportamiento animal es común a muchas especies dentro de las cuales estamos nosotros. Pero no somos solo animales, no somos solo ese mecanismo automático y salvaje.. Pero, mientras vivamos en la plena identificación con la bestia que somos por principio y origen terrenal, no prosperaremos en nada más allá que este comportamiento mecanismo y primitivo, condenándonos al odio de género, al estado de control de uno sobre el otro, o bien a la lucha y beligerancia.
La necesidad del otro y la falta del control sobre el otro nos produce miedo, ese miedo a que el otro nos incumple y así nos condene a incumplir con al vida, nos hace odiarlo, produce un sentimiento negativo en nosotros, de competencia y lucha permanente… no hay amor… claro que no…
Vivimos así en una negociación permanente, en un acuerdo de partes, matrimonios basados en la conveniencia de cada uno en cuanto a evitar el fracaso y asumir el incumplimiento… suelde decirse “no seré feliz, pero tengo marido”… es decir, cumplo mi obligación con la vida aunque esto me pese pues más me pesaría la sensación de no tener derecho a la vida pues eso sería como la misma muerte..
Estamos atrapados en el mecanismo animal, y creemos que somos libres! no podemos aspirar a nada mejor a la suerte que el cabe al salvaje si acaso vivimos así, como salvajes, siendo solo mecanismos inconscientes….y es eso lo que somos…
Liberar al matrimonio de la carga que el cumplimiento de la obligación que la misma naturaleza impone es fundamental para evitar el odio. Ponerse en “los zapatos” del otro es indispensable y es el verdadero acto de amor… si no entendemos los hombres cómo sienten las mujeres esta obligación que su naturaleza les impone y si las mujeres no entienden lo que el hombre siente por obligación natural.. si no entendemos por qué el otro necesita controlarme, a qué le teme… si no entendemos, si no nos ponemos en el lugar del otro..no habrá amor sino solo odio…
El odio que siente el esclavo hacia su amo, el odio que siente el condenado a quien lo condenó, el odio que siente el traicionado al traidor, el robado a su ladrón…. el odio que siente la presa a su depredador… la necesidad del otro y la imposibilidad de controlarlo nos conduce al miedo al incumplimiento, es decir, al miedo a la muerte… y, según está programado en nosotros, como en todo animal, haremos cualquier cosa para evitar la muerte, aún si fuera necesario, matar.
Liberate del animal, comprende tu mecanismo,enciende la Luz e ilumina las sombras y deja de actuar como hembra o como macho… eres mucho más que eso…
Saludos, Nicolás Fernando Niglia Verdino

Mujeres que viven a la sombra de su marido, atrapadas en la dependencia.

Si eres de esas mujeres que viven a la sombra de su marido… esclavas del temor y de la culpa, que se excusan en su dependencia, en sus obligaciones de esposa y de madre para no Ser y evitan así la incomodidad que representa el salirse de su rutina, el hacerse cargo de sus decisiones, el salirse del confort que una vida acomodada, aunque nada satisfactoria en su esencia, les otorga, entonces, debes leer esto…
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El Despertar de Consciencia representa una verdadera revolución en la vida de las personas, pero en este caso me concentraré particularmente en la vida de las mujeres casadas, con hijos, las que viven en el confort de la protección y provisión que el marido y que el hecho de estar casadas les otorga. Mujeres presas de la culpa y del miedo y, sobre todo, de la dependencia que tienen no tanto del hombre que ostenta el cargo de marido sino de la figura del marido, figura que por cultura y por costumbre resulta indispensable en la vida de este tipo de mujeres.
A ti te hablo, a ti que vives dos vidas paralelas y no me refiero a los amantes que puedas tener, sino a la vida que muestras y que ostentas ante los demás y a la vida que dentro de ti se marchita día a día conforme la otra vida, la pública, avanza y gana terreno en tus decisiones.
No hay despertar de consciencia, no hay expresión plena del Ser, no hay Vida sino vives, si no eres y, mientras insistas en la conveniencia de ostentar y sostener una vida aceptable y reconfortante en cuanto a que no provoca culpas y te mantiene a salvo de ser señalada, mientras continúes en esa actitud servil del miedo y de la culpa, marchitas la vida y te marchitas a ti misma; y, dime,¿ cómo crees que se ve una planta que se está secando, cómo crees que se percibe una flor marchita, sin brillo? así te ven quienes tienen ojos para ver…
Hablas de amor incondicional, hablas de Espíritu, hablas de la Verdad… y buscas todo esto en terapias y técnicas novedosas y por cierto muy costosas… buscas magia, un poder externo que te libere de ti misma, de tus miedos y costumbres, de tus culpas… pero, ¿eres coherente con lo que hablas, con lo que decides a diario? ¿es amor lo que sientes, es amor lo que te vincula a ese hombre, o es la necesidad de lo que te provee, de la imagen que has construido y sostienes junto a él, de la seguridad que consigues al ser esposa y estar “bien casada”? y si es así, debes saber que no habrá magia que te libere de ti misma, lo único que te libera es la Verdad o la muerte.
Podrás engañar a muchos, pero ¿sabes? A tu corazón no lo engañas y por ello se marchita la vida, y por eso vas de un gurú a otro, de una enfermedad a otra, de un problema a otro, pues no enfrentas tu único y real problema que es la falta de amor en ti… pues no te amas mujer! No te respetas y dices, “no romperé una familia, no dejaré a mis hijos sin padre, no seré yo a quien todos acusarán por haber roto esta familia”… en este falso sacrifico te escondes… en otras palabras, lo que estás diciendo es: “tengo miedo a ser acusada, tengo miedo a que me culpen por el dolor que mi decisión pueda causar, tengo miedo de mi misma, de ser quien sería si acaso no tuviera miedo y si no me doliera la culpa”… no hay sacrifico ni heroísmo en ello…
El Despertar de Consciencia comienza por soltar todos los condicionamientos que nos impiden SER, soltar los apegos, y no me refiero a los apegos hacia las cosas, a la camioneta bonita, a la casa grande, a los gastos acostumbrados, a los viajes a la playa, soltar los apegos implica algo más profundo y comprometido con la Verdad y con la Vida, significa soltar al personaje que has interpretado hasta ahora y comenzar a vivir desde quien eres, desde lo que sientes en realidad y tal cual lo sientes.
Tus hijos copian lo miso que hay en ti, tus comportamientos son la enseñanza que les estás dando, no tus consejos! Tus hijas buscarán en el matrimonio lo mismo que tú has buscado, tus hijos buscarán en sus esposas lo mismo que tu das a tu marido… ¿es esto lo que quieres enseñarles, es esto lo que quieres transmitirles? Pues, te diré, de esto sí eres responsable, de lo que transmites a tus hijos, de lo que haces con tu vida eres la única responsable, te culpen o no, te señalen o no, eres responsable de lo que haces y de lo que no haces con lo que eres.
Sin darte cuenta has llegado a esta situación de dependencia y de esclavitud, estas enredada en una trampa que no has visto antes pues, ¿quién se casa sabiendo lo que será su matrimonio? Nadie. Cuando te has casado no sabías lo que sería, claro, tenías una idea un anhelo, una necesidad que satisfacer y te has embarcado en esta aventura siguiendo esa idea pero, hoy descubres que tus expectativas no se han cumplido y eso no está mal, pues lo normal es que no se cumplan, pues tus expectativas surgen de una visión limitada de lo que la vida es y de lo que debería ser, limitada por la inmadurez, por la inexperiencia y por la misma naturaleza humana.
Lo que sí está mal es que hoy, sabiendo lo que sabes hagas de cuenta que no lo sabes, que no pasa nada… cuando sabes que pasa y mucho! Eres responsable de tu vida, tu vida es una semilla que te han dado para que cuides y hagas germinar y para que una vez germinada de sus frutos y que éstos sean frutos buenos, que alimenten la vida de tus hijos y de todos.
Piensa: ¿quisieras que tu hija, a tu edad, esté en la misma situación que tu estas ahora? ¿Quisieras que tu hijo tenga con su esposa la misma relación que tu marido tiene contigo? Por un momento piensa que eres la esposa de tu hijo, ¿cómo quisieras que ella actúe con su marido, que es tu hijo? pues hazlo! Has con tu marido lo que quisieras que la esposa de tu hijo hiciera con él si acaso sintiera lo que tu sientes hoy… Lo que haces es lo que ellos reciben y no tus consejos! entonces tu hijo esperará de su esposa lo que tu has enseñado como esposa… tu hija será con su marido tal cual ha visto en tí.
Los matrimonios han degenerado en meros acuerdos de convivencia y de conveniencia económica y social (de estatus), donde ambos se han acostumbrado el uno al otro, donde se desprecian pero sienten a la vez determinada empatía pues, te diré, todo ser vivo en este planeta siente empatía con respecto al medio sustentador, a los padres, al líder, a quien le resuelve una necesidad elemental de supervivencia. Lo que te une a tu marido, cuando lo necesitas, no es amor, no hay amor cuando hay condicionamiento, lo que te une es la empatía que todo animal siente por aquel que le provee la sustentabilidad indispensable para existir en el mundo en un grupo social, etc.
Has hecho de tu marido una necesidad, necesitas ser esposa y ser vista como una esposa normal y buena, necesitas ser aceptado porque necesitas de quienes te aceptan para poder aceptarte pues has anulado tu idea, has dejado de escucharte y en cambio escuchas voces ajenas. Te has negado y por eso la vida se ha ido marchitando en ti, y por eso debes esforzarte en buscar soluciones alternativas, terapias, estímulos, entretenimientos que te distraigan y te sirvan de escape.
Pero, no te confundas, no es tu marido el problema, sino tu y tu insistencia en que él tome la decisión y claro, sería él el culpable y no tu… quieres encontrarlo in fraganti en el error para, entonces, tener una causa justa sobre la cual basar tu decisión de ser libre pero, el error de tu marido no es exclusivo de él y por ello no es suficiente causa y por ello te obligas a aceptarlo y a convivir con “sus errores”, pues todas las esposas así lo hacen… te has acostumbrado a ser “la esposa de…” y te has olvidado de ser tu… eso es negación, eso es desprecio, eso es desamor… y, tal cual dijo Jesús el Cristo: “si no hay amor en tí, pues no hay nada”…
Mientras te empecinas en sostener el personaje que interpretas y mientras disfrutas de los beneficios de ello… la vida se marchita, como una planta a la que ya no riegan, las hojas se apocan y se secan… Te miras al espejo y te preguntas “¿qué he hecho con mi vida?”, pero el miedo y la culpa te acobardan y la comodidad en la que vives no ayuda… Te das cuenta entonces que estas atrapada… que no tienes vida, que no eres sino la sombra de un personaje que has creado.
¿Quieres Despertar la Consciencia, quieres sentirte viva? Pues vive! Siente la vida según tú la percibes, toma decisiones ya no como consecuencia de lo que otros hacen o no hacen, sino como consecuencia directa de lo que tu sientes que la vida es y debe ser… si tú no te comprometes contigo misma, con tu percepción y sentir, nadie lo hará por ti… y si no enseñas compromiso con la Vida, con la Verdad, con el Amor… ¿qué es lo que estás enseñando entonces?
Digas lo que digas, vayas a los cursos y talleres que vayas y aun cuando completes de diplomas tu muro, si no honras la vida, si no fluyes con la vida y la vida en ti, si no te respetas y no te comprometes con lo que eres… si no hay amor en tí! pues no habrás hecho nada nuevo y nada cambiará tu vida… seguirás atrapada en el personaje, marchitando al actor que vive en tu esencia… estarás cada vez más ausente de ti misma, serás la imagen y semejanza de tus miedos y culpas y menos tu…
Comienza por el principio, comienza por donde todo en tu vida comienza, por ti! Mientras seas esclava del personaje, no habrá nada nuevo ni bueno ni trascendental en tu vida… Tú eres la responsable de lo que te pasa, tú eres la responsable de lo que es hoy tu vida… tú eres la única que puede cambiarlo! ¿Quieres una vida plena, de paz, amor y armonía?, pues, entonces, sé digna de ello… siembra lo que deseas cosechar… libérate de los miedos y de las culpas pues ese es un pensamiento egocéntrico, pues piensas solo en ti, en tu miedo, en tu culpa… eso no es amar ni a tus hijos ni a tu marido ni a la vida…se honesta, se sincera, se coherente contigo misma primero.
Honra la vida, cada día, mira a los ojos y di lo que sientes, actúa con honorabilidad, con impecabilidad y será esta tu mejor técnica y el más efectivo de los métodos de sanación, de iluminación y de Espiritualidad… todo lo demás no servirá en tanto que no seas coherente y sincera… Esto no quiere decir que debes divorciarte, sino que debes ser tu y darle a tu marido la oportunidad de que te conozca realmente como eres y quien eres y que él decida si eres tu con quien desea estar… pues, nadie quiere cargar con nadie, nadie quiere ser la solución de la necesidad de nadie sino que todos queremos ser amados y amar sin condición… enseña a amar amando, pero si hay culpa, si hay miedo a perder o a que te quiten, no hay amor y no es el amor el protagonista en tu vida, entonces, ¿qué estas dando, qué estas enseñando?
Toma esto como una oportunidad de verte de otra manera, como un estímulo para comenzar hoy una nueva vida, de recuperar la senda hacia la plenitud! Toma esta incomodidad que tal vez esta nota te provoque, no para hacer de esto o de mi tu enemigo, sino más bien para que sea esto tu mejor aliado, pues la Verdad es siempre el mejor aliado y cuando la Verdad es tu enemigo, tu verdadero enemigo eres tú.
Saludos, Nicolás Niglia

Historia de un matrimonio, como tantos…

<<< Un hombre común, educado como la mayoría de los hombres occidentales, es decir, como proveedor y protector de su familia, se casó con una mujer educada bajo la misma cultura, es decir, principalmente como responsable de la casa (ama de casa), como responsable del cuidado de los niños (madre) y así vivieron, él pasando la mayor parte del día fuera de su casa, ella todo el tiempo atendiendo cosas de la casa, de los niños y tratando de mantenerse atractiva para su marido y para ella misma.

La vida transcurría normal, lo que les habían inculcado a ambos parecía funcionar bien hasta que cambios políticos y económicos en el país hicieron que él perdiera su empleo; pero no solo su empleo sino que toda la industria en la que él trabajaba estaba quebrada por lo que no había otra empresa parecida a la suya en la que él podría conseguir empleo, debía re ingeniarse, comenzar de cero.

Esta circunstancia le impidió al hombre cumplir su función de proveedor y protector, de hombre, según había sido educado. Pero no afectó solo al hombre sino que esta limitación económica también le impedía a su mujer cumplir el rol de ama de casa y de madre pues debieron privarse de muchas cosas a las que estaban acostumbrados y que consideraban esenciales. Ella culpó a su marido por impedirle cumplir su rol de mujer y madre, pues según la habían educado, la mujer dependía del protector y proveedor (del marido) por lo que el hombre que no provee ni protege incumple su obligación de tal perdiendo así sus derechos (no jurídicos) como marido y como padre…

La relación conyugal comenzó a deteriorarse, la mujer consiguió un empleo y, si bien no cubría el dinero que su marido aportaba antes de perder el empleo, cubría los gastos elementales de vida de ella y de sus hijos. La mujer no necesitaba a su marido, y no solo no aportaba sino que consumía… entonces comenzó a despreciarlo, lo sentía un estorbo pues, no cumplía su rol y ocupaba el lugar de otro quien podría cumplir el rol que aquel incumplía.

El hombre buscó las maneras de ponerse al día con sus obligaciones, itineraba de un empleo a otro tratando de regresar al nivel de vida anterior, antes de quedarse sin su empleo original. Pero no era la mujer la única que lo despreciaba, él mismo sentía vergüenza y desprecio de sí mismo por no ser útil a su rol. Él mismo se sentía indigno de comer la cena que su mujer servía, esto lo enfurecía, y lo angustiaba profundamente.

La mujer no era “mala”, como ella le decía a sus amigas, con esa actitud agresiva lo que ella quería era “pincharlo” para que su marido reaccionara o bien para que se fuera de la casa… su mujer, actuando como hembra tal cual la habían educado, intentaba estimular al macho, provocando su ira, su enojo. Tal vez, en algunos casos esto funcione pero el final es lamentable para ambos pues al hombre no le sirve ser macho ni a la mujer ser hembra, eso es cosa de animales.

La situación en el país no cambiaba y el hombre seguía itinerando de un empleo al otro, agobiado por la culpa y el miedo, buscó refugio en el alcohol, la vergüenza que sentía cada vez que regresaba a su casa era una tortura que lastimaba sin matarlo, el hombre vivía una larga agonía y no soltaba a su familia pues eso implicaba incumplir, además, como padre de sus hijos al quitarles su presencia y compañía. No miraba a su mujer a los ojos pues sentía vergüenza y rabia no solo por lo que le pasaba a él sino por la incomprensión de su mujer. Pero él tampoco la entendía, tampoco comprendía que ella actuaba bajo el mismo criterio por el cual él sentía las mismas emociones solo que, el que estaba en falta era él y no ella (según la educación que ambos recibieron).

La mujer reaccionó violenta cuando su marido llegó a la casa envuelto en una nube de olor a vino. Lo echó de su cuarto y éste se fue a dormir al cuarto de su hijo pequeño. Sentía cada vez más vergüenza y enojo con su esposa, y su esposa con él y cada uno consigo mismo. El odio comenzó a instalarse, cada uno culpaba al otro de su desdicha. Perdieron todo respeto uno del otro, ella pronto consiguió otro hombre, su jefe, quien ella confesó a su marido en una discusión de las de cada noche “él sí es un hombre de verdad, capaz de mantener una familia”. Entonces, él decidió irse de su casa, pidió un lugar transitorio a un amigo donde dormir una noches mientras buscaba algo definitivo, dejo de ver a sus hijos, sentía vergüenza también ante ellos… se fue de su pueblo, inició otra vida, cambió su apodo y su imagen… él lleva una herida abierta en su corazón, una culpa grande como una casa… por más que sonría, ha perdido la alegría….

Ella jamás lo perdonó, trató de olvidarlo y de quitarlo de la mente de sus hijos, decía a sus amigas “es un mal ejemplo como padre y como hombre”… se casó con el que era su jefe, dejo de trabajar, recuperó el orden que había perdido en su casa, tenía ahora un macho proveedor y protector que cumplía al detalle con la idea que le habían inculcado de lo que debía ser un hombre.>>>

¿Quién actuó mal y quién actuó bien?, ¿de quién es la culpa de tan profunda incomunicación e incomprensión entre ambos? ¿Por qué la mujer no es capaz de comprender las razones de su marido, por qué el marido se hundió en su vergüenza e indignidad?

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Sin dudas, ninguno de los dos actuó mal, ambos se esforzaron por actuar el personaje que les toca por cultura y costumbre. Ambos, esclavos de las ideas inculcadas e incapaces de construir nuevas ideas conforme las circunstancias cambian, ambos en su rigidez se han quebrado, han quebrado la relación como se quiebra lo que no es flexible y capaz de absorber los movimientos de la vida…

Esto es el mundo!, una estructura de ideas rígidas que quiebra las voluntades, que rompe los ligamentos sociales, comenzando por la familia, para hacer de las personas esclavos mercantilistas, dependientes del dinero… Este mundo ha endurecido los corazones pues a los corazones abiertos los lastima y los condena a un tormento cotidiano que enferma y lastima, pero no mata.

Vencer al mundo no es combatiéndolo con sus armas… con el odio, con la lucha y la insensibilidad, Vencer al mundo es abrir los corazones! Tengamos la flexibilidad para re construir ideas conforme las circunstancias cambian, prevaleciendo siempre lo importante antes que lo urgente. El otro tiene sus razones para actuar como actúa… seamos con el otro tan tolerantes como lo somos con nosotros mismos, amemos al otro como a nosotros mismos y seremos dignos de ser amados y de cosechar amor.

Saludos, Nicolás Niglia